Foto:Ambito Financiero
Por
Jabond
Bueno una última
parada antes de llegar al puesto, arrojamos la carga en la laguna y ya
terminamos con esta jornada. Esperemos que este viento fresco no levante mucho
polvo y nos retrase - Dijo el Sargento mientras tiraba una colilla del
cigarrillo por la ventana del camión.
Zapata, tomando con una mano la cruz que tenía
colgada en el cuello dijo- Si es verdad, pero le voy a confesar algo, mi
sargento, no me gusta venir a estos sitios.
Sargento: Pero no me diga que usted tiene
miedo ¿a que le tiene miedo se puede saber? Hace ya varios años que venimos
haciendo lo mismo a fin de mes. Y es más, hoy solo son un par de restos de las
donaciones que nos hizo la Cementera al Batallón 601.
Zapata:
Es verdad tiene razón, hace mucho que venimos haciendo esto pero el tema es la
noche y el lugar.
Sargento: La noche y el lugar. Sea más
claro soldado que no lo entiendo.
Zapata: Si, el lugar, ese Pozo donde
tiramos todo. Sabe: en donde yo vivo, haya por Guaymallén, se contaban
historias.
Sargento: ¿Historias? Sigo sin entender.
Zapata: Si a esos lugares le llamaban el “agua de los muertos” o “agua del gritadero de las ánimas”:
contaban las leyendas que, en una noche de eclicse de luna, unos indios
mapuches, muy malditos, perseguían a otros indios para asesinarlos. Y al
parecer, estos indios en el momento que se vieron acorralados pidieron ayuda a
sus dioses y sus plegarias fueron escuchadas. Al pasar los mapuches un agujero rojizo
con agua se abrió y se los trago. Como una puerta del infierno. A partir de ese
día puede escucharse a veces ruidos de gritos y gemidos que no son otra cosa
que las almas en pena condenadas al infierno y de ahí su nombre
Jorge-que había estado callado por un largo
rato dijo- si a mi también me han contado historias pero para mí que eso lo
hacen los padres para que nos portemos bien y que no salgamos a pavear a la
hora de la siesta o para entretenernos un rato.
Zapata: Si, no sé, pero me da mal augurio,
estamos yendo al lugar y es noche de eclicse.
¿¡Mal augurio?!- vocifero el Sargento-
tanto kilombo por una lagunita de mierda para mi que usted es un maricón y está
dudando de nuestra misión para salvar al país de esos subversivos de mierda.
Zapata-No, no, para nada. Estoy completamente
seguro de mi misión para terminar con la subversión. Pero este lugar y esta
noche no me gustan.
-Zapata: No me da miedo la tarea pero preferiría estar en otro sitio
El camión continuaba su camino,
mientras la luna se iba tornando
completamente roja. En la ruta no había nadie, solamente se escuchaba el ruido
del motor hasta que Jorge, que iba manejando, dijo--Bueno vayamos preparándonos
que estamos llegando. Para luego , desviarse de la ruta y tomar el camino de
ripio hacia la Laguna.
Habían avanzado algunos metros y el viento
fresco se tornó cálido.
Zapata: Lo notó Sargento, viento Zonda. Acá
en Malargüe, a esta altura del año y en esta zona ,es raro.
Sargento: Zapata, me está empezando a
calentar con sus supersticiones.
Bueno llegamos- expreso Jorge luego de
acomodar el vehículo a unos cuantos metros de la laguna.
Mete el camión bien cerca del pozo y ponelo
de culata- Le indico el Sargento a Jorge
De repente el viento cálido comenzó a
levantarse y resoplaba cada vez mas fuerte. El eclipse entraba en su etapa
principal.
Zapata se puso nervioso- mire capitán escucha,
ese viento no es común.
Sargento: Usted es un cagón, hace años que
hacemos esto y hoy, que solo tiramos un poco de cemento, le da miedo. Jorge metele que el cagón de Zapata tiene
miedo. Cuando vuelva le voy a dar una mes en el calabozo.
Sargento: Dale, levanta el montacargas
-El viento aumentaba y comenzaban a
escucharse como voces. Zapata se puso pálido
Zapata : Las ánimas.
Sargento: que animas y que ocho cuarto, es
el viento de la cordillera seguí Jorge no le hagas caso al cagón.
El camión comenzó a tirar la carga, pero de
repente el montacargas se trabo quedando inclinado con parte del cemento
atascado.
Sargento: Dale Jorge subí mas
Jorge: creo que se atascó mi Sargento.
Sargento: Dale Zapata deja de pelotudear
subí y ayuda a tirar la carga.
Zapata, medio tembloroso, se subió al montacargas
y con una pala empezó a tirar el cemento y de repente apareció un brazo de un
cuerpo.
Zapata- se asustó-: no puedo seguir .
El Sargento tiro un insulto al aire -pero
que tagarna inútil- hace cuanto que venimos haciendo esto, se les habrá pasado
un muerto más un muerto menos, a los que venimos tirando. Ya vamos a ver esto en
el cuartel- empujo a Zapata que casi se cae a la Laguna- se subió al montacargas y continuo tirando el cemento y empujando el
cuerpo cada vez mas hacia el borde que le iba costando mas.
Intempestivamente, el viento comenzó a soplar con
una fuerza huracanada el aire cálido hacía
sentir que estuvieran en una hoguera. Tal fue la fuerza que movió un poco el
camión y levanto el montacargas.
El sargento, sintió como si
lo empujaban y se cayó hacia el fondo del camión, mientras caía el cemento y el
cuerpo hacia la laguna.
En su desesperación, por no caer, se agarró
de una de las barandas del camión. Pero quedo helado cuando sintió un frio en
su pantorrilla. Era el muerto que se agarraba de el como intentando salvarse o
tratando de llevárselo con sigo.
El
Sargento se agarro fuertemente y comenzó a gritar a Zapata ayudame boludo no
ves que me caigo.
Zapata se abalanzo para ayudar al capitán
pero se vio paralizado ante el espectáculo.
El viento se había vuelto ensordecedor esas
voces se habían convertido en gritos como almas condenadas al infierno y el sargento se precipito hacia el pozo junto
con el cadáver.
Abajo, la laguna oleaba salvajemente como
una olla hirviendo y Zapata juro ver en el fondo de la misma, en sus aguas
cristalinas, un montón de cuerpos que se abalanzaban y agarraban al sargento el
cual caía en sus aguas para desaparecer.
¡Sargento! grito Zapata y atino a correr en
su ayuda pero Jorge lo detuvo:
¡Para, para ya no se puede hacer nada!- grito Jorge.
Zapata-¿Como?
Jorge: Ese pozo tiene corrientes y canales
submarinos una vez en él no se puede salir por eso tiran los cuerpos ahí, para
que desaparezcan. El capitán ya está muerto no se puede hacer nada.
Mientras
decían esto, el viento aminoraba y el eclipse comenzaba su etapa final.
Jorge dijo- la tarea ya está cumplida vámonos
a mí tampoco me gusta este lugar, no soy creyente pero las historias de este
lugar me hacen temblar las piernas y sobre todo ese nombre pozo de las animas o
de los muertos, en fin.
Subieron al
camión y continuaron hacia el puesto fronterizo. El viento zonda había mermado
como si nunca hubiera estado y a medida que se alejaban las voces también. Al
llegar, Zapata y Jorge informaron sobre lo ocurrido y expresaron no querer
volver al lugar.
Por su parte la
compañía evaluó que era algo muy riesgoso seguir tirando deshechos en el lugar
así que desistió de su tarea, en ese sitio.
Sin embargo, para
Zapata y Jorge, lo vivido los dejo marcados: fantasía o locura nunca pudieron
borrar la imagen del sargento cayendo en la laguna o entrando en el infierno, eso no importaba.
Lo único que
quedo, para ellos, fue pedirse la baja y llevarse en sus mas profundos
recuerdos atormentados durante los descansos a través de pesadillas de aquella noche
en la Laguna de Malargüe
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