Por Angelica Bene
Querido diario
Era de vuelta otoño y estaba sentada frente a la ventana, en mi nueva mesa-escritorio,
viendo como las hojas se pegaban al vidrio en una tarde fría de lluvia. No se
por qué pero la belleza de esos tonos cobrizos recubiertos de agua me hicieron
sentir que estaba sola. Aunque no era cierto porque tenía a mis papis, a mis
amigas y amigos pero aún, así lo sentí.
Esa sensación me generó las ganas de conocer a alguien. Alguien para salir,
divertirme, alguien quizás pasajero ¡o no! esas cosas una nunca se sabe cómo terminan,
quizás noviando.
Pero, esta vez, quería probar algo distinto alguien que no tuviera nada que
ver con el trabajo, la facultad y mis amigas. Por eso, se lo conté a Romi y ella se ofreció a ayudarme en tal ardua
tarea a la cual también se sintió tocada. Y las dos, abrazadas casi en llanto
de la emoción, comenzamos la búsqueda.
Nuestro camino comenzó, con lo tradicional, recorriendo bares y boliches,
pero no tuve buen resultado ya que solo encontré un desfile de pelotudos o
pendejos que se hacían los cancheros y algún que otro que podía llegar a ser
pero no hubo conexión.
Cansadas de esa búsqueda Romina me dijo ¿porque no te bajas Tinder? para
ver si conoces a alguien en ultima te divertís y, si bien no me gustan las APP
de citas, me la baje.
En la APP, entre a mirar y fui pasando las fotos como una especie de book
todos re tuneados hasta que vi a un chico, uno años mas grande que yo, que si
bien no era del todo fachero parecía interesante, porque su foto era frente a
cuadro en un museo de arte. Le di me gusta y casualmente hicimos Match enseguida,
lo que para mí fue toda una señal.
En su perfil y en los chats que tuvimos parecía un tipo culto que sabía de
arte, de libros y películas así que bueno quizás era hora de conocerse.
Quedamos en ir a una de las pizzerías de la calle Corrientes el sábado.
El sábado nos encontramos en Corrientes y Talcahuano a las 8:30 así íbamos a comer algo y bueno que
pasara lo que tenga que pasar.
Llegue a horario y lo encontré esperándome, cuando lo vi lo saludo y note
su parecido a Benny Hill, un personaje de una serie cómica que veía con mi
abuela, pero con anteojos de científico, alto y de pelo largo con rulitos.
Al verlo me dio cosita, pero me acorde
que lo que me atrajo no fue lo físico si no esa cosa culta, interesante a la charla que me llamo la atención, así que
le di para adelante.
Nos saludamos con un beso en la mejilla, el muy correcto, y fuimos a la
pizzería que esta a media cuadra.
Nos sentamos en una mesa, que esta como en un entre piso, y nos pedimos una
pizza grande de muzzarella y una cerveza de litro para compartir. Hasta ese
momento íbamos bien, y tenía que venir lo interesante o lo invisible a los
ojos. Cosa que no ocurrió como lo esperaba o lo creía.
Y allí fue, cuando comenzamos a comer, instantáneamente la cara de Raúl se transformó
de forma tal que eso que fue cortesía, caballerosidad y buen gusto se convirtió
en una catarata de palabras con una alta tonada de demandas enfocadas hacia mi
persona que acababa de conocer.
Al principio, trate decir algo para intentar conversar o por lo menos
disminuir su monologo, pero me di cuenta que solamente incrementaba su discurso
así que me quede en silencio mirándolo con cara de aburrida tratando de
disociar ese momento caótico.
Pero, su estridente y constante voz lo hacía muy difícil, es más su tonada
atosigaba de tal manera que la mesa del costado estaba vacía, en una pizzería
que estaba llena a plena hora pico. Una pareja se sentó, feliz de encontrar un
lugar libre, pero al escuchar la voz de Raúl se fue rápidamente a otra mesa.
Luego de estar unos minutos vacía la mesa del costado, unas chicas
brasileras se sentaron felices de encontrar lugar, pero no se dieron cuenta de
lo que les esperaba hasta que ya era tarde que se pudo ver en sus caras de
fastidio frente a Raúl.
En cuanto a mi la cantaleta seguía sin parar, mientras yo solamente lo
miraba, esperando que se caye, en algún momento. De sus planteos solo puedo
recordar algunos como “a mi me gusta la
mujer independiente no como esas boludas que de repente van por ahí y de te
dicen me gusto esa cartera compramela” …
Todo el salón se fastidiaba y, en silencio o no tanto, se apenaba de mi con
frases a lo bajo: “yo si soy la chica
digo que voy al baño y me rajo” o simplemente “pobre piba”.
Finalmente, por algún motivo se cansó y decidió que era momento de irnos.
Por dentro gritaba de felicidad. Pero antes de irme un papelón me esperaba, si
bien pidió la pizza para llevar de la cual solo comimos dos porciones. Al
retirarnos el grito de Raúl diciendo ¡¡ ahh
miren me estoy llevando la pizza!!! y la respuesta de un comensal de ¡Llevatela!!… sobreentendiéndose el
ándate.
Al salir llegamos a la esquina y
llego la frutilla del postre ya que me trato de besar a lo que atine un¡¡no,no!!!
Y, mediante un carterazo, salí corriendo y lo dejé a Raúl a lo lejos con cara
de no comprender la situación.
Fue una noche horrible. Afortunadamente algo bueno paso. Llorando por el desastre
que fue esa cita me di cuenta que me faltaba el celular. Desesperada, comencé a
buscar el teléfono y fue ahí cuando un chico, bastante lindo me vio buscando en
la cartera preocupada y me pregunto que me pasaba y le dije que había perdido
el celular.
El, cordialmente, me presto el suyo para que lo llamara. Llame y resultó
que me lo había olvidado en la pizzería, por suerte me atendió el pizzero y me
dijo que lo podía pasar a buscar y que podía venir tranquila porque el show de
Benny Hill había terminado y, si no, podía venir al día siguiente. Ignacio,
todo un caballero, se dignó a acompañarme y pude ir a buscar el celular a la
pizzería.
Finalmente, ya más tranquila, con mi celular me quede charlando con Ignacio,
me pedí un Taxi y el me espero hasta que lo tomara, un dulce.
Ya en casa, en calma, después de esa noche payasesca, me di cuenta que
Ignacio me pareció muy simpático. Lástima, que no le había pedido el contacto.
Aunque, lo tenía en el celular, pero no quería ser pesada ya que me ayudo y no lo
iba a estar molestando.
Sin embargo, al rato de llegar mientras me lavaba los dientes, sonó mi celu:
era un mensaje de Ignacio, que me preguntaba si había llegado bien. Le agradecí
por todo y terminamos con un que duermas bien y así quedamos en contacto.
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