Por JaBond
Laureana iba todos
los días a su trabajo en el banco. A diferencia del resto de los empleados, su
oficina estaba en el 2do subsuelo donde había una sola computadora, un baño en
el pasillo y un pequeño pulmón, donde salía a fumar para tomarse un descanso.
Su tarea la
realizaba, solamente, con los materiales de esa oficina la cual era revisada
por la seguridad con un detector de metales al entrar y al salir del edificio. Incluso,
sus pertenencias quedaban guardadas en un locker al entrar.
Nunca supo
bien, ni le intereso, de que se trataba su labor, solamente debía resolver unos
complejos asientos contables de lo que alguna vez había escuchado que le
llamaban la zona H. Ella se encargaba del H.
Los viernes cada
tres meses, antes de retirarse imprimía la última hoja del informe del día y
directamente, sin escalas, se tomaba el ascensor hacia el despacho de los
gerentes en lo alto del banco. El mismo, era una gran sala de reuniones, con
algunas luces violáceas, donde se llegaba a ver el rio y que antes de entrar tenía
una gran sala donde estaban sus secretarias. Todas chicas jóvenes de 20 años
que parecían sacadas de una agencia de modelos.
Si bien su
trabajo no era el más entretenido la paga era buena y durante la jornada estaba
prácticamente sola, a veces demasiado sola. Aunque recibía de vez en cuando la
visita de Susana la empleada del café con la cual siempre se quedaba chusmeando
y se había hecho amiga.
Un día todo
cambio, un viernes cuando fue a entregar el informe y se encontró que estaba un
gerente de otra sede que hablaba fuerte por teléfono con lo que parecía la jefa
de personal:
-¡Gordas, solo me traes gordas! -
y muy despacito se escuchaba y que queres son las únicas que quieren ir a
trabajar ahí.
Cuando el
gerente la vio a Laurena, rápidamente colgó y se fue como si no la hubiese visto.
A partir de ese día le prestó atención a las chicas que trabajaban de secretarias
y noto que cada vez que iba no eran las mismas, lo que le llamo la atención.
Esa semana se cruzó
con Susana y se puso a charlar y le pregunto si sabia algo del continuo cambio
de secretarias, a lo que Susana respondió: ah no es nada, lo que pasa es que
las chicas quieren todo de arriba no quieren laburar y se van.
Laurena, si bien escucho las
palabras de Susana que no le convencieron demasiado, siguió como si nada.
La semana
siguiente, mientras hacia los asientos contables muy concentrada, sintió una
brisa fría que paso por el pasillo, como si una persona hubiera pasado, fue
hacia la puerta, pensó que era Susana miro el pasillo y no había nadie, así que
continuo con lo que estaba haciendo.
Al rato, cansada,
decidió salir a fumar al patio y cuando llego vio parada en una esquina fumando
una mujer rubia, hermosa, elegante, de camisa blanca y pollera negra hasta las rodillas.
Su presencia la dejo aturdida por unos
instantes, ya que, era la primera vez que veía a alguien en ese patio y le dijo
-Hola, te puedo acompañar para fumar.
La mujer que
estaba de espaldas giro a la mitad de la cara y con un si por supuesto giro el
cuerpo y llevándose el cigarrillo a la boca se fue en dirección de Laureana.
Laureana si
bien por un momento estuvo contenta por que tenia alguien con quien charlar, la
presencia de la mujer la perturbaba. Fue así que la mujer le dijo- ¿Cómo te
llamas?
Laureana-tímidamente respondió-Laureana-
-Yo me llamo Sonia-¿de qué
trabajas?
Laureana- y estoy en este
subsuelo haciendo unos asientos
-Sonia: unos asientos contables
que los viernes cada tres meses los llevas a los gerentes
L: Si, ¿vos como sabes? Dijo sorprendida
S: yo solía hacer tu mismo
trabajo, hasta que un día todo termino, pero hoy estoy de visita. Cada tanto
vengo.
L:¿pero como trabajaste aca? a mi
nunca me dijeron nada, incluso Susana ni menciono del alguien que haya trabajado.
S: Susana, esa delincuente, cuídate
de esa. ¿Vos sabes lo que hace esa mujer?, esos viernes que vas que están todas
las pibitas esas.
Laureana que no entendía bien y
se sorprendida con lo que decía le dijo -para. ¿vos también te pareció raro lo
de las pibas?
S: Raro, no , yo vi lo que pasaba
en ese lugar por eso ya no estoy aca. Y esa Susana, sabe todo, es mas es un
engranaje de lo que pasa en aquella oficina. La recuerdo bien, todos esos
viernes lleva el carrito con las bebidas bien separadas, a la derecha la de los
gerentes con algo que los levante, que toman antes de comenzar, y a la
izquierda el te de las secretarias, que las ablanda para luego hacer con ellas
lo que quisieran.
-Luego, sale a la oficina de las secretarias
y las hace pasar diciendo que es un balance o algo por el estilo y se va. Y
luego, pasan cosas horribles que hace que esas chicas no vuelvan, incluso no
vuelven nunca más, como yo.
Laureana, ya sin entender
claramente lo que decía- dijo- ¿para que le hacen a las chicas?-
S: Y que les van a hacer? Pensalo.
Laureana quedo
helada con las palabras de Sonia, hasta que ella le dijo, no tenías cosas que hacer.
Laureana, tirando el cigarrillo, dijo si tenes razón y casi corriendo regreso a
su tarea.
A partir de
esa noche, no pudo dormir bien y comenzó a pensar en Sonia, Susana, las chicas
que faltaban y el trabajo. Incluso comenzó a tener sueños con Sonia que se le aparecía
y le decía no entendiste lo que pasa.
Esa semana, luego
de varios días sin verla se cruzo a Susana, y en el patio entre pucho y pucho
le pregunto por si conocía a una tal Sonia. Susana al escuchar el nombre, se le
desfiguro la cara, pero desacopladas de su gesto le salieron las palabras:-¿Sonia?
¿Pero que Sonia? Yo la única Sonia que conozco es una chica que murió hace
muchos años, me parece que estás trabajando mucho nena.
La escena,
lejos de tranquilizarla, le empezó a generar pánico. En que trabajo se había metido
que seria de las chicas esas e incluso que seria de ella. Quizás un día la
lleven a ese lugar y seguramente algo malo le harían o no. Pero, aunque fuera así,
el solo hecho de pensar en esas pibas en manos de esos asquerosos era algo que
no lo podía soportar. Solamente le surgía la pregunta ¿qué hacer? e incluso sus
nervios aumentaban ya que en pocos días tocaba un nuevo informe.
Finalmente, el
jueves, durante un breve rato en el pudo dormir, tuvo un sueño en el que Sonia
le decía y le repetía vos ya sabes que hacer…
El viernes, los
nervios de Laureana estaban por los aires, solamente le retumbaba el sueño con
el- vos ya sabes que hacer- Mientras, sentía ese ruido, hacia su tarea. Terminaba
el informe, lo imprimía y tomaba el ascensor hacia el piso de los gerentes.
Al entrar a la
oficina de las secretarias, comenzó a ver a las chicas: todas pibas, que seria
de ellas. Y allí, al entrar al despacho, se dio cuenta que había una subsala
pequeña donde había un carrito con unas bebidas y unas teteras.
Como una
especie de aparición recordó las palabras de Sonia, el carrito con las bebidas.
Susana lo había dejado preparado en el lugar indicado, pero esta vez vaya a
saber por qué se había retirado.
Como una revelación,
Laureana se dio cuenta que hacer. Se acerco rápidamente al carrito y cambio las
bebidas de manera que los gerentes tomaran el brebaje para las secretarias.
Luego, entro y les entrego el informe a los gerentes y al salir, rápidamente no
sea cosa que volviera Susana, les dijo a las secretarias.
- Estimadas, recién
hable con los gerentes y me pidieron que les informe que la reunión se suspendió
y que vayan a sus casas.
Las secretarias,
no entendían lo que pasaba, pero al ser nuevas y ver que Laureana salía del
despacho de los jefes inmediatamente se retiraron. Cuando, salió la ultima
chica aprovecho y trabo la puerta como recordaba que le había contado Sonia.
Luego se fue a su casa.
Esa noche,
luego de varias semanas pudo dormir. Aunque pensaba que seria de todo lo que había
hecho, volver al trabajo o no el día lunes. Si no volvía serio sospechoso, pero
si volvía era exponerse.
Finalmente, decidió
que lo mejor era ir al trabajo y en unos días renunciar para no llamar la atención.
Al llegar el lunes, toro era normal hasta que al ingresar lo sorprendió las
caras risueñas de los de seguridad y el buzón de renuncia explotado de cartas.
Al ingresar, los
de seguridad no la dejaron pasar, le informaron que estaba despedida y que le estaría
llegando el telegrama de despido con el informe del cobro de la indemnización
correspondiente.
Al salir, todavía
sin entender que había pasado, reconoció a una de las secretarias del viernes y
se arrimo y le pregunto si sabía que había pasado.
La
joven, dijo ¿no te enteraste?, va que te vas a enterar si estos son re pesados.
Viste el viernes que suspendieron la reunión: bueno resulta que la puerta se
trabo y quedaron encerrados los gerentes. Pasaron varias horas y como no salían
y no había comunicación comenzaron a llamar las familias, ya que era raro que
no volvieran a sus casas o al menos avisaran.
-Bueno a la
madrugada, los guardias de seguridad fueron hasta el lugar y entraron, al ingresar
al despacho encontraron un horror. Todos esos gerentes desnudos, algunos con
ropa de cuero, elementos de masoquismo, tortura, encamados entre ellos,
haciendo un trencito a falta de otros u otras. Un asco. Que suerte que nos avisaste igual yo acá no
vuelvo.
Al escuchar
las palabras de la chica, le cerro todo. Inconscientemente, como en los sueños
de Sonia, sabia que era lo que estaba pasando. Cuantas cosas habrán ocurrido en
ese lugar, pero bueno al menos me puedo quedar con la tranquilidad de que esto
termino al menos por un tiempo.
IA
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Adelante haga sus comentarios