Por Angelica Bene
Hasta que me dormí.
Hasta que me dormí.
IA
Foto:La retaguardia
Por JaBond
Hace no mucho tiempo unos 60 años, Capital Federal
(hoy CABA) y los suburbios eran zonas completas de ríos y arroyos donde la
gente se bañaba durante los veranos.
Años después, con la contaminación, el crecimiento
urbano y fundamentalmente con el descuido, adrede, la región fue perdiendo su
vida frente al río y trasladándose a lugares privados como piletas de natación
de clubes o de mansiones.
Sin embargo, la perdida de estos lugares de recreo
no impidió que la gente de bajos recursos buscara otros sitios donde
refrescarse durante el calor estival.
En las zonas más alejadas como Monte grande
existen tierras de las cuales se obtenía tosca. Una arcilla impermeable que se
utiliza para las construcciones. Cuando esas explotaciones se terminaban los
pozos quedaban, ya que era muy caro rellenarlos, y al ser impermeables con el
tiempo se llenaban de agua de lluvia y se convertían en lagunas.
Unas lagunas que a simple vista parecen piletas,
por la tranquilidad de sus aguas, pero que son muy peligrosas por su
profundidad y sus corrientes submarinas.
Aunque para la gente de bajos recursos se
convierte en una playa a unos pocos kilómetros o metros de casa donde poder refrescarse
del calor durante el verano.
Una de las tosqueras de Monte Grande, se había
convertido en un lugar que se llenaba de gente casi todos los días en las
épocas de calor y que el dueño del lugar, que tenía cosechas de girasoles aledañas,
detestaba que la usaran los vecinos y la gente de alrededores.
Si bien, la excusa eran sus campos, la tosquera
estaba alejada y la gente era cuidadosa de los sembradíos. En realidad, lo que
subyacía, por parte del dueño, era un rechazo a la gente y a su felicidad.
Por eso busco evitar que la gente acudiera a la
laguna. Lo intento todo, primero puso seguridad, pero no fue efectiva ya que,
además de ser muy costosa, la gente encontraba la forma de entrar y los
guardias no estaban dispuestos a poner en juego su vida por la paga.
Luego puso perros, pero la gente encontraba la
forma de distraerlos para que no atacaran.
Finalmente, ya desahuciado busco otra forma menos
convencional para que la gente no se bañase. Un gualicho, un gualicho con el
que maldijo la tosquera y a quien entrara en sus aguas.
Algo que fue recodado por la gente que vivía cerca
de ella aquellos días de fines de enero, cuando el firmamento se volvía cobrizo por los últimos
rayos del sol y la noche asomaba ante un cielo inmaculado, mientras la tosquera
se cubría de una densa niebla gris con luces intermitentes que emergían en los
matorrales aledaños.
Al día siguiente de febrero, la gente del lugar
que disfrutaba nadar por las mañanas salieron asustados de la laguna. Avisando,
a quién pudiera, que no ingresen al agua ya que había algo extraño como algas,
raíces o correntadas que casi los hunde.
Si bien las zonas linderas estuvieron al tanto del
peligro, las personas que vivían más lejos no se enteraron de los peligros que ahora
se presentaban.
Al día de hoy, todavía hay gente que suele
escuchar las sirenas de la interminable fila de ambulancias que acudían en
socorro de los ahogados.
Aunque en aquella tragedia hubo un halo de luz.
Fue algo tan rápido que nadie recuerda bien como sucedió, solamente que era un día
soleado, las familias disfrutaban de la laguna cuando sigilosamente una niebla comenzó
a brotar del agua y todos los que estaban en ella comenzaron a ser succionados
hacia el fondo.
Muchos sucumbieron en el momento, otros pudieron
resistir, la gente gritaba y pedía ayuda. Algunos se tiraban en el agua a
intentar sacar a los suyos, otros no podían hacer más que ver como sus seres
queridos se hundían. Una mujer, vio que su hijo se lo estaba comiendo la laguna
y, desesperada, corrió en su ayuda, pero no sabía que hacer porque no sabía
nadar. En su marcha, tropezó con una raíz y cayó al suelo.
Al levantarse, vio en el piso una estampita de la
virgen deteriorada. La tomo y se le ocurrió acercar sus manos y rezar, al verla
otros se sumaron al rezo. Cuando, en un día soleado y sin viento, una ola saco a
la gente de la tosquera.
Inmediatamente, la madre pudo ir con su hijo el
cual si bien había tragado agua se recuperó al poco tiempo.
Lamentablemente, muchas personas, aun con la ayuda
de los médicos, no lograron sobrevivir.
Desde ese entonces, frente a la tosquera se construyó
una capillita con una cruz donde se recuerdan a los caídos ese día. Pero también,
hay una virgen, la virgen del mar la cual la gente acude en pos de ayuda para
sanar a sus seres queridos.
Con respecto a la tosquera, ya nadie se adentra en
sus aguas, ya que es un lugar peligroso y maldito.
Inspirado en partes de una película.
IA
“Sapucai: un grito largo y
agudo de los guaraníes.
Usado muchas veces como grito
de guerra”
Por JaBond
Sapucai es un pueblito pintoresco que queda a unos 200 kilómetros de Asunción.
Un hermoso paraje de montes empinados, atravesados por arroyos y laderas verdes
durante la primavera y el verano que observan, desde la altura, la cobriza
locomotora de lo que fue el primer ferrocarril de Sudamérica. Y, muy particularmente
con un aroma celestial que dan los jazmines del Paraguay que crecen en la zona.
Aunque, si bien este paraje de ensueño tiene esa gran belleza paradisiaca, es
un lugar también conocido por su actividad paranormal.
En especial de niños que aparecen a la vera de las rutas y caminos de
tierra que luego desaparecen como si no hubiera nada. O voces que suenan por
las noches o las tardes mientras todos duermen la siesta. Voces que llaman y
que muchas veces conducen a la muerte o al suicidio quien las sigue.
Algunos dicen que esos susurros pertenecen al innombrable de la “P”, otros
al Yasiyatere pero en el pueblo saben que es por otra razón. Esa razón se
debe a los guardianes del oro.
La historia se remonta hacia el final de la guerra de la Triple Infamia cuando
una columna de bandeirantes avanzaba sobre el Paraguay destrozando y masacrando
todo lo que encontraba a su paso. Siguiendo
a Madam Lynch de Solano López que escapaba, en su carroza, con parte del tesoro
del país, muchas piezas y monedas de oro invaluables, con el objetivo de que no
cayera en manos enemigas.
En determinado momento, ella junto con su caravana compuesta de muchos
soldados que eran apenas niños, se dieron cuenta que el peso de la carroza no
les permitiría escapar.
Así que detuvo el carruaje y les dio la misión a los soldados, de esconder
el tesoro y que solamente ellos supieran el lugar exacto para que nadie pudiera
hacerse de él.
Al regresar de su misión, los soldados asumieron que sus perseguidores
estaban muy cerca y que si ellos caían prisioneros seguramente mediante tormentos
terminarían sabiendo de los escondites del oro y todo habría sido en vano.
Así que, para evitar esa infamia, le dijeron a Madame Lynch que continuara
escapando y que ellos harían de señuelo resistiendo a las tropas enemigas con
el juramento de proteger el oro.
Madame, en llanto por el sacrificio que realizarían, les otorgo un presente
a modo de agradecimiento y de protección en el otro mundo un pétalo de jazmín del
Paraguay a cada uno.
Luego, subió a la carroza y emprendió el escape a toda prisa. Sin embargo,
a la hora de viaje la columna de bandeirantes la alcanzo.
Al llegar, con toda fiereza gritaron ¿dónde está el oro?, denme el oro o terminarán
como esa cuadrilla de escuálidos que dejaron sobre aquel paraje.
A lo que Madame Lynch grito: ¡no me toquen! si alguno de ustedes me hace
algo la corona francesa responderá y no tendrá piedad con ustedes. Los
banderiantes al escuchar sus gritos, se dieron cuenta que las palabras de la
dama eran ciertas. Entonces, sin tocarle un pelo asaltaron la carroza para
tomar el oro asesinando a su cochero.
Al ver la carroza vacía, furiosos gritaron ¿dónde está el oro?. A lo que
madame Lynch respondio, el oro no está conmigo se lo he dejado a mis guardianes
que han jurado protegerlo y para eso lo han escondido. Pero, les aconsejo algo,
no vayan por él ya que ellos ya no están en este mundo y todo aquel que lo toque
deberá atenerse a las consecuencias.
Los bandeirantes, frustrados y entendiendo esa advertencia como puras tonterías
de una mujer derrotada, decidieron dejar a Lynch y enviaron un grupo de
soldados para buscar el oro.
Dicen las lenguas que de esos soldados solamente uno regreso y contó que, al
retornar al paraje, una figura de un niño paso corriendo y, pensando que era
uno de esos mequetrefes que escondía el oro, lo siguieron.
Al seguirlo, de un momento a otro, el niño se esfumo y un grupo de soldados
salió de las sombras o de vaya a saber dónde y los ataco. El solo pudo escapar
con vida para contar lo que vio.
Desde ese entonces, muchas personas fueron a Sapucai tras la Leyenda del oro
del Paraguay, incluso se han encontrado monedas u otros objetos invaluables en
los lugares más extraños como en las columnas del techo de una casa. Aunque a
cada encuentro, siempre se le sucedió una tragedia. Muchos dicen que es la casualidad,
pero todos saben que en realidad se trató de los guardianes del oro que aún
siguen haciendo cumplir su promesa.
IA
Por JaBond
Laureana iba todos
los días a su trabajo en el banco. A diferencia del resto de los empleados, su
oficina estaba en el 2do subsuelo donde había una sola computadora, un baño en
el pasillo y un pequeño pulmón, donde salía a fumar para tomarse un descanso.
Su tarea la
realizaba, solamente, con los materiales de esa oficina la cual era revisada
por la seguridad con un detector de metales al entrar y al salir del edificio. Incluso,
sus pertenencias quedaban guardadas en un locker al entrar.
Nunca supo
bien, ni le intereso, de que se trataba su labor, solamente debía resolver unos
complejos asientos contables de lo que alguna vez había escuchado que le
llamaban la zona H. Ella se encargaba del H.
Los viernes cada
tres meses, antes de retirarse imprimía la última hoja del informe del día y
directamente, sin escalas, se tomaba el ascensor hacia el despacho de los
gerentes en lo alto del banco. El mismo, era una gran sala de reuniones, con
algunas luces violáceas, donde se llegaba a ver el rio y que antes de entrar tenía
una gran sala donde estaban sus secretarias. Todas chicas jóvenes de 20 años
que parecían sacadas de una agencia de modelos.
Si bien su
trabajo no era el más entretenido la paga era buena y durante la jornada estaba
prácticamente sola, a veces demasiado sola. Aunque recibía de vez en cuando la
visita de Susana la empleada del café con la cual siempre se quedaba chusmeando
y se había hecho amiga.
Un día todo
cambio, un viernes cuando fue a entregar el informe y se encontró que estaba un
gerente de otra sede que hablaba fuerte por teléfono con lo que parecía la jefa
de personal:
-¡Gordas, solo me traes gordas! -
y muy despacito se escuchaba y que queres son las únicas que quieren ir a
trabajar ahí.
Cuando el
gerente la vio a Laurena, rápidamente colgó y se fue como si no la hubiese visto.
A partir de ese día le prestó atención a las chicas que trabajaban de secretarias
y noto que cada vez que iba no eran las mismas, lo que le llamo la atención.
Esa semana se cruzó
con Susana y se puso a charlar y le pregunto si sabia algo del continuo cambio
de secretarias, a lo que Susana respondió: ah no es nada, lo que pasa es que
las chicas quieren todo de arriba no quieren laburar y se van.
Laurena, si bien escucho las
palabras de Susana que no le convencieron demasiado, siguió como si nada.
La semana
siguiente, mientras hacia los asientos contables muy concentrada, sintió una
brisa fría que paso por el pasillo, como si una persona hubiera pasado, fue
hacia la puerta, pensó que era Susana miro el pasillo y no había nadie, así que
continuo con lo que estaba haciendo.
Al rato, cansada,
decidió salir a fumar al patio y cuando llego vio parada en una esquina fumando
una mujer rubia, hermosa, elegante, de camisa blanca y pollera negra hasta las rodillas.
Su presencia la dejo aturdida por unos
instantes, ya que, era la primera vez que veía a alguien en ese patio y le dijo
-Hola, te puedo acompañar para fumar.
La mujer que
estaba de espaldas giro a la mitad de la cara y con un si por supuesto giro el
cuerpo y llevándose el cigarrillo a la boca se fue en dirección de Laureana.
Laureana si
bien por un momento estuvo contenta por que tenia alguien con quien charlar, la
presencia de la mujer la perturbaba. Fue así que la mujer le dijo- ¿Cómo te
llamas?
Laureana-tímidamente respondió-Laureana-
-Yo me llamo Sonia-¿de qué
trabajas?
Laureana- y estoy en este
subsuelo haciendo unos asientos
-Sonia: unos asientos contables
que los viernes cada tres meses los llevas a los gerentes
L: Si, ¿vos como sabes? Dijo sorprendida
S: yo solía hacer tu mismo
trabajo, hasta que un día todo termino, pero hoy estoy de visita. Cada tanto
vengo.
L:¿pero como trabajaste aca? a mi
nunca me dijeron nada, incluso Susana ni menciono del alguien que haya trabajado.
S: Susana, esa delincuente, cuídate
de esa. ¿Vos sabes lo que hace esa mujer?, esos viernes que vas que están todas
las pibitas esas.
Laureana que no entendía bien y
se sorprendida con lo que decía le dijo -para. ¿vos también te pareció raro lo
de las pibas?
S: Raro, no , yo vi lo que pasaba
en ese lugar por eso ya no estoy aca. Y esa Susana, sabe todo, es mas es un
engranaje de lo que pasa en aquella oficina. La recuerdo bien, todos esos
viernes lleva el carrito con las bebidas bien separadas, a la derecha la de los
gerentes con algo que los levante, que toman antes de comenzar, y a la
izquierda el te de las secretarias, que las ablanda para luego hacer con ellas
lo que quisieran.
-Luego, sale a la oficina de las secretarias
y las hace pasar diciendo que es un balance o algo por el estilo y se va. Y
luego, pasan cosas horribles que hace que esas chicas no vuelvan, incluso no
vuelven nunca más, como yo.
Laureana, ya sin entender
claramente lo que decía- dijo- ¿para que le hacen a las chicas?-
S: Y que les van a hacer? Pensalo.
Laureana quedo
helada con las palabras de Sonia, hasta que ella le dijo, no tenías cosas que hacer.
Laureana, tirando el cigarrillo, dijo si tenes razón y casi corriendo regreso a
su tarea.
A partir de
esa noche, no pudo dormir bien y comenzó a pensar en Sonia, Susana, las chicas
que faltaban y el trabajo. Incluso comenzó a tener sueños con Sonia que se le aparecía
y le decía no entendiste lo que pasa.
Esa semana, luego
de varios días sin verla se cruzo a Susana, y en el patio entre pucho y pucho
le pregunto por si conocía a una tal Sonia. Susana al escuchar el nombre, se le
desfiguro la cara, pero desacopladas de su gesto le salieron las palabras:-¿Sonia?
¿Pero que Sonia? Yo la única Sonia que conozco es una chica que murió hace
muchos años, me parece que estás trabajando mucho nena.
La escena,
lejos de tranquilizarla, le empezó a generar pánico. En que trabajo se había metido
que seria de las chicas esas e incluso que seria de ella. Quizás un día la
lleven a ese lugar y seguramente algo malo le harían o no. Pero, aunque fuera así,
el solo hecho de pensar en esas pibas en manos de esos asquerosos era algo que
no lo podía soportar. Solamente le surgía la pregunta ¿qué hacer? e incluso sus
nervios aumentaban ya que en pocos días tocaba un nuevo informe.
Finalmente, el
jueves, durante un breve rato en el pudo dormir, tuvo un sueño en el que Sonia
le decía y le repetía vos ya sabes que hacer…
El viernes, los
nervios de Laureana estaban por los aires, solamente le retumbaba el sueño con
el- vos ya sabes que hacer- Mientras, sentía ese ruido, hacia su tarea. Terminaba
el informe, lo imprimía y tomaba el ascensor hacia el piso de los gerentes.
Al entrar a la
oficina de las secretarias, comenzó a ver a las chicas: todas pibas, que seria
de ellas. Y allí, al entrar al despacho, se dio cuenta que había una subsala
pequeña donde había un carrito con unas bebidas y unas teteras.
Como una
especie de aparición recordó las palabras de Sonia, el carrito con las bebidas.
Susana lo había dejado preparado en el lugar indicado, pero esta vez vaya a
saber por qué se había retirado.
Como una revelación,
Laureana se dio cuenta que hacer. Se acerco rápidamente al carrito y cambio las
bebidas de manera que los gerentes tomaran el brebaje para las secretarias.
Luego, entro y les entrego el informe a los gerentes y al salir, rápidamente no
sea cosa que volviera Susana, les dijo a las secretarias.
- Estimadas, recién
hable con los gerentes y me pidieron que les informe que la reunión se suspendió
y que vayan a sus casas.
Las secretarias,
no entendían lo que pasaba, pero al ser nuevas y ver que Laureana salía del
despacho de los jefes inmediatamente se retiraron. Cuando, salió la ultima
chica aprovecho y trabo la puerta como recordaba que le había contado Sonia.
Luego se fue a su casa.
Esa noche,
luego de varias semanas pudo dormir. Aunque pensaba que seria de todo lo que había
hecho, volver al trabajo o no el día lunes. Si no volvía serio sospechoso, pero
si volvía era exponerse.
Finalmente, decidió
que lo mejor era ir al trabajo y en unos días renunciar para no llamar la atención.
Al llegar el lunes, toro era normal hasta que al ingresar lo sorprendió las
caras risueñas de los de seguridad y el buzón de renuncia explotado de cartas.
Al ingresar, los
de seguridad no la dejaron pasar, le informaron que estaba despedida y que le estaría
llegando el telegrama de despido con el informe del cobro de la indemnización
correspondiente.
Al salir, todavía
sin entender que había pasado, reconoció a una de las secretarias del viernes y
se arrimo y le pregunto si sabía que había pasado.
La
joven, dijo ¿no te enteraste?, va que te vas a enterar si estos son re pesados.
Viste el viernes que suspendieron la reunión: bueno resulta que la puerta se
trabo y quedaron encerrados los gerentes. Pasaron varias horas y como no salían
y no había comunicación comenzaron a llamar las familias, ya que era raro que
no volvieran a sus casas o al menos avisaran.
-Bueno a la
madrugada, los guardias de seguridad fueron hasta el lugar y entraron, al ingresar
al despacho encontraron un horror. Todos esos gerentes desnudos, algunos con
ropa de cuero, elementos de masoquismo, tortura, encamados entre ellos,
haciendo un trencito a falta de otros u otras. Un asco. Que suerte que nos avisaste igual yo acá no
vuelvo.
Al escuchar
las palabras de la chica, le cerro todo. Inconscientemente, como en los sueños
de Sonia, sabia que era lo que estaba pasando. Cuantas cosas habrán ocurrido en
ese lugar, pero bueno al menos me puedo quedar con la tranquilidad de que esto
termino al menos por un tiempo.
IA
Por Angelica Bene
Querido diario:
Hace
dos semanas que Ignacio regreso a su pueblo en la provincia. Pensar que nuestro
amorío duró solo un mes y medio, pero pareció eterno, fue un sueño de amor romántico
como en las películas. Aunque, como todo sueño, había que despertar. Por dentro,
desde el comienzo, yo sabía que esto no iba a durar, incluso hubieron señales
que no quise ver o aceptar.
Pero no importa, prefiero haberlo vivido y no pertenecer a esa muchedumbre
de gente que viven su vida sin amar alguna vez, es decir vivir sin vivir.
Si bien estos días fueron duros y
con Romina nos bajamos varios tarros de helado y barras de chocolate, para
olvidar, creo que me haría bien hacer un viajecito el fin de semana. Cosa que
le propuse a Romina y ella no pudo ya que tenía que estudiar para los
parciales.
Será de dios, que ese mismo día, que Romi me dijo que no, me mandó un
mensaje Alejandra, que también se había separado y quería hacer algo para
despejarse, un viaje o algo así.
Luego del mensaje, la llame y nos pusimos a hablar. Me dijo que estaba con
la misma idea y que ella tenía una conocida que le alquilaba barato un
departamento en Mar del Plata.
Lo que inmediatamente lo percibí como el comienzo del fin de mi tristeza y
que todo iba regresando a la normalidad.
Aunque algo me decía que quizás no era tan buena idea ir con Alejandra en
especial por el tono dubitativo de la conversación previa al viaje. En la que
estuve una media hora repitiendo la misma secuencia de frases:
-ay si, vamos tengo ganas de ir para despejarme y olvidarme de Sebastián,
decía Alejandra. A lo que yo le respondía genial. Y luego ella me decía:
-ay no se, pero quizás es mucha
plata y además a ver si me llama. Yo respondía bueno si es mucha plata no
vayamos y ella empezaba – ay si, vamos…
Donde yo asentía para ir y ella lo negaba y luego lo afirmaba, durante esa
media hora.
Finalmente concretamos y así dos amigas heridas en sus corazones partíamos
ese finde largo a Mar del Plata a buscar esa paz que te la da el mar con sus
brisas y sus brumas, para recomponer nuestras almas.
Salimos de madrugada y llegamos al mediodía, el departamento era hermoso y
estaba re bien ubicado en el centro, cerca del casino y de los Lobos Marinos,
en una galería con el nombre de Tritán o algo así.
Entramos, nos pusimos a acomodar las cosas, y cuando estaba en la pieza
escucho el llanto desgarrador de Alejandra a lo que me asusté y fui corriendo.
Alejandra, estaba llorando y gritaba ¡¡¡Sebastián!!!!!¡Por qué me
dejaste??!! Ni que se hubiera muerto, pensé. Y me puse a consolarla con un
abrazo hasta que me dijo tengo hambre y le dije
-y si vamos a dar una vuelta y comemos algo-
-A lo que ella me dijo dale si vamos a comer algo- le respondí bueno y ella
me dijo –ay, pero y si mejor cocinamos a dentro y no gastamos plata. Le
respondí bueno esta bien vamos al supermercado y ella me dice – pero tengo
hambre ya- luego de estar cinco minutos decidí resolver y le dije- yo te invito-,
ya que estaba muerta de hambre, también y así fuimos a buscar algo para comer donde
yo sola llevaba plata y el celular.
Salimos de la galería, caminamos, y a unas cuadras había un parripollo donde
compramos unas milanesas con papas fritas, luego de tener nuevamente un debate
entre milanesas con papas fritas, pollo al spiedo o tira de asado en donde
resolví por las milanesas, ya harta de esa duda constante.
Al salir, será mi suerte o mi mala suerte, nos cruzamos con una
Tarotista¡Para queeee!!
Alejandra enceguecida dijo: esto es una señal y me pidió unos pesos para
que le leyera las cartas, cosa que le di ya que no era mucha plata, total me
los devolvía, y se hizo tirar las cartas.
La tarotista tira la primera carta y sale la muerte, a la cual le dijo que
en realidad no era que fallecía alguien si no que significaba algo que se terminó
o que podía terminar.
Luego tiro la segunda carta y saco el 2 de copas: la reconciliación. Ale se
pudo como loca. Si es una señal de mi Sebastián- gritó en plena calle.
Finalmente, la tercera carta: la estrella que era algo como una a vuelta al
amor pero que se lo podía llevar otra, o que se yo.
Lo que Alejandra lo entendió como la señal definitiva para recuperar a Sebastián
y la tarotista le ofreció un amarre a lo cual mi amiga me suplico para que le
hiciera una transferencia y compró el hechizo, con las velas, los sahumerios y
todos los chiches para recuperar a Sebastián.¡Ay amiga!!!
Volvimos el departamento con las milanesas, que ya se habían enfriado, y el
amarre.
Saqué la milanesa para comerla y Alejandra no prestó ni cinco de atención.
Se sentó en la mesa saco las velas,los sahumerios, los puchos y comenzó con le
había dicho la tarotista o lo que se acordaba.
¡¡Ay como odie a esa tarotista!!!
Estuve todo el día dentro del departamento, encerrada, viendo a Ale tratar
de hacer ese puto amarre, mientras fumaba sin parar y cada tanto gritaba un
¡¡¡Sebastián!!! para luego entrar en llanto. Hasta que nos fuimos a dormir.
Al día siguiente, al ver que la cosa iba parecida al día anterior, la logre
convencer de salir a pasear. Esta vez fuimos al casino y esta boluda de Ale se
empezó a gastar la plata en los tragamonedas. Donde mi esfuerzo por detenerla
casi hace que me echen del casino, pero logramos salir.
Aunque su impulso jugador se ve que pudo más en ella ya que fuimos a los
lobos marinos de la rambla y en el camino nos cruzamos con 6 kioskos y en cada
uno estaban esas maquinitas de las cuales sacás muñecos a la cual Alejandra
jugó en cada una y en cada una perdió.
El ultimo kisoco, fue el colmo ya que la maquina estaba apagada, hace
bastante y parecía no funcionar, y el kioskero, que estaba sentado en la
puerta, la encendió para ella, donde obviamente perdió plata. Faltaba que hubiera una caja que dijera
sáquele la plata a la pavota. ¡¡¡¡Amigaaaaa!!!!!
Después de eso volvimos al departamento. Donde nuevamente Alejandra comenzó
con su ritual de los puchos y del amarre que ya no era amarre si no de constelaciones
o vaya a saber uno.
Al día siguiente, me desperté y me di cuenta que algo pasaba ya que Ale no
estaba gritando ¡¡Sebastián!!!. Se había levantado temprano, había ido a
comprar unas facturas, preparado unos mates y me había devuelto la plata. Me dijo que quería cambiar el aire, a lo que
me sentí contenta, y que quería meterse en el mar.
¿en Agosto, pense?. Bueno ¿porque no? está un poco fresco, pero salió el
sol y quizás es como un baño espiritual o al menos mojamos los pies en el agua,
cosa que adoro.
Pero, Ale me dijo necesitamos unas mallas vamos comprarlas, yo conozco un
lugar y me tomo del brazo y partimos. Mira que Mar del Plata es grande y el
centro, donde esta la cafetería Boston con su glamur, tiene lugares de venta de
ropa de todos los precios y calidades. Pero Ale, se ve que quería algo
diferente porque caminamos como 20 cuadras para ir a un negocio de mallas que
era horrible, en el camino nos pidieron plata como 20 veces, para comprar unas
mallas viejas por dos mangos.
En el camino también nos compramos un vino, supuestamente para festejar por
la noche. Se ve que la ansiedad pudo mas porque fuimos al departamento y
mientras nos cambiábamos empezamos a hablar de nuestros amoríos y entre charla
y charla abrimos el vino y lo tomamos todo. Obviamente, después de tomarlo nos
quedamos dormidas. Cuando nos despertamos ya era de noche asi que nos quedamos
en casa y Ale volvió con sus llantos, por tal motivo me fui a dormir temprano.
Finalmente llego el ultimo día y la última noche,
a lo cual pensaba bueno vayamos a un bar o a bailar para conocer a alguien o
divertirnos, revolear la chancleta como dicen. A lo que Alejandra me dijo ¡ah
no! yo conseguí una cita. ¿una cita? Le dije. Y pensé en que momento conoció a
alguien ¿y Sebastián? con el llanto desgarrador, con el amarre ¿en que quedó?.
A lo que le pregunté de ¿quién se trata? Era con el quiosquero de la última
máquina de muñecos. Me quedé atónita.
Esa noche, ella se fue con el kiosquero y yo me quedé sola en el
departamento, aburrida esperando que sea mañana para volver a casa. Diciendo,
para adentro, ¡¡¡como no la vi antes!!!
Por
JaBond
“ Yo
tampoco creo en estas cosas, ¿pero? Acá estamos”
Son las 3
de la mañana aquí en el hospital en el 5 piso donde se encuentran los enfermos
más graves, supongo que se encuentra próximo a la sala de Terapia intensiva por
si es necesario atenderlos o tal vez porque se encuentran más cerca del cielo. No
lo sé.
El tiempo
es eterno y tirano cuando uno está en una cama de hospital. Un minuto puede ser
una hora y una hora un día, es algo agotador.
Pensar
que aquellos dolores que se me presentaron hace un año, y no les preste
atención, pero que cada vez fueron más intensos hasta tornarse insoportables,
fueron un cáncer que al ser detectado se encontraba en etapa 3 casi por empezar
en la etapa 4, terminal.
Todavía recuerdo
el terror que sentí cuando me diagnosticaron, pero que gracias a la
intervención de mi esposa rápidamente pude iniciar el tratamiento. Un
tratamiento muy duro, debido a mi gravedad, el cual puedo matarme en el camino
pero que es la única posibilidad para vivir.
Si bien
los comienzos de la quimio dicen que es duro, en mi caso no lo fue ya que al
poco tiempo sentí una leve mejora de mi dolor lo que interpreté como que la
medicación me estaba haciendo efecto. Sin embargo, las recaídas que me
obligaron a interrumpir los fármacos y luego el tratamiento de rayos, muchas
veces, me hicieron pensar que era mi fin.
Pero pude
continuar y aquí estoy, luego de la operación, el final del tratamiento. Aunque
no se qué pensar ya que, si bien al salir del quirófano me sentí esplendido y a
las 24 horas me enviaron a casa, al día siguiente comencé a tener fiebre y esa
fiebre no la pude bajar con nada lo que me llevo a que me internaran
nuevamente.
Tal vez fue
la mejoría antes de la muerte como suelen decir, recuerdo a mi abuelo que al
salir de su operación estaba bien. Sin embargo, a las pocas horas, de
madrugada, falleció. O recuerdo, el
padre de una compañera, que también lo habían operado y lo enviaron a su casa parecía
estar bien, pero en realidad su final ya estaba escrito, solo que, en la cama
de su hogar, junto a su familia.
¡Estaré en esa
situación esperando la muerte! Realmente no tengo energías para saberlo solo me
permito recordar. Recordar ese trayecto hasta aquí, este hospital Schoenstatt,
la virgen de Schoenstatt quien lo diría.
Todavía
tengo ese recuerdo vivo de cuando era chico, creo que estaba en primer grado
con 6 años cuando una tardecita, se apareció una virgen. En ese tiempo, Lomas
de Zamora era un pueblo, o tenia alma de pueblo, con muchos baldíos y donde
todos estábamos asombrados a cualquier atracción nueva del barrio como la
apertura de una heladería por algún vecino o esa tarde cuando el barrio estaba
todo movilizado ante la aparición de la virgen.
Recuerdo
que fue en las calles Almafuerte entre Larrea y Paso, o por ahí, pero que no
entendía bien de que se trataba. Solo
que mi abuelo le había pedido que mi abuela se mejorara, ya que estaba mal de
salud y así fue, vivió varios años más.
La
verdad, ahora que lo pienso quizás mi inconsciente fue el que trajo ese
recuerdo pensando en la sanación como una forma de supervivencia o algo por el
estilo. Ya que cuando enfermé, hice una lista de los pendientes. Tal vez son
esas cosas que uno trata de hacer cuando se da cuenta de que su tiempo se
termina más rápido de lo que uno cree.
En esos
pendientes apareció en mi memoria la virgen, pero en este caso la virgen de Schoenstatt
que me la habían dado en mi grupo de catequesis y había quedado en casa . La
misma, debía hacerla peregrinar para dejarla finalmente en su parroquia, pero
que nunca lo había hecho.
Así fue,
que recordé eso y lo tome como pendiente, fue curioso una tarde de invierno
soleada con una temperatura agradable para la época fue en la que termine
llevando y cumpliendo su peregrinaje allá hacia a su santuario en Florencio
Varela.
Donde, al
entregarla, las hermanas se sorprendieron, pero a la vez lo agradecieron.
Supongo que si bien buscan que la virgen peregrine entienden que si los jóvenes
se la quedan como para mantener la fe no hay inconveniente. Sin embargo, allí
estaba haciendo que cumpla su camino.
Es
curioso, pensando en el poco tiempo que me quedaba lo dediqué en llevar a la
virgen y en el santuario aprendí la historia de esa congregación que surgió en
las guerras mundiales en Alemania. Donde su fundador en pleno conflicto bélico y horrores de la guerra
ayudo a salvar a muchas personas de las persecuciones, heridos y todo aquel padecía
ese espanto.
Aunque, su principal milagro fue en
la capilla de la virgen la cual se encontraba en una zona que fue atravesada
por las dos guerras mundiales sufriendo explosiones de todo tipo, pero su punto
culmine fue durante la segunda guerra mundial cuando estaba finalizando y las
aviones Británicos y norteamericanos bombardearon con explosivos incendiaros
todo el lugar. Allí su líder Kentenich le dijo a todo el pueblo que entrara al
a capilla de la virgen y que rezaran. Al terminar el bombardeo solo quedaban cenizas
de lo que fue la ciudad sin embargo milagrosamente la capilla quedo intacta y
sus feligreses sobrevivieron, otra vez gracias la obra de la virgen.
-Jaj- no sé por qué pienso en esto, quizás es porque
me doy cuenta que me despido de este mundo o espero un milagro que me salve. Aunque,
quien diría, después de haber llevado a la virgen a su santuario que ahora este
en esta sala moribundo en el hospital de las hermanas de Schostand.
La verdad que no se, me está dando
mucho cansancio y me está dando sueño, tal vez es el sueño del que nunca
despierte. Tratare de resistir viendo a mi esposa y eso me de fuerzas para
continuar un rato mas,
- Pobrecita sentada al lado mío se quedó
dormida exhausta- Tal vez el descanso es lo mejor y cuando despierte yo ya me
haya ido, en especial por que no se dio cuenta que las enfermeras ya no están
pasando, llevó el conteo de sus guardias y esta vez no lo hicieron- creo que es
mi fin- ¿Cómo saberlo?
A quien preguntarle como si frente a
mi en ese sillón a los pies de la cama estuviera sentado alguien. Como en aquel
cuento que había visto en la televisión cuando era chico era un cuento donde un
soldado atrapaba a unos demonios y uno de estos le daba una copa. Esa copa si
la llenaba con agua y la ponía frente a un enfermo permitía ver a la muerte. Si
ponía la copa frente al cama del enfermo y la muerte estaba a sus pies, el
enfermo sanaría. En cambio, si la muerte estaba en la cabecera significaba que
la muerte reclamaba la vida del enfermo y no había nada que hacerle.
Es una cosa rara pero ya estoy
cansado y quiero saber si voy a vivir o a morir Jaj ,si que cosa más extraña
ansiedad a la muerte.
Me pregunto si ese cuento tendrá
algo de verdad. ¿Por qué no preguntar? Aunque sea con las pocas fuerzas que me
queda:
-Muerte, ya dime si estas en la cabecera o estas
en los pies de mi cama-
Pasaron los minutos, a lo que
entendí que era una simple locura de mi estado, y cerré mis párpados cuando
casi al mismo tiempo que los cerraba un rechinido se escuchaba en el que se
abría la puerta del baño que estaba cerrada.
Y lo entendí, la muerte había estado
en mis pies, en ese sillón frente a la cama y se había retirado. Voy a vivir,
me dije, y ahí fue que cerré mis ojos y pude dormir.
A la mañana siguiente, la enfermera
nos despertó a mí y a mi esposa. Mis signos vitales se habían normalizado. Si
todo continuaba de esa forma al día siguiente podría ir a casa y así fue a la
mañana siguiente partimos a casa para no volver al hospital.
Aunque siempre quedara en mi
recuerdo esas coincidencias habrán sido casualidad o abran sido otra cosa.