Foto:La retaguardia
Por JaBond
Hace no mucho tiempo unos 60 años, Capital Federal
(hoy CABA) y los suburbios eran zonas completas de ríos y arroyos donde la
gente se bañaba durante los veranos.
Años después, con la contaminación, el crecimiento
urbano y fundamentalmente con el descuido, adrede, la región fue perdiendo su
vida frente al río y trasladándose a lugares privados como piletas de natación
de clubes o de mansiones.
Sin embargo, la perdida de estos lugares de recreo
no impidió que la gente de bajos recursos buscara otros sitios donde
refrescarse durante el calor estival.
En las zonas más alejadas como Monte grande
existen tierras de las cuales se obtenía tosca. Una arcilla impermeable que se
utiliza para las construcciones. Cuando esas explotaciones se terminaban los
pozos quedaban, ya que era muy caro rellenarlos, y al ser impermeables con el
tiempo se llenaban de agua de lluvia y se convertían en lagunas.
Unas lagunas que a simple vista parecen piletas,
por la tranquilidad de sus aguas, pero que son muy peligrosas por su
profundidad y sus corrientes submarinas.
Aunque para la gente de bajos recursos se
convierte en una playa a unos pocos kilómetros o metros de casa donde poder refrescarse
del calor durante el verano.
Una de las tosqueras de Monte Grande, se había
convertido en un lugar que se llenaba de gente casi todos los días en las
épocas de calor y que el dueño del lugar, que tenía cosechas de girasoles aledañas,
detestaba que la usaran los vecinos y la gente de alrededores.
Si bien, la excusa eran sus campos, la tosquera
estaba alejada y la gente era cuidadosa de los sembradíos. En realidad, lo que
subyacía, por parte del dueño, era un rechazo a la gente y a su felicidad.
Por eso busco evitar que la gente acudiera a la
laguna. Lo intento todo, primero puso seguridad, pero no fue efectiva ya que,
además de ser muy costosa, la gente encontraba la forma de entrar y los
guardias no estaban dispuestos a poner en juego su vida por la paga.
Luego puso perros, pero la gente encontraba la
forma de distraerlos para que no atacaran.
Finalmente, ya desahuciado busco otra forma menos
convencional para que la gente no se bañase. Un gualicho, un gualicho con el
que maldijo la tosquera y a quien entrara en sus aguas.
Algo que fue recodado por la gente que vivía cerca
de ella aquellos días de fines de enero, cuando el firmamento se volvía cobrizo por los últimos
rayos del sol y la noche asomaba ante un cielo inmaculado, mientras la tosquera
se cubría de una densa niebla gris con luces intermitentes que emergían en los
matorrales aledaños.
Al día siguiente de febrero, la gente del lugar
que disfrutaba nadar por las mañanas salieron asustados de la laguna. Avisando,
a quién pudiera, que no ingresen al agua ya que había algo extraño como algas,
raíces o correntadas que casi los hunde.
Si bien las zonas linderas estuvieron al tanto del
peligro, las personas que vivían más lejos no se enteraron de los peligros que ahora
se presentaban.
Al día de hoy, todavía hay gente que suele
escuchar las sirenas de la interminable fila de ambulancias que acudían en
socorro de los ahogados.
Aunque en aquella tragedia hubo un halo de luz.
Fue algo tan rápido que nadie recuerda bien como sucedió, solamente que era un día
soleado, las familias disfrutaban de la laguna cuando sigilosamente una niebla comenzó
a brotar del agua y todos los que estaban en ella comenzaron a ser succionados
hacia el fondo.
Muchos sucumbieron en el momento, otros pudieron
resistir, la gente gritaba y pedía ayuda. Algunos se tiraban en el agua a
intentar sacar a los suyos, otros no podían hacer más que ver como sus seres
queridos se hundían. Una mujer, vio que su hijo se lo estaba comiendo la laguna
y, desesperada, corrió en su ayuda, pero no sabía que hacer porque no sabía
nadar. En su marcha, tropezó con una raíz y cayó al suelo.
Al levantarse, vio en el piso una estampita de la
virgen deteriorada. La tomo y se le ocurrió acercar sus manos y rezar, al verla
otros se sumaron al rezo. Cuando, en un día soleado y sin viento, una ola saco a
la gente de la tosquera.
Inmediatamente, la madre pudo ir con su hijo el
cual si bien había tragado agua se recuperó al poco tiempo.
Lamentablemente, muchas personas, aun con la ayuda
de los médicos, no lograron sobrevivir.
Desde ese entonces, frente a la tosquera se construyó
una capillita con una cruz donde se recuerdan a los caídos ese día. Pero también,
hay una virgen, la virgen del mar la cual la gente acude en pos de ayuda para
sanar a sus seres queridos.
Con respecto a la tosquera, ya nadie se adentra en
sus aguas, ya que es un lugar peligroso y maldito.
Inspirado en partes de una película.
IA
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