miércoles, 3 de diciembre de 2025

El Diario de Martina II: Tasas de Té Chino

 


Por Angélica Bene

 

Querido diario:

Ya pasaron unas semanas desde que me mude y de a poco me voy terminando de acomodar en el Departamento comprando los cosas del día a día, sobre todo de la cocina.

La verdad, me doy cuenta que hay cosas, casi esenciales, que necesito, pero se hace difícil soportar la tentación de comprar otras cosas, que quizás no son tan importantes, pero son tan cute, que las compro igual, va qué se yo.

Todo comenzó el martes cuando con Romina pasamos por una confitería, y vimos una torta de ricota con dulce de leche espectacular y, de gordas, la compramos. Una tonelada de calorías innecesaria pero irresistible.

 Al llegar a casa, abrimos el paquete, sacamos la torta, nos hicimos unos mates y comenzamos a comer. La torta estaba riquísima y al rato pensamos, casi al mismo tiempo, que rica estaría la torta con un té, un té hebras en unas hermosas tasas con una linda tetera, más que con un mate.

Al rato, por esas extrañas conexiones de las redes, nos aparecieron, en el celu a ambas, publicidades de juegos de tasas de té que estaban ¡divinas!.Una mejor que otra. Y bueno, aún endeudaba como estaba no me pude resistir, las tarejetie.

Lo mas gracioso, es que a partir de ese día nos comenzaron a llegar todo tipo de propagandas vinculadas al te: mas juegos de tasas, variedades de te, cursos de cata de té, influencers que tomaban te y un lugar que fue muy lindo que es la casa de Victoria Ocampo “Villa Ocampo” en el bajo de Shann Ishidro gordo.

Con Romina, que nos habíamos puesto en la onda del té, nos encantó y fuimos en colectivo el sábado.

El lugar era precioso, nos la pasamos recorriendo la mansión con esas habitaciones grandes llenas de cuadros, donde Victoria se quedaba a leer, hacer sus traducciones y escribir. Tal vez ahí, fue donde se le ocurrió crear la revista Sur y, con Romina, las dos como unas desquiciadas sacándonos selfies con todo lo que encontramos, filmando videítos y usando todos los filtros y cosas que permite la aplicación.

La jornada la terminamos en la casa de té, que hay en el lugar y, como dos señoras paquetes, nos pasamos chismoseando y tomando té de hebras de hibiscus con frutos rojos hasta que cerro el lugar.

Al día siguiente, por la mañana, entre a instagram y vi que un chico le había dado me gusta a todas mis fotos de mis histori. Me dio curiosidad saber quién era, y vi que era un pibe que, si bien no se veía mucho la cara, sus fotos paseando en una camioneta le daban como que tenia onda. Así que le di me gusta a sus historias y ete aquí que nos comenzamos a seguir y nos pusimos a chatear.

Pegamos tanta buena vibra que quedamos en vernos. Y como venía con toda esta onda de casa del se te me ocurrió en ir al ir al Petit Colon a tomar una buena merienda con cata de té e infusiones.  Es más, mejor todavía, que fuera una sorpresa, así que le dije de juntarnos en la plaza Lavalle para luego ir caminando hasta el lugar, el miércoles a la tarde.

No se por qué pero estuve ansiosa toda la semana, incluso quizás emocionada, hasta que llego el gran día.

El miércoles llegué en horario a la plaza Lavalle y al rato desde lo lejos vi alguien que se acercaba hacia mí. Un morocho alto, con cierta elegancia, de pelo corto y cara cuadrada que se parecía a quien estaba chateando, pero que no se parecía del todo.

Hasta que me di cuenta que era el y no lo podía creer. Pero bueno, como dicen uno no se tiene que guiar por las apariencias y dije Hola ¿Rubén?

Y Rubén dijo-Si soy yo- ¿vo so Martina?   - a lo cual le dije, con sorpresa, Si y ese “vo“ fue premonitorio a lo que vendría.

Ya que de su boca salió un ¡ah so re fea, no so como el Instagram!

Su expresión fue tan fuerte para mí que hice como que no dijo nada, y me puse a conversar. Más allá del exabrupto, la cosa se tornó cordial y decidí continuar con los planes de ir al Petit Colon por la merienda.

A lo que Rubén respondió con un: Bueno vamo-expresando un -si no queda otra.

Caminamos, la cosa se había calmado y tornando cordial hasta que llegamos a la puerta del lugar cuando Rubén miro la puerta del Petit Colón y dijo en voz alta ¿Y esto que es?

Tratando de disociar y haciéndome la desentendida le dije: es el Petit Colon.  Un lugar para tomar el té con masitas, es riquísimo

 A lo que Rubén respondió ¿ir a tomar el té? Eso es re de vieja. 

Ahora si ya entrando en furia, puse mi mejor cara de orto y le dije bueno dale pasamos. Y así entramos al lugar. Con el solo objetivo de que esto termine lo antes posible.

Nos sentamos en la primera mesa que encontramos y el resto de la cita fue un hacer como que estábamos juntos. Yo me pedí un té de hebras con dos masitas y él se pidió una gaseosa.

Intentamos cruzar unas palabras, pero un silencio sepulcral donde nos mirábamos las caras inundo la mesa así que nos pusimos a ver los celulares. Hasta que finalmente me termine el té y él la gaseosa.

Pedimos la cuenta, a lo que llamativamente él se ofreció a pagar y le dije que no así que hicimos mitad y mitad. No voy a permitir que me diga fea y vieja y ahora se haga el caballero, mi dignidad esta primero.

Salimos del lugar y con un simplemente bueno chau me tengo que ir la cita termino.

El camino a casa en el colectivo fue pensado: la puta madre, es la última vez que me guío por estas boludeses del Instagram, los tipos son todos unos pajeros, ir a tomar el té soy una boluda

Llegué a casa y pensé , ya se lo bloqueo, por turro, a lo que lamentablemente cuando entre a la aplicación el ya me había bloqueado. Me quedé con la vena.

Sin más, me fui a bañar para relajarme y sacarme la bronca. Pero me quede pensando:

La próxima al que sea así lo bloqueo yo primera. Finalmente, re enojada sin hambre, me fui a dormir. Otro día será mañana.

 

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