Por Angélica Bene
Querido diario:
Después de aquella noche horrible en la pizzería, pero que afortunadamente
conocí a Ignacio ya no me siento sola. Ignacio resulto un amor, nos mensajeamos
día a día y el miércoles, que justo estaba cerca del trabajo al mediodía, fuimos
a almorzar. Ese mediodía también, vaya a saber uno por que le salen esas ideas
locas, decidí invitarlo el sábado al recital de Miranda, una banda que me
encanta.
Esa semana, no contaba con ello, el trabajo se puso intenso sobre todo
porque hubo muchas actividades, en especial cursos de distinto tipo de los cuales
teníamos que hacerle la recepción y la organización, y por tal motivo hubo que
atender a todo un zoológico de personajes, entre ellos algunos compañeros que
pueden pasar de simpáticos a pesados.
El lunes, me acuerdo que paso
Luis el contador, un petiso regordete que siempre anda de traje, con los
dientes amarillos por el café y el cigarrillo, que por momentos parece
simpático y por momentos parece medio border. Ya que, suele ser amable pero
también medio psicópata. Aunque lo que más me llama la atención de él son sus
anécdotas, la cuales suelen ser recurrentemente en base a hombres, que pueden
no serlo, y baños.
Me acuerdo, alguna de ellas
donde de la nada el asqueroso nos contaba que había ido al baño en la estación
de tren Constitución y mientras hacía pis en el mingitorio, que por casualidad
estaba solo, se le puso al lado un flaco medio sucio y le comenzó a decir, con
vos ronca, “queres que te chupe la pija”
, mientras le hacía gestos como tirándole besitos y él no sabía qué hacer,
transpiraba, se puso nervioso y me
contaba “ y no sabía qué hacer, yo no
quería que me chupe la pija”.
Otra historia, también en Constitución, hace tiempo cuando estaban
abiertos los baños en el subsuelo: el me conto que también estaba haciendo pis
y que de repente se cortó la luz. O sea que estaba en el baño de Constitución
totalmente a oscuras, no se veía nada y mientras el trataba de encontrar la
salida se escuchó un grito de “¡GUARDA
CON LOS CULOS!”
No sé, todas historias muy bizarras, pero también graciosas. Para mí
no quiere salir del closet. Cosa que esa semana se lo comenté a mi nueva
compañera Julyette, que después me arrepentí a ver si era una chismosa y andaba
contando por ahí.
Aunque, Luis si bien puede ser gracioso, es un personaje que
prefiero tenerle cierta distancia ya que me parece un poco turbio, cosa que me
la suele confirmar el de seguridad Jorge que me dice que me cuide de él. Jorge
es una buena persona, un hombre de unos casi 60 años que prácticamente vive en
la empresa, trabaja 24 por 7 con un franco semestral se podría decir, y que
conoce todo lo que pasa en la empresa, pero gana poco y trabaja mucho para
mantener a su familia.
Esa semana tan agotadora, que pienso en ella y me da cansancio, tan
bien fue enloquecedora. Ya que, como había muchos cursos y mucha gente me la
pase llamando a José el chico de mantenimiento, otro más que vive en la
empresa. Todo el día corriendo de acá para allá solucionando problemas y no le
quieren ni dejar comer una medialuna de las que están para los cursos, como si
les faltaran. Pero que yo siempre le guardo porque es una buena persona y
necesita energía, pobre muchacho.
Bueno, pero resulto ser que, finalmente luego de esa semana
cansadora, tuve tiempo de ir a la peluquería y a la depiladora y llegué
esplendida para el sábado.
A eso de las 8 de la noche me paso a buscar Ignacio con el auto, y fuimos a
ver a Miranda, cerca de Palermo, esa noche hacia un frio que te congelaba hasta
los huesos.
Dejamos el auto cerca del lugar, entramos e inmediatamente note la
belleza que tenía Ignacio ante el público femenino, pero en especial al
masculino. El cual, al ingresar y al verse observado cuasi- acosado por muchos
de los espectadores, masculinos, se quedó pálido y paralizado, así que lo tome del brazo
rápidamente y el me abrazo cual salvavidas en medio del mar ante la atenta
mirada de sus fans, pero en especial a unos metros, de un gordo grandote con
cara de Wallace con ganas de querer partirlo como un queso y que estuvo allí durante
todo el show.
Por sur parte, Ignacio permaneció abrazado a mi todo el recital,
hasta que finalmente al terminar con la gente retirándose nos dimos un beso, frente
a la mirada celosa de mis muchos competidores.
Y bueno, luego de un ratito decidimos ir a un lugar más tranquilo,
un telo. No sé por qué, esas casualidades de la vida, el frio de esa noche o
quizás Saturno estaba en Venus pero comenzamos a recorrer los hoteles y estaban
todos ocupados. Luego de buscar un rato, pasamos por la puerta del boliche América
que parece estaba casi terminando y visualizamos un albergue que era muy bonito
y se llamaba "Media Banana", o algo por el estilo. Por suerte encontramos lugar para estacionar
y entramos.
El ingreso al lugar fue el comienzo de una Odisea, porque entramos y
a lo lejos se veía que venían un trabajador de seguridad y el de mantenimiento
hacia donde estamos nosotros. Lo más curioso es que a medida que se acercaban
me di cuenta que los conocía, eran José y Jorge, a lo que primero pensé fue
pobres además tienen otro trabajo e inmediatamente me hice la boluda, para no verlos, y al
parecer ellos también porque no me saludaron o por lo menos fingieron no verme,
entregaron una llave, y se fueron.
Después, nos acercamos a la recepción, pedimos turno y nos dijeron
que había un poco de espera ya que había varios anotados, aunque habían salido
a fumar, aún con este frío, cosa que me llamo la atención. Nos sentamos a
esperar con Ignacio frente a otra pareja, donde el chico decía “ahh que ganas de vivir solo para no pasar
por esto”, a lo cual pensé la verdad tendríamos que haber ido a mi casa.
Al rato, ya entendí lo que
pasaba ya que entro un muchacho solo y pregunto si estaba disponible un turno, al rato entro otro, después entraron dos
chicos mas que también venían del recital de Miranda y varias parejas más de
muchachos, es decir era un telo de todas las parejas .
A lo que no tendría problema si no fuera por Ignacio, ya que después
de la experiencia del recital, para ese momento estaba en shock, y yo sentía
que se me iba la noche.
Fue allí cuando por esos sucesos inesperados entro Luis, el contador, con
una chica de la noche y comenzó, fiel a su estilo, a hacer alboroto ante las
parejas para tratar de saltearse la fila. Esa distracción, me dio tiempo de abalanzarme
contra la recepción a la que le rogué por favor una habitación donde la
recepcionista se apiado de mí y me un cuarto.
En el momento que paso eso, las parejas que estaban atrás mío y se
habían distraído con el quilombo, que hizo Luis, se dieron cuenta de que me
dieron la habitación y se dirigieron enardecidas con insultos hacia la
recepción. Mientras yo tomaba del brazo a Ignacio y me iba rajando hacia el cuarto.
Al entrar, ya con Ignacio recuperando el color, notamos que hacía
frio y al llamar a la recepción, para subir la calefacción, notamos que todavía
continuaba el bullicio.
Finalmente, luego de toda esa Odisea con Ignacio la pasamos muy bien
toda la noche y por la mañana me llevo a mi casa.
Sin embargo, esta historia no se terminaría ahí, el lunes cuando
llegue a la oficina, esa semana continuaban los cursos y Luis seguía molestando
como siempre. Pero, posiblemente, me vio la noche del sábado y se entero de lo que pensaba de él ya que por
momentos se ponía cerca mío y meneándose moviendo los brazos decía “ yo tenía una amiga, que pensé que era mi amiga, pero anda diciendo
por hi que soy un gordito puto” .
Aunque todo termino, cuando en un momento quede sola y se acercó
Jorge, el de seguridad, y de la nada saco del bolsillo un alfajor triple de
dulce de leche y lo puso en mi escritorio y me dijo: no se qué viste el otro
día pero te pido si podés guardar el secreto, uno trabaja muchas horas y bueno
nunca sabe…
A lo que le dije, con una sonrisa tierna, no te preocupes Jorge, yo no vi nada, igual gracias alfajor.
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