Había
dado Circe al rey, su esposo,
veneno
sin razón, en que descubre
el
alma de su pecho cauteloso,
y
el sol, con ser tan claro, a Circe encubre;
que
la sombra de un hombre poderoso,
claro
en linaje, mil delitos cubre,
pues
muchas cosas de sufrirse duras
la
misma claridad las hace oscuras. Lope
de Vega
Por JaBond
Una
de las historias o mitos que circulan en Buenos Aires refieren a
la ceguera del célebre escritor Jorge Luis Borges. La cual, si bien se plantea como producto de una enfermedad hereditaria, acrecentada por el
paso del tiempo, algunas voces dicen que el verdadero motivo de la pérdida de su visión fue la lectura de una de
las 3 copias del llamado “Necronomicon”, mas conocido como el libro de
los muertos. Uno de los grimodios mas poderosos y
terribles que la humanidad haya conocido.
El
Necronomicon,
escrito por el árabe Abdul Alhazred, un manual conjuros,
recetas de alquimia, hechizos y de antiguas
invocaciones demoníacas que fue utilizado por distintas personas en búsqueda
de riqueza, fama, vanidad y poder. Cuya lectura en
muchos casos ha llevado a la locura, la muerte e incluso, como en este caso, la
ceguera.
Este
mito ha recorrido las calles de Buenos Aires de tal
manera que se acompaña a esta leyenda de que cuando Borges fue Director de la
biblioteca nacional incorporó, de su puño y letra, a su catálogo la
existencia del libro, pero, obviamente, figurando como prestado y nunca
devuelto.
Sin
embargo, si bien esta historia es conocida, poco se sabe de cómo llegó ese libro a la Argentina y a la biblioteca nacional
que por aquel entonces estaba ubicada por el barrio de San Telmo.
Esto se debe
en parte por que originalmente perteneció a la biblioteca de la
Facultad de Filosofía de la Universidad de
Nacional de Buenos Aires, cuyos edificios iniciales estaban muy cerca de la
Biblioteca nacional.
La
leyenda cuenta, que hacia fines del siglo XIX cuando las familias
de la floreciente oligarquía Argentina amasaban
fortunas a través del naciente modelo
agroexportador. Buscando asemejarse a la clases dominantes Europeas, notaron que por mas
que acumulasen fortunas, siempre quedaban varios escalones por debajo del poder de
aquellas elites europeas.
Ese
impedimento hizo que comenzaran a imitarlas en todo, siguiéndolas a cada rincón
del viejo y el nuevo mundo. En esa persecución, se
dieron cuenta que algunos de estos magnates se
reunían en determinado lugares de la ciudad
como bares, cafés, librerías, bibliotecas y negocios que
tenían distintas simbologías particulares como: dameros, compases y escuadras, obeliscos
egipcios, relojes de arena con alas,
llaves o gráficas con dibujos o frases extrañas.
Y
que además, participaban de reuniones
o fiestas muy exclusivas que se repetían en
Francia, Inglaterra y en EE.UU, principalmente
en Nueva York, a las cuales les estaba impedido incluso acercarse.
Al
observar el mapa de
todos estos lugares, entendieron que formaban parte de
algún tipo de red y comenzaron a hacer
hasta lo imposible para ser tenidos en cuenta, cosa que les era negada.
Un día,
descubrieron que esas redes eran algo más profundo, se trataba de sociedades
secretas que tenían un componente Kabalistico asociado a la numerología. De
forma tal, que se solían identificar con números como: 322 , 1, 45 o , la innombrable, la 666, entre
otras.
Develado el
misterio, con el objetivo firme en ser parte de aquellas elites se
interiorizaron sobre los valores y los ritos de cada una de las sociedades
secretas y, en una época donde con un buen capital se podía obtener objetos de dudosa procedencia desde cualquier parte del mundo, comenzaron a
comprar estatuas, papiros, muebles, libros e
incluso momias egipcias con tal de impresionar a aquella clase alta Europea. Pero
que aún así no tenía efecto.
Fue así que,
en la búsqueda de
algunos de estos objetos, apareció un vendedor
que decía venir del oriente y que juro que si
le pagaban 1 millón de libras esterlinas les traería un objeto que les permitiría ser aceptado por aquellas elites. Ese
objeto, se trataba de una de las copias del
Necronomicón.
Cómo era mucho dinero, aún
para ellos, fueron varias familias las que
juntaron el capital para comprar el libro y
para cerciorarse de que el escrito no sea una farsa a través de la contratación de
varios anticuarios expertos que dieran conformidad de su entrada a las elites de la Belle
Epoque.
Si bien al
principio pareció una obra sencilla se tardaron varios meses en la búsqueda del
preciado ejemplar. Hasta que, finalmente, el
traficante cumplió con el trato.
Luego
de demostrar que era una copia verdadera, curiosamente no quiso el dinero, solamente
pidió que se lo llevaran, para nunca más saber de aquella publicación.
Cuando
los miembros de la oligarquía Argentina tuvieron el libro,
notaron rápidamente que aquella historias que rodeaban al Necronomicon tenían algo de verdad. Ya que los millonarios Europeos comenzaron
a enviarles invitaciones a distintos encuentros, con una cordialidad nunca
vista.
Cordialidad,
que les hizo notar que el bien preciado podría también ser robado o quizás incautado por algún agente impositivo, como excusa
para quitárselo.
En
esa preocupación, con el objetivo de preservar el libro, se les ocurrió hacerlo pasar como un objeto de museo
perteneciente a la Universidad de Buenos Aires. De esta manera, no generarían sospecha
y además tendrían la protección diplomática, al ser un
objeto de carácter institucional.
Por este
motivo, hicieron una especie de donación a la Biblioteca de la UBA y siendo parte de una de las colecciones de la misma pudieron traerlo al país sin problemas.
Una
vez en Argentina, el libro comenzó a
experimentar otros peligros. Además de
aquellos que podrían robarlo, había sectores de la iglesia que sabrían de la llegada del escrito y, al tratarse de un libreo
demoniaco, tratarían de quemarlo para destruirlo.
De
esta forma, que al llegar el libro fue guardado en los túneles que
se conectaban por distintas zonas de la ciudad,
algunos de ellos debajo de la universidad.
Además, con el objetivo de dar confusión hicieron una especie de nueva donación a la Biblioteca Nacional, que por aquel entonces se encontraba
cerca la UBA, para de esa forma ir llevando el
escrito de un lugar a otro por los túneles, permitiéndoles hacer los conjuros sin
ser vistos.
Sin
embargo, de aquel libro nada bueno podía salir ya que si bien
aquella oligarquía se hacía cada vez más poderosa, distintas
pestes y tragedias sobrevolaron a la
población. Que generaron un estallido social, ante
los horrores de los ritos del libro. Esto
llevo a la iglesia a actuar recorriendo
cada rincón de Buenos Aires y del país en búsqueda del libro maldito. Del cual,
algo ocurrió ya que poco a poco los males que aquejaban fueron desapareciendo.
Desde
ese entonces, no se ha sabido de la copia del
Necronomicon que llego a Buenos Aires. Algunos dicen que fue destruido o
que ya no está en el país.
Sin embargo, algunos dicen que todavía está en
Buenos Aires, en un lugar protegido y sellado donde sus dueños lo pueden usar
cuando lo necesiten y que los demonios y almas en pena que hay en su interior
no puedan llamar a otros espíritus o demonios para que los liberen.
Ese
lugar, solamente puede ser un campo santo, un lugar de descanso eterno para los
muertos. Un lugar protegido o sellado por Dios. Un lugar que
este por debajo de las bóvedas de las familias más ricas
de la Argentina, que de un día para otro amasaron poder y fortuna.
Una
necrópolis,
bajo tierra cuyas paredes están cubiertas de indestructibles paredes de granito, con estatuas de
oro, ornamentos del mármol mas caro del
mundo y en cuya superficie se pueden ver estatuas de
gran belleza que expresan las tragedias de aquellas familias y de aquellos
demonios atrapados en el libro y cuyo camino este guiado por simbologías como dameros, compases, obeliscos
egipcios, relojes de arena con alas, llaves o gráficas con dibujos o frases
extrañas.

