Por Angelica Bene
Querido diario:
Hace
dos semanas que Ignacio regreso a su pueblo en la provincia. Pensar que nuestro
amorío duró solo un mes y medio, pero pareció eterno, fue un sueño de amor romántico
como en las películas. Aunque, como todo sueño, había que despertar. Por dentro,
desde el comienzo, yo sabía que esto no iba a durar, incluso hubieron señales
que no quise ver o aceptar.
Pero no importa, prefiero haberlo vivido y no pertenecer a esa muchedumbre
de gente que viven su vida sin amar alguna vez, es decir vivir sin vivir.
Si bien estos días fueron duros y
con Romina nos bajamos varios tarros de helado y barras de chocolate, para
olvidar, creo que me haría bien hacer un viajecito el fin de semana. Cosa que
le propuse a Romina y ella no pudo ya que tenía que estudiar para los
parciales.
Será de dios, que ese mismo día, que Romi me dijo que no, me mandó un
mensaje Alejandra, que también se había separado y quería hacer algo para
despejarse, un viaje o algo así.
Luego del mensaje, la llame y nos pusimos a hablar. Me dijo que estaba con
la misma idea y que ella tenía una conocida que le alquilaba barato un
departamento en Mar del Plata.
Lo que inmediatamente lo percibí como el comienzo del fin de mi tristeza y
que todo iba regresando a la normalidad.
Aunque algo me decía que quizás no era tan buena idea ir con Alejandra en
especial por el tono dubitativo de la conversación previa al viaje. En la que
estuve una media hora repitiendo la misma secuencia de frases:
-ay si, vamos tengo ganas de ir para despejarme y olvidarme de Sebastián,
decía Alejandra. A lo que yo le respondía genial. Y luego ella me decía:
-ay no se, pero quizás es mucha
plata y además a ver si me llama. Yo respondía bueno si es mucha plata no
vayamos y ella empezaba – ay si, vamos…
Donde yo asentía para ir y ella lo negaba y luego lo afirmaba, durante esa
media hora.
Finalmente concretamos y así dos amigas heridas en sus corazones partíamos
ese finde largo a Mar del Plata a buscar esa paz que te la da el mar con sus
brisas y sus brumas, para recomponer nuestras almas.
Salimos de madrugada y llegamos al mediodía, el departamento era hermoso y
estaba re bien ubicado en el centro, cerca del casino y de los Lobos Marinos,
en una galería con el nombre de Tritán o algo así.
Entramos, nos pusimos a acomodar las cosas, y cuando estaba en la pieza
escucho el llanto desgarrador de Alejandra a lo que me asusté y fui corriendo.
Alejandra, estaba llorando y gritaba ¡¡¡Sebastián!!!!!¡Por qué me
dejaste??!! Ni que se hubiera muerto, pensé. Y me puse a consolarla con un
abrazo hasta que me dijo tengo hambre y le dije
-y si vamos a dar una vuelta y comemos algo-
-A lo que ella me dijo dale si vamos a comer algo- le respondí bueno y ella
me dijo –ay, pero y si mejor cocinamos a dentro y no gastamos plata. Le
respondí bueno esta bien vamos al supermercado y ella me dice – pero tengo
hambre ya- luego de estar cinco minutos decidí resolver y le dije- yo te invito-,
ya que estaba muerta de hambre, también y así fuimos a buscar algo para comer donde
yo sola llevaba plata y el celular.
Salimos de la galería, caminamos, y a unas cuadras había un parripollo donde
compramos unas milanesas con papas fritas, luego de tener nuevamente un debate
entre milanesas con papas fritas, pollo al spiedo o tira de asado en donde
resolví por las milanesas, ya harta de esa duda constante.
Al salir, será mi suerte o mi mala suerte, nos cruzamos con una
Tarotista¡Para queeee!!
Alejandra enceguecida dijo: esto es una señal y me pidió unos pesos para
que le leyera las cartas, cosa que le di ya que no era mucha plata, total me
los devolvía, y se hizo tirar las cartas.
La tarotista tira la primera carta y sale la muerte, a la cual le dijo que
en realidad no era que fallecía alguien si no que significaba algo que se terminó
o que podía terminar.
Luego tiro la segunda carta y saco el 2 de copas: la reconciliación. Ale se
pudo como loca. Si es una señal de mi Sebastián- gritó en plena calle.
Finalmente, la tercera carta: la estrella que era algo como una a vuelta al
amor pero que se lo podía llevar otra, o que se yo.
Lo que Alejandra lo entendió como la señal definitiva para recuperar a Sebastián
y la tarotista le ofreció un amarre a lo cual mi amiga me suplico para que le
hiciera una transferencia y compró el hechizo, con las velas, los sahumerios y
todos los chiches para recuperar a Sebastián.¡Ay amiga!!!
Volvimos el departamento con las milanesas, que ya se habían enfriado, y el
amarre.
Saqué la milanesa para comerla y Alejandra no prestó ni cinco de atención.
Se sentó en la mesa saco las velas,los sahumerios, los puchos y comenzó con le
había dicho la tarotista o lo que se acordaba.
¡¡Ay como odie a esa tarotista!!!
Estuve todo el día dentro del departamento, encerrada, viendo a Ale tratar
de hacer ese puto amarre, mientras fumaba sin parar y cada tanto gritaba un
¡¡¡Sebastián!!! para luego entrar en llanto. Hasta que nos fuimos a dormir.
Al día siguiente, al ver que la cosa iba parecida al día anterior, la logre
convencer de salir a pasear. Esta vez fuimos al casino y esta boluda de Ale se
empezó a gastar la plata en los tragamonedas. Donde mi esfuerzo por detenerla
casi hace que me echen del casino, pero logramos salir.
Aunque su impulso jugador se ve que pudo más en ella ya que fuimos a los
lobos marinos de la rambla y en el camino nos cruzamos con 6 kioskos y en cada
uno estaban esas maquinitas de las cuales sacás muñecos a la cual Alejandra
jugó en cada una y en cada una perdió.
El ultimo kisoco, fue el colmo ya que la maquina estaba apagada, hace
bastante y parecía no funcionar, y el kioskero, que estaba sentado en la
puerta, la encendió para ella, donde obviamente perdió plata. Faltaba que hubiera una caja que dijera
sáquele la plata a la pavota. ¡¡¡¡Amigaaaaa!!!!!
Después de eso volvimos al departamento. Donde nuevamente Alejandra comenzó
con su ritual de los puchos y del amarre que ya no era amarre si no de constelaciones
o vaya a saber uno.
Al día siguiente, me desperté y me di cuenta que algo pasaba ya que Ale no
estaba gritando ¡¡Sebastián!!!. Se había levantado temprano, había ido a
comprar unas facturas, preparado unos mates y me había devuelto la plata. Me dijo que quería cambiar el aire, a lo que
me sentí contenta, y que quería meterse en el mar.
¿en Agosto, pense?. Bueno ¿porque no? está un poco fresco, pero salió el
sol y quizás es como un baño espiritual o al menos mojamos los pies en el agua,
cosa que adoro.
Pero, Ale me dijo necesitamos unas mallas vamos comprarlas, yo conozco un
lugar y me tomo del brazo y partimos. Mira que Mar del Plata es grande y el
centro, donde esta la cafetería Boston con su glamur, tiene lugares de venta de
ropa de todos los precios y calidades. Pero Ale, se ve que quería algo
diferente porque caminamos como 20 cuadras para ir a un negocio de mallas que
era horrible, en el camino nos pidieron plata como 20 veces, para comprar unas
mallas viejas por dos mangos.
En el camino también nos compramos un vino, supuestamente para festejar por
la noche. Se ve que la ansiedad pudo mas porque fuimos al departamento y
mientras nos cambiábamos empezamos a hablar de nuestros amoríos y entre charla
y charla abrimos el vino y lo tomamos todo. Obviamente, después de tomarlo nos
quedamos dormidas. Cuando nos despertamos ya era de noche asi que nos quedamos
en casa y Ale volvió con sus llantos, por tal motivo me fui a dormir temprano.
Finalmente llego el ultimo día y la última noche,
a lo cual pensaba bueno vayamos a un bar o a bailar para conocer a alguien o
divertirnos, revolear la chancleta como dicen. A lo que Alejandra me dijo ¡ah
no! yo conseguí una cita. ¿una cita? Le dije. Y pensé en que momento conoció a
alguien ¿y Sebastián? con el llanto desgarrador, con el amarre ¿en que quedó?.
A lo que le pregunté de ¿quién se trata? Era con el quiosquero de la última
máquina de muñecos. Me quedé atónita.
Esa noche, ella se fue con el kiosquero y yo me quedé sola en el
departamento, aburrida esperando que sea mañana para volver a casa. Diciendo,
para adentro, ¡¡¡como no la vi antes!!!