miércoles, 20 de agosto de 2025

Dos ánimas de copas en Villa Gesell

 

 

Cuadro: Fernando Botero - La Celestina en arsty.net


Por JaBond

 

Las historias de fantasmas suelen estar atravesadas por hechos trágicos donde personas desdichadas o malignas no pueden irse al otro mundo. Ya sea el cielo o el infierno quedan vagando en el mundo de los vivos buscando alguna cuenta pendiente o peor por algún demonio que los aprisiona y los usa para obtener a sus víctimas.

Sin embargo, aunque menos frecuente, suelen encontrarse fantasmas que pululan entre el mundo de los vivos y los muertos sin malicia o alguna cuenta pendiente sino porque simplemente porque pueden hacerlo, para jugarle alguna broma algún transeúnte o simplemente porque no distinguen entre un mundo y otro.

Esta ultima, es una de esas historias que le ocurrió a unos 4 amigos en una noche de verano en Villa Gesell haya hace mucho tiempo, cuando no había celulares inteligentes ni GPS como hay hoy en día.

                Ellos habían conocido unas chicas en la playa y estas los habían invitado a una fiesta que hacían en su casa. Al anochecer, se prepararon, tomaron algún agua ardiente y encaminaron por la calle principal continuando el número de las calles hacia su destino. El mismo, parecía lejano pero la esperanza de la fiesta hacia que valiera la pena.

El desconocimiento del destino era tal, que poco a poco las casas altas iban quedando atrás y las calles se oscurecían entre alumbrados que iluminaban solo debajo de sus postes dejando alrededor una oscuridad que hacia lugar a la imaginación. La noche estaba tranquila, no había luna y se escuchaba una música de ranas y grillos en el ambiente. De repente, la ruta se hacia confusa, una serie de rotondas iban cambiando el nombre y se perdía la numeración, además la oscuridad no permitía ver con claridad las vueltas de las esquinas.

                Nos habremos perdido dijo uno, no creo dijo otro, pero fíjense la numeración íbamos bien y de repente cambio el número, 102 -bis nunca había escuchado ese nombre. Probemos en la esquina haber si, si sigue el número. Vieron que no continuaba fueron a la otra calle, fueron y vinieron hasta que de repente salidas de la nada dos mujeres mayores vestidas de blanco, posiblemente con unas copas de más se cruzaron con los jóvenes.

                Ellos aprovecharon, se acercaron y les preguntaron, a las señoras, si conocían la dirección hacia donde se dirigían. Las damas, con una paciencia y una tranquilidad absoluta, les dijeron si conocemos esa calle es por aquella cuadra, continúen unos metros y luego doblan allí encontrarán su camino.

                Los jóvenes contentos, le agradecieron a las señoras y encararon hacia donde les habían indicado, caminaron un rato y nuevamente unas rotondas de numeración confusa, estaban perdidos otra vez y su caminata continuaba, ahora, en una calle oscura. De repente, salido de la nada, y coincidiendo cuando uno le daba una palmada en broma en la espalda a otro de los amigos, un chevi modelo 60, encendía las luces y hacia rugir el motor generando un salto en los cuatro amigos, el auto fantasma dijo uno, y luego entre risas preguntándose donde estaban continuaron la travesía. Estaremos perdidos dijo uno.

                Siguieron caminando hasta que se encontraron con un policía al cual le preguntaron por la dirección y les indico que era por la calle siguiente. Lo gracioso fue que la calle era un bosque, lo que los sorprendió, pero como no tenían nada que hacer y la noche era larga, emprendieron a ese camino. Estuvieron unos 15 minutos andando y para curiosidad de ellos se encontraron nuevamente con estas señoras de blanco con un tono fantasmal las cuales se acordaron de los amigos y les llamaron y preguntaron; y chicos encontraron la calle...

                Los jóvenes miraron a las señoras, ya pensando -estas, están mas perdidas que nosotros- le dijeron, si estamos en camino. Ahí fue cuando una de las mujeres de tono fantasmal les dijo me parece que es por aquella calle. Medio ofuscados porque pensaban que además de estar un poco pasadas de copas pensaron que les estaban tomando el pelo, decidieron de todas formas ir en esa dirección. Caminaron unos 10 minutos, ya estaban por abandonar la cruzada cuando de repente vieron un castillo. Un castillo, inmediatamente pensaron que alguno le puso algo a las bebidas y se hizo el distraído. Pero aún así se miraron, se rieron, y luego escucharon que las risas continuaban. No eran las de ellos, además se escuchaba música, caminaron unos metros hacia donde provenían los sonidos y vieron un cartel; era la calle indicada y era la fiesta. Allí se sumaron, medios desencajados porque eran unos desconocidos hasta que luego de un buen rato decidieron volver a casa.

                Con una borrachera bárbara, que sumaron, la verdad nunca recordaron bien como volvieron. Solamente, que empezaron a caminar de forma recta, saltaron una tranquera de un bosque y , de la nada, salieron a la calle principal que los llevo a su casa. Al llegar hicieron un poco de ruido, por la travesía, hasta que finalmente se durmieron.

                Al despertar, ya pasado el mediodía, se cambiaron y fueron a buscar algo para comer y para ir a la playa. Cuando iban caminando, se cruzaron con un puesto de diarios, al cual solían detenerse para chusmear rápidamente las revistas. Fue allí cuando uno dijo- uh miren loco-. Y los cuatro casi se caen sentados al piso cuando en la parte de atrás de un diario, en los obituarios, había una foto de dos señoras de blanco iguales a las que habían visto la noche anterior y donde se decía:

“En recuerdo de las distinguidas señoras Allegre     

queridas en el pueblo y conocidas por hacer festividades

y caridad para la comunidad de Villa Gesell”.

                Cuando se levantaron, con una risa nerviosa pero cómplice, los cuatro casi a unísono dijeron -bueno se ve que en el más allá siguen de fiesta-. Y así, riéndose, continuaron hacia la playa, y bueno la fiesta mostro que no hubo onda con las chicas, pero en el camino dejo una divertida aventura con estos simpáticos fantasmas que siguen rondando en la Villa.

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