Por Jabond
Los pueblos del interior de la provincia de Buenos Aires están
plagados de leyendas y personajes de diversa índole. Mezclados entre historias
burlonas, pasiones, amores o sujetos
misteriosos conocidos solamente a través de la envidia, rumores o el chisme.
Una de estas historias ocurrió hace mucho tiempo haya por
Henderson en una pequeña despensa donde
atendía todos los días un hombre flaco, alto, de pelo corto con algunas canas,
cara pálida, arrugada y delgada, que parecía como si estuviera chupando hacia
dentro sus cachetes, que hacía que algunos lo apodaran como el “Chufaseca”.
En aquellos tiempos Henderson era un pueblo muy pequeño con muy poca
población donde todos se conocían plenamente pero lo llamativo era que del
Chufaseca nadie sabía su historia.
Los más viejos, de los pocos que había, contaban que lo único que
sabían de él es que un día llego con el tren con una simple valija y pidió
trabajar unos días en el almacén de Ramos Generales. Por ese entonces el dueño
no tuvo problemas en darle el trabajo pero a los pocos meses dejo el almacén y
se puso la pequeña despensa, que tuvo por más de 15 años.
El Chufaseca era de carácter parco, poco conversador y amable con la
gente. Sin embargo, su poca predisposición a la charla y su soledad hicieron
correr miles de rumores.
El primer gran rumor que circulaba era que había sido socio del
dueño del almacén de Ramos Generales y por plata se habían peleado y desde ese
entonces se puso la despensa.
Algunos mas curiosos, que en el aburrimiento solían seguir sus
movimientos, veían que una vez por mes
esperaba una cierta cantidad de paquetes que traía el ferrocarril. Estos decían
que el Chufaseca en realidad se
encargaba de levantar las apuestas clandestinas que se hacían por la zona y que
la despensa era una fachada.
Otros mas conspirativos, decían que el Chufaseca tenía alguna
historia oscura, habría sido algún forajido, un hombre de negocios turbios, que
por un atraco, estafa o robo de dinero debió escapar de la ciudad e instalarse
en un lugar tan lejano como lo era Henderson por aquellos años.
Finalmente, los amantes del chisme y del prejuicio, decían que al
Chufaseca le gustaban los hombres y cuando salía a dar una vuelta a caballo o
por las noches seguramente se encontraba con otros hombres para hacer encuentros sexuales multitudinarios y
morbosos.
Toda una serie de rumores que siempre fueron incomprobables y que al
Chufaseca nunca le importaron. Sin embargo todo cambio una mañana de primavera,
cuando una de las clientes habituales, que solían comprar el pan y el dulce de
leche, entro a la despensa y lo encontró ahorcado colgado de una de las vigas
del almacén. El grito de la pobre señora, antes de desmayarse, se escuchó en
todo el poblado.
Los transeúntes que estaban cerca corrieron al lugar y llevaron a la
señora afuera para que tomara aire y llamaron a la policía.
El comisario, al llegar, comenzó por ordenar el alboroto que se
había armado alrededor del almacén y puso a trabajar a sus hombres. Cuando comenzaron su trabajo su primera
hipótesis fue el suicidio, ya que en una primera revisión el lugar parecía
intacto solamente con el fallecido.
Sin embargo, cuando la señora se recompuso y contó que la puerta
estaba abierta, se empezó a hablar de un crimen y aquellos rumores se
convirtieron en líneas de investigación.
Al primero que fueron corriendo a ver fue al dueño del almacén de
Ramos Generales, quien al interrogarlo no agrego mucho al caso solamente que
confirmo parte de aquella historia en la cual le había dado trabajo y que luego
de un tiempo se puso el almacén. Aunque,
también fue el quien le dio la idea y le presto el dinero para el almacén
ya que quería evitar el surgimiento de futuros competidores. Pero que luego su
relación se esfumo.
Después, comenzaron a buscar a alguien que lo conociera y el actuar
de la policía llevó a buen puerto. Unos crotos de la zona confesaron que lo
conocían y que a veces solían juntarse a jugar a las cartas, por plata, en la
noche en su almacén y que era un gran amigo y les dio mucha tristeza su
fallecimiento.
Los gauchos contaron que uno de ellos estuvo esa noche, el cual en
su interrogatorio dijo que estuvo esa noche pero que se fue temprano incluso el
Chufaseca cerró la puerta con llave al retirarse. Su declaración hizo que se lo
llevaran detenido.
Al rato, los policías que revisaban la casa encontraron algo
impensado: un cuartito secreto con una mesa y en él, escondida, una caja fuerte
abierta. Sobre la mesa había unos papeles con números, sobres, un abre carta y
algunos paquetes que eran del ferrocarril.
La policía se dirigió al jefe de estación del tren y al del correo y
preguntaron por los paquetes que le llegaban al Chufaseca. Ellos les dijeron
que, generalmente ese tipo de encomiendas suelen venir productos de almacén
pero también pueden venir otras cosas como objetos de contrabando ya que podían
adulterarse las direcciones.
La escena que al principio parecía simple se había vuelto totalmente
compleja y el suicidio se había convertido en crimen. Sin embargo, no se
encontró nada mas en la escena del crimen, la autopsia no logro determinar si
se colgó solo o alguien lo colgó e incluso bebió algo antes de su muerte whisky
con otra sustancia que no pudieron identificar de que se trataba. En el
ferrocarril, revisaron los paquetes y no encontraron nada. Pasado un mes,
tampoco volvió a llegar alguna correspondencia para el Chufaseca.
Pasados tres
meses, la fiscalía comenzó a establecer que no había pruebas contra ninguno de
los sospechosos, así que liberaron al Croto y la investigación quedo frenada ya
que no había nada nuevo que agregar.
Finalmente pasado un año, se decidió que
ante la falta de pruebas la muerte habría sido un suicidio y la causa se
cerró.
Aunque, pasadas
varias décadas todavía se sigue escuchando, en algunos encuentros donde se
cuentan historias, de esa mañana en Henderson y el misterio de la muerte del
Chufaseca.
IA
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