Cuadro: Fernando Botero - La Celestina en arsty.net
Por JaBond
Las historias de
fantasmas suelen estar atravesadas por hechos trágicos donde personas
desdichadas o malignas no pueden irse al otro mundo. Ya sea el cielo o el infierno
quedan vagando en el mundo de los vivos buscando alguna cuenta pendiente o peor
por algún demonio que los aprisiona y los usa para obtener a sus víctimas.
Sin embargo,
aunque menos frecuente, suelen encontrarse fantasmas que pululan entre el mundo
de los vivos y los muertos sin malicia o alguna cuenta pendiente sino porque simplemente
porque pueden hacerlo, para jugarle alguna broma algún transeúnte o simplemente
porque no distinguen entre un mundo y otro.
Esta ultima, es una de
esas historias que le ocurrió a unos 4 amigos en una noche de verano en Villa
Gesell haya hace mucho tiempo, cuando no había celulares inteligentes ni GPS
como hay hoy en día.
Ellos habían conocido unas chicas en la playa y estas
los habían invitado a una fiesta que hacían en su casa. Al anochecer, se
prepararon, tomaron algún agua ardiente y encaminaron por la calle principal continuando
el número de las calles hacia su destino. El mismo, parecía lejano pero la
esperanza de la fiesta hacia que valiera la pena.
El desconocimiento
del destino era tal, que poco a poco las casas altas iban quedando atrás y las
calles se oscurecían entre alumbrados que iluminaban solo debajo de sus postes
dejando alrededor una oscuridad que hacia lugar a la imaginación. La noche
estaba tranquila, no había luna y se escuchaba una música de ranas y grillos en
el ambiente. De repente, la ruta se hacia confusa, una serie de rotondas iban
cambiando el nombre y se perdía la numeración, además la oscuridad no permitía
ver con claridad las vueltas de las esquinas.
Nos habremos perdido dijo uno, no creo dijo otro,
pero fíjense la numeración íbamos bien y de repente cambio el número, 102 -bis
nunca había escuchado ese nombre. Probemos en la esquina haber si, si sigue el número.
Vieron que no continuaba fueron a la otra calle, fueron y vinieron hasta que de
repente salidas de la nada dos mujeres mayores vestidas de blanco, posiblemente
con unas copas de más se cruzaron con los jóvenes.
Ellos aprovecharon, se acercaron y les preguntaron, a
las señoras, si conocían la dirección hacia donde se dirigían. Las damas, con
una paciencia y una tranquilidad absoluta, les dijeron si conocemos esa calle
es por aquella cuadra, continúen unos metros y luego doblan allí encontrarán su
camino.
Los jóvenes contentos, le agradecieron a las señoras
y encararon hacia donde les habían indicado, caminaron un rato y nuevamente
unas rotondas de numeración confusa, estaban perdidos otra vez y su caminata
continuaba, ahora, en una calle oscura. De repente, salido de la nada, y
coincidiendo cuando uno le daba una palmada en broma en la espalda a otro de
los amigos, un chevi modelo 60, encendía las luces y hacia rugir el motor
generando un salto en los cuatro amigos, el auto fantasma dijo uno, y luego
entre risas preguntándose donde estaban continuaron la travesía. Estaremos
perdidos dijo uno.
Siguieron caminando hasta que se encontraron con un policía
al cual le preguntaron por la dirección y les indico que era por la calle
siguiente. Lo gracioso fue que la calle era un bosque, lo que los sorprendió,
pero como no tenían nada que hacer y la noche era larga, emprendieron a ese
camino. Estuvieron unos 15 minutos andando y para curiosidad de ellos se
encontraron nuevamente con estas señoras de blanco con un tono fantasmal las
cuales se acordaron de los amigos y les llamaron y preguntaron; y chicos
encontraron la calle...
Los jóvenes miraron a las señoras, ya pensando
-estas, están mas perdidas que nosotros- le dijeron, si estamos en camino. Ahí
fue cuando una de las mujeres de tono fantasmal les dijo me parece que es por
aquella calle. Medio ofuscados porque pensaban que además de estar un poco
pasadas de copas pensaron que les estaban tomando el pelo, decidieron de todas
formas ir en esa dirección. Caminaron unos 10 minutos, ya estaban por abandonar
la cruzada cuando de repente vieron un castillo. Un castillo, inmediatamente pensaron
que alguno le puso algo a las bebidas y se hizo el distraído. Pero aún así se
miraron, se rieron, y luego escucharon que las risas continuaban. No eran las
de ellos, además se escuchaba música, caminaron unos metros hacia donde provenían
los sonidos y vieron un cartel; era la calle indicada y era la fiesta. Allí se
sumaron, medios desencajados porque eran unos desconocidos hasta que luego de
un buen rato decidieron volver a casa.
Con una borrachera bárbara, que sumaron, la verdad
nunca recordaron bien como volvieron. Solamente, que empezaron a caminar de
forma recta, saltaron una tranquera de un bosque y , de la nada, salieron a la
calle principal que los llevo a su casa. Al llegar hicieron un poco de ruido,
por la travesía, hasta que finalmente se durmieron.
Al despertar, ya pasado el mediodía, se cambiaron y
fueron a buscar algo para comer y para ir a la playa. Cuando iban caminando, se
cruzaron con un puesto de diarios, al cual solían detenerse para chusmear rápidamente
las revistas. Fue allí cuando uno dijo- uh miren loco-. Y los cuatro casi se
caen sentados al piso cuando en la parte de atrás de un diario, en los obituarios,
había una foto de dos señoras de blanco iguales a las que habían visto la noche
anterior y donde se decía:
“En recuerdo de las distinguidas señoras Allegre
queridas en el pueblo y conocidas por hacer festividades
y caridad para la comunidad de Villa Gesell”.
Cuando se levantaron, con una risa nerviosa pero cómplice,
los cuatro casi a unísono dijeron -bueno se ve que en el más allá siguen de
fiesta-. Y así, riéndose, continuaron hacia la playa, y bueno la fiesta mostro
que no hubo onda con las chicas, pero en el camino dejo una divertida aventura
con estos simpáticos fantasmas que siguen rondando en la Villa.
IA
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