miércoles, 22 de julio de 2026

El diario de Martina capítulo 9: Goma, pizza y traición

 



Por Angélica Bene

Querido diario:

Después de Lucas, mi angustia por sentirme vieja y sola desaparecieron y comencé a activar haciendo cosas para sentirme bien. Así que fui a la peluquería y me hice uno retoques en el pelo, comencé a caminar mas para disfrutar el sol y volví a juntarme mas seguido con las chicas para conocer gente.

En ese momento, cada una estaba en la suya así que los encuentros se hacían difíciles, pero ellas se pusieron en campaña para ayudarme conocer a alguien.

La verdad, estaba tan aburrida en casa, que llegaba del trabajo y me tomaba un vino blanco yo sola para pasar el rato. Así que con tal de conocer a alguien para divertirme me bastaba.

Fue ahí que nuevamente apareció Florencia que me dijo que tenía un conocido un “facherito” de ojos claros que estaba solo con ganas de conocer a alguien. No alcance a decirle “ni”, que ella le paso mi número y solo quedo claro que alguien llamado Gustavo se comunicaría conmigo.

Paso una semana y media de eso, ya casi me había olvidado, cuando una noche de domingo me llego un mensaje que decía:

¡Lanus, Lanus se hizo la luz!

Al mirar el mensaje, lo primero que atine a pensar quien es el goma que mando esto.

Pero el siguiente que decía que Florencia le había pasado el contacto, me hizo acordar de lo charlado hace unos días.

Sin muchas expectativas, le envié una contestación, como para tratar de conversar y no sé por qué me respondió: -me llamo Gustavo pero me podés decir mi amor- a lo que ignore esas palabras  e intente continuar con la conversación.

Luego, se puso a hablar de política, a discutirme, a llevarme la contra e incluso quise cambiar de tema y hablar de música. Pero el de todas formas continuaba con su contraria a lo que yo decía.

Finalmente, cansada de tanta pavada, le mande un bolazo y le corte.

Al día siguiente llame a Florencia y le conté del muchacho este. A lo que me dijo

-uh perdona, pasa que es un buen pibe pero es medio tímido le cuesta comunicarse con las redes. Dale otra oportunidad, mira hagamos así yo arreglo una salida grupal y ahí lo conoces en persona que vas a ver que te va a encantar.

De mala gana dije- bueno esta bien.

El miércoles me llamo Florencia y me dijo: reserva el sábado que salimos.

Sin tener otra cosa que hacer, le dije que estaba bien y ella me contestó -vamos a ir a una sala de escape.-

-¿Una sala de escape???- dije con vos fuerte- ¿Que era eso? ¿Donde se tiraban pedos?¿Era un delincuente este pibe?

A lo que Florencia, como diciendo que le pasa a esta boluda, me dijo -pero no nena, parece que vivís en un taper. Son unos lugares de juegos. ¡Vos vení!

Y así quedamos el sábado en encontrarnos en una sala de escape que estaba por Villa Urquiza.

Al llegar, estaba Florencia y Romina con sus respectivos novios y Gustavo. La verdad que a simple vista era un lindo chico. Nos saludamos, todo muy cordial, y entramos a la sala de escape.

Cuando nos alistamos en el juego, de esas casualidades Romina dijo que se había olvidado la billetera en el auto y se fue para nunca volver.

Florencia con cero creatividad -dijo que se olvidó el agua de los fideos en la hornalla y se retiró.

 Quedamos Gustavo y yo solamente.

Si bien quedamos solos decidimos entrar al juego. La sala era una especie de acertijos que teníamos que resolver en un determinado tiempo, terminando cuando escapábamos del lugar.

Se ve que el juego que elegimos era para varias personas, porque los acertijos se dificultaban entre dos, pero pudimos ir sobrellevandolo.

Aunque la última parte se puso un poco molesta ya que era un acertijo donde había un escritorio con muchos cajones que uno los tenía que ir cambiando para finalmente abrir la puerta de salida.

No se, si le puse poca onda o si Gustavo estaba muy compenetrado, ya que, yo no podía coordinar la apertura de los cajones.  El me decía: a la una, a las dos y a las tres y abrimos al mismo tiempo los cajones y la verdad que no me salía. Lo que llevo al punto de que Gustavo me puteara.

Yo no podía entender: este boludo me insulta, tanto te va a importar este juego de cuarta. Casi lo mando a la mierda. Pero bueno no di bola. 

Al final no pudimos salir, perdimos. Eso llevo a que se enojara conmigo como un nene chiquito- hasta me dijo que sos: ¡pelotuda!-. Y que cada uno se fuera a su casa. De terror.

Aun así, se ve que algo me gusto ya que el finde siguiente nos volvimos a ver. Esta vez, fuimos a tomar algo a un bar donde estuvimos toda la noche. La pasamos bien conversando y cada uno a su casa.

Continuamos saliendo tres veces, que estaba todo bien, pero no me había dado ni un beso. Ya estaba pensando en que quizás era gay. Hasta que, como quien dice quemando las naves, lo invite a mi casa a ver una peli.

Era un viernes a la noche, vino a horario, se trajo un vino, comimos una pizza que pedimos y nos sentamos en el sillón a ver una peli.

Estábamos los dos sentados uno al lado del otro y el ni una caricia. Estaba congelado.

Espere un buen rato. Pensé, bueno el cualquier momento me abraza, el hombre es el que comienza con un beso. Y nada.

Ya, después de como una hora, cansada, dije bueno es tímido o gay- ya esta le doy un beso yo.

Me senté arriba de él lo abracé, puse mi cara frente a la de él y le di un beso. Se quedó un rato duro hasta que me confeso, que en realidad su problema era que no se lo caracterizaba como un ser con experiencias intimas con mujeres de forma recurrente.  Ahí me cerro todo. Era un nunca la pongo.

Si bien no me convencí de su persona, en ese momento me sentí identificada con él y, luego de remar un rato largo, logré que el esfuerzo diera sus frutos.

Desde esa noche comenzamos a salir bastante seguido y empezamos a noviar, o algo por el estilo. Noviamos como tres meses, era todo amoroso me daba regalos y chocolates. Hasta que un día comencé a notar que se comportaba extraño, me esquivaba, apagaba el celu y muchas veces no atendía.

Finalmente lo descubrí, el hijo de mil putas ese estaba con otra. Me estaba metiendo los cuernos.  Me dio una bronca y yo que había sido contemplativa.

Así que lo invite a casa a cenar. Le dije de comer una pizza.

El vino todo preparado como un winner. Cuando nos sentamos en el sillón, prendo la tele y le mostré una foto en la que estaba con la otra. El se puso blanco y comenzó a traspirar, casi se ahoga con la porción de pizza.  Por un momento, casi le estampo la pizza en la cara, pero me pareció tan patético ahí todo sentado, no se si hasta se meo encima, que a los gritos lo raje de mi casa.

Desde ese momento me quede con una bronca, y con ganas saciar mi sed de venganza. Alguien tendrá que sufrir.