jueves, 11 de diciembre de 2025

El diario de Martina 3ra parte: Pizza y desencantos

 


Imagen: UnoTV



Por Angelica Bene

Querido diario

Era de vuelta otoño y estaba sentada frente a la ventana, en mi nueva mesa-escritorio, viendo como las hojas se pegaban al vidrio en una tarde fría de lluvia. No se por qué pero la belleza de esos tonos cobrizos recubiertos de agua me hicieron sentir que estaba sola. Aunque no era cierto porque tenía a mis papis, a mis amigas y amigos pero aún, así lo sentí.

Esa sensación me generó las ganas de conocer a alguien. Alguien para salir, divertirme, alguien quizás pasajero ¡o no!  esas cosas una nunca se sabe cómo terminan, quizás noviando.

Pero, esta vez, quería probar algo distinto alguien que no tuviera nada que ver con el trabajo, la facultad y mis amigas. Por eso, se lo conté a Romi  y ella se ofreció a ayudarme en tal ardua tarea a la cual también se sintió tocada. Y las dos, abrazadas casi en llanto de la emoción, comenzamos la búsqueda.

Nuestro camino comenzó, con lo tradicional, recorriendo bares y boliches, pero no tuve buen resultado ya que solo encontré un desfile de pelotudos o pendejos que se hacían los cancheros y algún que otro que podía llegar a ser pero no hubo conexión.

Cansadas de esa búsqueda Romina me dijo ¿porque no te bajas Tinder? para ver si conoces a alguien en ultima te divertís y, si bien no me gustan las APP de citas, me la baje.

En la APP, entre a mirar y fui pasando las fotos como una especie de book todos re tuneados hasta que vi a un chico, uno años mas grande que yo, que si bien no era del todo fachero parecía interesante, porque su foto era frente a cuadro en un museo de arte. Le di me gusta y casualmente hicimos Match enseguida, lo que para mí fue toda una señal.

En su perfil y en los chats que tuvimos parecía un tipo culto que sabía de arte, de libros y películas así que bueno quizás era hora de conocerse. Quedamos en ir a una de las pizzerías de la calle Corrientes el sábado.

El sábado nos encontramos en Corrientes y Talcahuano a las  8:30 así íbamos a comer algo y bueno que pasara lo que tenga que pasar.

Llegue a horario y lo encontré esperándome, cuando lo vi lo saludo y note su parecido a Benny Hill, un personaje de una serie cómica que veía con mi abuela, pero con anteojos de científico, alto y de pelo largo con rulitos.

Al verlo me dio cosita,  pero me acorde que lo que me atrajo no fue lo físico si no esa cosa culta, interesante  a la charla que me llamo la atención, así que le di para adelante.

Nos saludamos con un beso en la mejilla, el muy correcto, y fuimos a la pizzería que esta a media cuadra.

Nos sentamos en una mesa, que esta como en un entre piso, y nos pedimos una pizza grande de muzzarella y una cerveza de litro para compartir. Hasta ese momento íbamos bien, y tenía que venir lo interesante o lo invisible a los ojos. Cosa que no ocurrió como lo esperaba o lo creía.

Y allí fue, cuando comenzamos a comer, instantáneamente la cara de Raúl se transformó de forma tal que eso que fue cortesía, caballerosidad y buen gusto se convirtió en una catarata de palabras con una alta tonada de demandas enfocadas hacia mi persona que acababa de conocer.

Al principio, trate decir algo para intentar conversar o por lo menos disminuir su monologo, pero me di cuenta que solamente incrementaba su discurso así que me quede en silencio mirándolo con cara de aburrida tratando de disociar ese momento caótico.

Pero, su estridente y constante voz lo hacía muy difícil, es más su tonada atosigaba de tal manera que la mesa del costado estaba vacía, en una pizzería que estaba llena a plena hora pico. Una pareja se sentó, feliz de encontrar un lugar libre, pero al escuchar la voz de Raúl se fue rápidamente a otra mesa.

Luego de estar unos minutos vacía la mesa del costado, unas chicas brasileras se sentaron felices de encontrar lugar, pero no se dieron cuenta de lo que les esperaba hasta que ya era tarde que se pudo ver en sus caras de fastidio frente a Raúl.

En cuanto a mi la cantaleta seguía sin parar, mientras yo solamente lo miraba, esperando que se caye, en algún momento. De sus planteos solo puedo recordar algunos como “a mi me gusta la mujer independiente no como esas boludas que de repente van por ahí y de te dicen me gusto esa cartera compramela”

Todo el salón se fastidiaba y, en silencio o no tanto, se apenaba de mi con frases a lo bajo: “yo si soy la chica digo que voy al baño y me rajo” o simplemente “pobre piba”.

Finalmente, por algún motivo se cansó y decidió que era momento de irnos. Por dentro gritaba de felicidad. Pero antes de irme un papelón me esperaba, si bien pidió la pizza para llevar de la cual solo comimos dos porciones. Al retirarnos el grito de Raúl diciendo ¡¡ ahh miren me estoy llevando la pizza!!! y la respuesta de un comensal de ¡Llevatela!!… sobreentendiéndose el ándate.

                Al salir llegamos a la esquina y llego la frutilla del postre ya que me trato de besar a lo que atine un¡¡no,no!!! Y, mediante un carterazo, salí corriendo y lo dejé a Raúl a lo lejos con cara de no comprender la situación.

Fue una noche horrible. Afortunadamente algo bueno paso. Llorando por el desastre que fue esa cita me di cuenta que me faltaba el celular. Desesperada, comencé a buscar el teléfono y fue ahí cuando un chico, bastante lindo me vio buscando en la cartera preocupada y me pregunto que me pasaba y le dije que había perdido el celular.

El, cordialmente, me presto el suyo para que lo llamara. Llame y resultó que me lo había olvidado en la pizzería, por suerte me atendió el pizzero y me dijo que lo podía pasar a buscar y que podía venir tranquila porque el show de Benny Hill había terminado y, si no, podía venir al día siguiente. Ignacio, todo un caballero, se dignó a acompañarme y pude ir a buscar el celular a la pizzería.

Finalmente, ya más tranquila, con mi celular me quede charlando con Ignacio, me pedí un Taxi y el me espero hasta que lo tomara, un dulce.

Ya en casa, en calma, después de esa noche payasesca, me di cuenta que Ignacio me pareció muy simpático. Lástima, que no le había pedido el contacto. Aunque, lo tenía en el celular, pero no quería ser pesada ya que me ayudo y no lo iba a estar molestando.

Sin embargo, al rato de llegar mientras me lavaba los dientes, sonó mi celu: era un mensaje de Ignacio, que me preguntaba si había llegado bien. Le agradecí por todo y terminamos con un que duermas bien y así quedamos en contacto.

Una me salió bien de esa cita que comenzó horrible.

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