lunes, 16 de marzo de 2026

¡Por favor no dejes que se lleven a mi hijo!

 




Foto:La retaguardia

Por JaBond

 

Hace no mucho tiempo unos 60 años, Capital Federal (hoy CABA) y los suburbios eran zonas completas de ríos y arroyos donde la gente se bañaba durante los veranos.

Años después, con la contaminación, el crecimiento urbano y fundamentalmente con el descuido, adrede, la región fue perdiendo su vida frente al río y trasladándose a lugares privados como piletas de natación de clubes o de mansiones.

Sin embargo, la perdida de estos lugares de recreo no impidió que la gente de bajos recursos buscara otros sitios donde refrescarse durante el calor estival.

En las zonas más alejadas como Monte grande existen tierras de las cuales se obtenía tosca. Una arcilla impermeable que se utiliza para las construcciones. Cuando esas explotaciones se terminaban los pozos quedaban, ya que era muy caro rellenarlos, y al ser impermeables con el tiempo se llenaban de agua de lluvia y se convertían en lagunas.

Unas lagunas que a simple vista parecen piletas, por la tranquilidad de sus aguas, pero que son muy peligrosas por su profundidad y sus corrientes submarinas.

Aunque para la gente de bajos recursos se convierte en una playa a unos pocos kilómetros o metros de casa donde poder refrescarse del calor durante el verano.

Una de las tosqueras de Monte Grande, se había convertido en un lugar que se llenaba de gente casi todos los días en las épocas de calor y que el dueño del lugar, que tenía cosechas de girasoles aledañas, detestaba que la usaran los vecinos y la gente de alrededores.

Si bien, la excusa eran sus campos, la tosquera estaba alejada y la gente era cuidadosa de los sembradíos. En realidad, lo que subyacía, por parte del dueño, era un rechazo a la gente y a su felicidad.

Por eso busco evitar que la gente acudiera a la laguna. Lo intento todo, primero puso seguridad, pero no fue efectiva ya que, además de ser muy costosa, la gente encontraba la forma de entrar y los guardias no estaban dispuestos a poner en juego su vida por la paga.

Luego puso perros, pero la gente encontraba la forma de distraerlos para que no atacaran.

Finalmente, ya desahuciado busco otra forma menos convencional para que la gente no se bañase. Un gualicho, un gualicho con el que maldijo la tosquera y a quien entrara en sus aguas.

Algo que fue recodado por la gente que vivía cerca de ella aquellos días de fines de enero, cuando  el firmamento se volvía cobrizo por los últimos rayos del sol y la noche asomaba ante un cielo inmaculado, mientras la tosquera se cubría de una densa niebla gris con luces intermitentes que emergían en los matorrales aledaños.

Al día siguiente de febrero, la gente del lugar que disfrutaba nadar por las mañanas salieron asustados de la laguna. Avisando, a quién pudiera, que no ingresen al agua ya que había algo extraño como algas, raíces o correntadas que casi los hunde.

Si bien las zonas linderas estuvieron al tanto del peligro, las personas que vivían más lejos no se enteraron de los peligros que ahora se presentaban.

Al día de hoy, todavía hay gente que suele escuchar las sirenas de la interminable fila de ambulancias que acudían en socorro de los ahogados.

Aunque en aquella tragedia hubo un halo de luz. Fue algo tan rápido que nadie recuerda bien como sucedió, solamente que era un día soleado, las familias disfrutaban de la laguna cuando sigilosamente una niebla comenzó a brotar del agua y todos los que estaban en ella comenzaron a ser succionados hacia el fondo.

Muchos sucumbieron en el momento, otros pudieron resistir, la gente gritaba y pedía ayuda. Algunos se tiraban en el agua a intentar sacar a los suyos, otros no podían hacer más que ver como sus seres queridos se hundían. Una mujer, vio que su hijo se lo estaba comiendo la laguna y, desesperada, corrió en su ayuda, pero no sabía que hacer porque no sabía nadar. En su marcha, tropezó con una raíz y cayó al suelo.

Al levantarse, vio en el piso una estampita de la virgen deteriorada. La tomo y se le ocurrió acercar sus manos y rezar, al verla otros se sumaron al rezo. Cuando, en un día soleado y sin viento, una ola saco a la gente de la tosquera.  

Inmediatamente, la madre pudo ir con su hijo el cual si bien había tragado agua se recuperó al poco tiempo.

Lamentablemente, muchas personas, aun con la ayuda de los médicos, no lograron sobrevivir.

Desde ese entonces, frente a la tosquera se construyó una capillita con una cruz donde se recuerdan a los caídos ese día. Pero también, hay una virgen, la virgen del mar la cual la gente acude en pos de ayuda para sanar a sus seres queridos.

Con respecto a la tosquera, ya nadie se adentra en sus aguas, ya que es un lugar peligroso y maldito.

 

Inspirado en partes de una película.

IA

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