sábado, 20 de diciembre de 2025

El Diario de Martina 4° parte: Una fría noche de julio: El secreto del Sereno

 



Foto: Canal 26
 

Por Angélica Bene

                Querido diario:

Después de aquella noche horrible en la pizzería, pero que afortunadamente conocí a Ignacio ya no me siento sola. Ignacio resulto un amor, nos mensajeamos día a día y el miércoles, que justo estaba cerca del trabajo al mediodía, fuimos a almorzar. Ese mediodía también, vaya a saber uno por que le salen esas ideas locas, decidí invitarlo el sábado al recital de Miranda, una banda que me encanta.

Esa semana, no contaba con ello, el trabajo se puso intenso sobre todo porque hubo muchas actividades, en especial cursos de distinto tipo de los cuales teníamos que hacerle la recepción y la organización, y por tal motivo hubo que atender a todo un zoológico de personajes, entre ellos algunos compañeros que pueden pasar de simpáticos a pesados.

                El lunes, me acuerdo que paso Luis el contador, un petiso regordete que siempre anda de traje, con los dientes amarillos por el café y el cigarrillo, que por momentos parece simpático y por momentos parece medio border. Ya que, suele ser amable pero también medio psicópata. Aunque lo que más me llama la atención de él son sus anécdotas, la cuales suelen ser recurrentemente en base a hombres, que pueden no serlo, y baños.

                Me acuerdo, alguna de ellas donde de la nada el asqueroso nos contaba que había ido al baño en la estación de tren Constitución y mientras hacía pis en el mingitorio, que por casualidad estaba solo, se le puso al lado un flaco medio sucio y le comenzó a decir, con vos ronca, “queres que te chupe la pija” , mientras le hacía gestos como tirándole besitos y él no sabía qué hacer, transpiraba, se puso nervioso y  me contaba “ y no sabía qué hacer, yo no quería que me chupe la pija”.

Otra historia, también en Constitución, hace tiempo cuando estaban abiertos los baños en el subsuelo: el me conto que también estaba haciendo pis y que de repente se cortó la luz. O sea que estaba en el baño de Constitución totalmente a oscuras, no se veía nada y mientras el trataba de encontrar la salida se escuchó un grito de “¡GUARDA CON LOS CULOS!”

No sé, todas historias muy bizarras, pero también graciosas. Para mí no quiere salir del closet. Cosa que esa semana se lo comenté a mi nueva compañera Julyette, que después me arrepentí a ver si era una chismosa y andaba contando por ahí.

Aunque, Luis si bien puede ser gracioso, es un personaje que prefiero tenerle cierta distancia ya que me parece un poco turbio, cosa que me la suele confirmar el de seguridad Jorge que me dice que me cuide de él. Jorge es una buena persona, un hombre de unos casi 60 años que prácticamente vive en la empresa, trabaja 24 por 7 con un franco semestral se podría decir, y que conoce todo lo que pasa en la empresa, pero gana poco y trabaja mucho para mantener a su familia.

Esa semana tan agotadora, que pienso en ella y me da cansancio, tan bien fue enloquecedora. Ya que, como había muchos cursos y mucha gente me la pase llamando a José el chico de mantenimiento, otro más que vive en la empresa. Todo el día corriendo de acá para allá solucionando problemas y no le quieren ni dejar comer una medialuna de las que están para los cursos, como si les faltaran. Pero que yo siempre le guardo porque es una buena persona y necesita energía, pobre muchacho.

Bueno, pero resulto ser que, finalmente luego de esa semana cansadora, tuve tiempo de ir a la peluquería y a la depiladora y llegué esplendida para el sábado.

A eso de las 8 de la noche me paso a buscar Ignacio con el auto, y fuimos a ver a Miranda, cerca de Palermo, esa noche hacia un frio que te congelaba hasta los huesos.

Dejamos el auto cerca del lugar, entramos e inmediatamente note la belleza que tenía Ignacio ante el público femenino, pero en especial al masculino. El cual, al ingresar y al verse observado cuasi- acosado por muchos de los espectadores, masculinos, se quedó pálido y paralizado, así que lo tome del brazo rápidamente y el me abrazo cual salvavidas en medio del mar ante la atenta mirada de sus fans, pero en especial a unos metros, de un gordo grandote con cara de Wallace con ganas de querer partirlo como un queso y que estuvo allí durante todo el show.

Por sur parte, Ignacio permaneció abrazado a mi todo el recital, hasta que finalmente al terminar con la gente retirándose nos dimos un beso, frente a la mirada celosa de mis muchos competidores.

Y bueno, luego de un ratito decidimos ir a un lugar más tranquilo, un telo. No sé por qué, esas casualidades de la vida, el frio de esa noche o quizás Saturno estaba en Venus pero comenzamos a recorrer los hoteles y estaban todos ocupados. Luego de buscar un rato, pasamos por la puerta del boliche América que parece estaba casi terminando y visualizamos un albergue que era muy bonito y se llamaba "Media Banana", o algo por el estilo.  Por suerte encontramos lugar para estacionar y entramos.

El ingreso al lugar fue el comienzo de una Odisea, porque entramos y a lo lejos se veía que venían un trabajador de seguridad y el de mantenimiento hacia donde estamos nosotros. Lo más curioso es que a medida que se acercaban me di cuenta que los conocía, eran José y Jorge, a lo que primero pensé fue pobres además tienen otro trabajo e inmediatamente me hice la boluda, para no verlos, y al parecer ellos también porque no me saludaron o por lo menos fingieron no verme, entregaron una llave, y se fueron.

Después, nos acercamos a la recepción, pedimos turno y nos dijeron que había un poco de espera ya que había varios anotados, aunque habían salido a fumar, aún con este frío, cosa que me llamo la atención. Nos sentamos a esperar con Ignacio frente a otra pareja, donde el chico decía “ahh que ganas de vivir solo para no pasar por esto”, a lo cual pensé la verdad tendríamos que haber ido a mi casa.

 Al rato, ya entendí lo que pasaba ya que entro un muchacho solo y pregunto si estaba disponible un turno,  al rato entro otro, después entraron dos chicos mas que también venían del recital de Miranda y varias parejas más de muchachos, es decir era un telo de todas las parejas .

A lo que no tendría problema si no fuera por Ignacio, ya que después de la experiencia del recital, para ese momento estaba en shock, y yo sentía que se me iba la noche.

Fue allí cuando por esos sucesos inesperados entro Luis, el contador, con una chica de la noche y comenzó, fiel a su estilo, a hacer alboroto ante las parejas para tratar de saltearse la fila. Esa distracción, me dio tiempo de abalanzarme contra la recepción a la que le rogué por favor una habitación donde la recepcionista se apiado de mí y me un cuarto.

En el momento que paso eso, las parejas que estaban atrás mío y se habían distraído con el quilombo, que hizo Luis, se dieron cuenta de que me dieron la habitación y se dirigieron enardecidas con insultos hacia la recepción. Mientras yo tomaba del brazo a Ignacio y me iba rajando hacia el cuarto.

Al entrar, ya con Ignacio recuperando el color, notamos que hacía frio y al llamar a la recepción, para subir la calefacción, notamos que todavía continuaba el bullicio.

Finalmente, luego de toda esa Odisea con Ignacio la pasamos muy bien toda la noche y por la mañana me llevo a mi casa.

Sin embargo, esta historia no se terminaría ahí, el lunes cuando llegue a la oficina, esa semana continuaban los cursos y Luis seguía molestando como siempre. Pero, posiblemente, me vio la noche del sábado y se entero de lo que pensaba de él ya que por momentos se ponía cerca mío y meneándose moviendo los brazos decía “ yo tenía una amiga, que pensé que era mi amiga, pero anda diciendo por hi que soy un gordito puto” .

Aunque todo termino, cuando en un momento quede sola y se acercó Jorge, el de seguridad, y de la nada saco del bolsillo un alfajor triple de dulce de leche y lo puso en mi escritorio y me dijo: no se qué viste el otro día pero te pido si podés guardar el secreto, uno trabaja muchas horas y bueno nunca sabe…

A lo que le dije, con una sonrisa tierna, no te preocupes Jorge, yo no vi nada, igual gracias alfajor.

 

jueves, 11 de diciembre de 2025

El diario de Martina 3ra parte: Pizza y desencantos

 


Imagen: UnoTV



Por Angelica Bene

Querido diario

Era de vuelta otoño y estaba sentada frente a la ventana, en mi nueva mesa-escritorio, viendo como las hojas se pegaban al vidrio en una tarde fría de lluvia. No se por qué pero la belleza de esos tonos cobrizos recubiertos de agua me hicieron sentir que estaba sola. Aunque no era cierto porque tenía a mis papis, a mis amigas y amigos pero aún, así lo sentí.

Esa sensación me generó las ganas de conocer a alguien. Alguien para salir, divertirme, alguien quizás pasajero ¡o no!  esas cosas una nunca se sabe cómo terminan, quizás noviando.

Pero, esta vez, quería probar algo distinto alguien que no tuviera nada que ver con el trabajo, la facultad y mis amigas. Por eso, se lo conté a Romi  y ella se ofreció a ayudarme en tal ardua tarea a la cual también se sintió tocada. Y las dos, abrazadas casi en llanto de la emoción, comenzamos la búsqueda.

Nuestro camino comenzó, con lo tradicional, recorriendo bares y boliches, pero no tuve buen resultado ya que solo encontré un desfile de pelotudos o pendejos que se hacían los cancheros y algún que otro que podía llegar a ser pero no hubo conexión.

Cansadas de esa búsqueda Romina me dijo ¿porque no te bajas Tinder? para ver si conoces a alguien en ultima te divertís y, si bien no me gustan las APP de citas, me la baje.

En la APP, entre a mirar y fui pasando las fotos como una especie de book todos re tuneados hasta que vi a un chico, uno años mas grande que yo, que si bien no era del todo fachero parecía interesante, porque su foto era frente a cuadro en un museo de arte. Le di me gusta y casualmente hicimos Match enseguida, lo que para mí fue toda una señal.

En su perfil y en los chats que tuvimos parecía un tipo culto que sabía de arte, de libros y películas así que bueno quizás era hora de conocerse. Quedamos en ir a una de las pizzerías de la calle Corrientes el sábado.

El sábado nos encontramos en Corrientes y Talcahuano a las  8:30 así íbamos a comer algo y bueno que pasara lo que tenga que pasar.

Llegue a horario y lo encontré esperándome, cuando lo vi lo saludo y note su parecido a Benny Hill, un personaje de una serie cómica que veía con mi abuela, pero con anteojos de científico, alto y de pelo largo con rulitos.

Al verlo me dio cosita,  pero me acorde que lo que me atrajo no fue lo físico si no esa cosa culta, interesante  a la charla que me llamo la atención, así que le di para adelante.

Nos saludamos con un beso en la mejilla, el muy correcto, y fuimos a la pizzería que esta a media cuadra.

Nos sentamos en una mesa, que esta como en un entre piso, y nos pedimos una pizza grande de muzzarella y una cerveza de litro para compartir. Hasta ese momento íbamos bien, y tenía que venir lo interesante o lo invisible a los ojos. Cosa que no ocurrió como lo esperaba o lo creía.

Y allí fue, cuando comenzamos a comer, instantáneamente la cara de Raúl se transformó de forma tal que eso que fue cortesía, caballerosidad y buen gusto se convirtió en una catarata de palabras con una alta tonada de demandas enfocadas hacia mi persona que acababa de conocer.

Al principio, trate decir algo para intentar conversar o por lo menos disminuir su monologo, pero me di cuenta que solamente incrementaba su discurso así que me quede en silencio mirándolo con cara de aburrida tratando de disociar ese momento caótico.

Pero, su estridente y constante voz lo hacía muy difícil, es más su tonada atosigaba de tal manera que la mesa del costado estaba vacía, en una pizzería que estaba llena a plena hora pico. Una pareja se sentó, feliz de encontrar un lugar libre, pero al escuchar la voz de Raúl se fue rápidamente a otra mesa.

Luego de estar unos minutos vacía la mesa del costado, unas chicas brasileras se sentaron felices de encontrar lugar, pero no se dieron cuenta de lo que les esperaba hasta que ya era tarde que se pudo ver en sus caras de fastidio frente a Raúl.

En cuanto a mi la cantaleta seguía sin parar, mientras yo solamente lo miraba, esperando que se caye, en algún momento. De sus planteos solo puedo recordar algunos como “a mi me gusta la mujer independiente no como esas boludas que de repente van por ahí y de te dicen me gusto esa cartera compramela”

Todo el salón se fastidiaba y, en silencio o no tanto, se apenaba de mi con frases a lo bajo: “yo si soy la chica digo que voy al baño y me rajo” o simplemente “pobre piba”.

Finalmente, por algún motivo se cansó y decidió que era momento de irnos. Por dentro gritaba de felicidad. Pero antes de irme un papelón me esperaba, si bien pidió la pizza para llevar de la cual solo comimos dos porciones. Al retirarnos el grito de Raúl diciendo ¡¡ ahh miren me estoy llevando la pizza!!! y la respuesta de un comensal de ¡Llevatela!!… sobreentendiéndose el ándate.

                Al salir llegamos a la esquina y llego la frutilla del postre ya que me trato de besar a lo que atine un¡¡no,no!!! Y, mediante un carterazo, salí corriendo y lo dejé a Raúl a lo lejos con cara de no comprender la situación.

Fue una noche horrible. Afortunadamente algo bueno paso. Llorando por el desastre que fue esa cita me di cuenta que me faltaba el celular. Desesperada, comencé a buscar el teléfono y fue ahí cuando un chico, bastante lindo me vio buscando en la cartera preocupada y me pregunto que me pasaba y le dije que había perdido el celular.

El, cordialmente, me presto el suyo para que lo llamara. Llame y resultó que me lo había olvidado en la pizzería, por suerte me atendió el pizzero y me dijo que lo podía pasar a buscar y que podía venir tranquila porque el show de Benny Hill había terminado y, si no, podía venir al día siguiente. Ignacio, todo un caballero, se dignó a acompañarme y pude ir a buscar el celular a la pizzería.

Finalmente, ya más tranquila, con mi celular me quede charlando con Ignacio, me pedí un Taxi y el me espero hasta que lo tomara, un dulce.

Ya en casa, en calma, después de esa noche payasesca, me di cuenta que Ignacio me pareció muy simpático. Lástima, que no le había pedido el contacto. Aunque, lo tenía en el celular, pero no quería ser pesada ya que me ayudo y no lo iba a estar molestando.

Sin embargo, al rato de llegar mientras me lavaba los dientes, sonó mi celu: era un mensaje de Ignacio, que me preguntaba si había llegado bien. Le agradecí por todo y terminamos con un que duermas bien y así quedamos en contacto.

Una me salió bien de esa cita que comenzó horrible.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

El Diario de Martina II: Tasas de Té Chino

 


Por Angélica Bene

 

Querido diario:

Ya pasaron unas semanas desde que me mude y de a poco me voy terminando de acomodar en el Departamento comprando los cosas del día a día, sobre todo de la cocina.

La verdad, me doy cuenta que hay cosas, casi esenciales, que necesito, pero se hace difícil soportar la tentación de comprar otras cosas, que quizás no son tan importantes, pero son tan cute, que las compro igual, va qué se yo.

Todo comenzó el martes cuando con Romina pasamos por una confitería, y vimos una torta de ricota con dulce de leche espectacular y, de gordas, la compramos. Una tonelada de calorías innecesaria pero irresistible.

 Al llegar a casa, abrimos el paquete, sacamos la torta, nos hicimos unos mates y comenzamos a comer. La torta estaba riquísima y al rato pensamos, casi al mismo tiempo, que rica estaría la torta con un té, un té hebras en unas hermosas tasas con una linda tetera, más que con un mate.

Al rato, por esas extrañas conexiones de las redes, nos aparecieron, en el celu a ambas, publicidades de juegos de tasas de té que estaban ¡divinas!.Una mejor que otra. Y bueno, aún endeudaba como estaba no me pude resistir, las tarejetie.

Lo mas gracioso, es que a partir de ese día nos comenzaron a llegar todo tipo de propagandas vinculadas al te: mas juegos de tasas, variedades de te, cursos de cata de té, influencers que tomaban te y un lugar que fue muy lindo que es la casa de Victoria Ocampo “Villa Ocampo” en el bajo de Shann Ishidro gordo.

Con Romina, que nos habíamos puesto en la onda del té, nos encantó y fuimos en colectivo el sábado.

El lugar era precioso, nos la pasamos recorriendo la mansión con esas habitaciones grandes llenas de cuadros, donde Victoria se quedaba a leer, hacer sus traducciones y escribir. Tal vez ahí, fue donde se le ocurrió crear la revista Sur y, con Romina, las dos como unas desquiciadas sacándonos selfies con todo lo que encontramos, filmando videítos y usando todos los filtros y cosas que permite la aplicación.

La jornada la terminamos en la casa de té, que hay en el lugar y, como dos señoras paquetes, nos pasamos chismoseando y tomando té de hebras de hibiscus con frutos rojos hasta que cerro el lugar.

Al día siguiente, por la mañana, entre a instagram y vi que un chico le había dado me gusta a todas mis fotos de mis histori. Me dio curiosidad saber quién era, y vi que era un pibe que, si bien no se veía mucho la cara, sus fotos paseando en una camioneta le daban como que tenia onda. Así que le di me gusta a sus historias y ete aquí que nos comenzamos a seguir y nos pusimos a chatear.

Pegamos tanta buena vibra que quedamos en vernos. Y como venía con toda esta onda de casa del se te me ocurrió en ir al ir al Petit Colon a tomar una buena merienda con cata de té e infusiones.  Es más, mejor todavía, que fuera una sorpresa, así que le dije de juntarnos en la plaza Lavalle para luego ir caminando hasta el lugar, el miércoles a la tarde.

No se por qué pero estuve ansiosa toda la semana, incluso quizás emocionada, hasta que llego el gran día.

El miércoles llegué en horario a la plaza Lavalle y al rato desde lo lejos vi alguien que se acercaba hacia mí. Un morocho alto, con cierta elegancia, de pelo corto y cara cuadrada que se parecía a quien estaba chateando, pero que no se parecía del todo.

Hasta que me di cuenta que era el y no lo podía creer. Pero bueno, como dicen uno no se tiene que guiar por las apariencias y dije Hola ¿Rubén?

Y Rubén dijo-Si soy yo- ¿vo so Martina?   - a lo cual le dije, con sorpresa, Si y ese “vo“ fue premonitorio a lo que vendría.

Ya que de su boca salió un ¡ah so re fea, no so como el Instagram!

Su expresión fue tan fuerte para mí que hice como que no dijo nada, y me puse a conversar. Más allá del exabrupto, la cosa se tornó cordial y decidí continuar con los planes de ir al Petit Colon por la merienda.

A lo que Rubén respondió con un: Bueno vamo-expresando un -si no queda otra.

Caminamos, la cosa se había calmado y tornando cordial hasta que llegamos a la puerta del lugar cuando Rubén miro la puerta del Petit Colón y dijo en voz alta ¿Y esto que es?

Tratando de disociar y haciéndome la desentendida le dije: es el Petit Colon.  Un lugar para tomar el té con masitas, es riquísimo

 A lo que Rubén respondió ¿ir a tomar el té? Eso es re de vieja. 

Ahora si ya entrando en furia, puse mi mejor cara de orto y le dije bueno dale pasamos. Y así entramos al lugar. Con el solo objetivo de que esto termine lo antes posible.

Nos sentamos en la primera mesa que encontramos y el resto de la cita fue un hacer como que estábamos juntos. Yo me pedí un té de hebras con dos masitas y él se pidió una gaseosa.

Intentamos cruzar unas palabras, pero un silencio sepulcral donde nos mirábamos las caras inundo la mesa así que nos pusimos a ver los celulares. Hasta que finalmente me termine el té y él la gaseosa.

Pedimos la cuenta, a lo que llamativamente él se ofreció a pagar y le dije que no así que hicimos mitad y mitad. No voy a permitir que me diga fea y vieja y ahora se haga el caballero, mi dignidad esta primero.

Salimos del lugar y con un simplemente bueno chau me tengo que ir la cita termino.

El camino a casa en el colectivo fue pensado: la puta madre, es la última vez que me guío por estas boludeses del Instagram, los tipos son todos unos pajeros, ir a tomar el té soy una boluda

Llegué a casa y pensé , ya se lo bloqueo, por turro, a lo que lamentablemente cuando entre a la aplicación el ya me había bloqueado. Me quedé con la vena.

Sin más, me fui a bañar para relajarme y sacarme la bronca. Pero me quede pensando:

La próxima al que sea así lo bloqueo yo primera. Finalmente, re enojada sin hambre, me fui a dormir. Otro día será mañana.

 

domingo, 16 de noviembre de 2025

El diario de Martina Parte 1 – La mudanza

 

Por Angélica Bene

 

Querido diario:

hoy acaban de pasar ya dos meses de mi cumpleañitos y si bien me dan un poco de amargura estos 29 años, porque soy un poco mas vieja, estoy fascinada con esta aventura que es la de poder irme a vivir sola, acá en mi departamento de Caballito.

Bueno es verdad que no es lo que soñaba, ya que es un monoambiente, pero es bastante acogedor y tiene un lindo ventanal que entra el sol por las mañanas.

La mudanza fue todo un lio, pero mis papis, como siempre, me re ayudaron.

Sentí que, a papá, le costó mucho ver que me voy a vivir sola, como una cadena que se rompía. ¡La nena, se iba de casa!  En cambio, a mamá, la sentí como que tuvo cierto alivio como contenta no sé, quizás de lo rápido que crecemos.

En fin, comenzar a vivir de forma independiente me da mucha emoción.

Al mudarme me di cuenta que no tenía muchas cosas salvo: mi ropa, un armario, la cama y la heladera que compré.

Ahh que lio fue subir todas esas cosas. La cama, primero que papa tuvo que subirla solo y casi rompe el ascensor. Aunque subir la heladera fue lo peor. Los fleteros me la dejaron en la planta baja y se fueron. Justo cuando papá había ido al quiosco. Estaba solita con la heladera no sabía que hacer.

Por suerte apareció mi salvador Fabricio, un vecino del piso de arriba, que me ayudo a subirla. Un poco charleta, pero un caballero. 

Finalmente, tenia todo subido y fue el momento de empezar a ordenar, no sin antes llamar a Sabrina para juntarnos con las chicas el sábado en el estreno de mi nuevo hogar.

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Jorge

El sábado con las chicas lo pasamos de 10, comimos pizzas, miramos algunas pelis y comimos helado, pero bueno ya domingo y hay que prepararse. El lunes hay que ir a trabajar a la oficina y después a la facu. Comienza la cursada de mis últimas materias esperemos terminar el año que viene.

La mañana del lunes fue un despiole no encontraba nada así que me bañe, me peine, me maquille rápido y salí corriendo para el trabajo.

La oficina no arranco de la mejor manera. Mi jefe, Aníbal, un viejo loco que no entiendo como no esta jubilado o preso, me dijo que esta incorporando nuevas secretarias y empleados y se le ocurrió hacer un cuestionario inicial para filtrar a los candidatos y que no entrara cualquiera.

El motivo era que la semana pasada había contratado de secretaria a una sociología con la cual tuvo un encontronazo, por cuestiones de género, y no duro dos días.

Debatieron porque ella decía que podía usar la E, pero creo que el problema principal era que le reclamaba que la jornada de trabajo era 8 horas y no 12.

Para evitar eso armo el cuestionario.

Leer el test y encontrarme que la primera pregunta decía: ¿qué es un troll? Y entre las opciones estaba- un desviado sexual-. Me dejo en shock.

Le respondí, que bien pero no sé si todos lo van a entender, a modo de tapar semejante barbaridad, a lo cual Aníbal puso cara de enojado y se fue dando un portazo.

Lo bueno es que no volvió a aparecer en todo el día. Así que más allá de eso el día fue tranquilo

Finalmente, termino mi jornada laboral y me fui a la Facu. Llegué muy justa de tiempo así que me senté en los asientos del fondo.  

Y ahí mi día cambio, estaba ordenando la cartera y escuche- ¿está ocupado?- en alusión al asiento de al lado donde había puesto mis cosas. Ahí lo vi a Jorge: Un flaquito de barbita medio Jipon con voz de galán de novela. Yo ni lerda ni perezosa, le dije si por supuesto y saque la cartera.

La primera clase, como siempre es medio aburrida ya que suelen decirnos cosas generales de la materia, pero mi aburrimiento se fue charlando con Jorge. Al final cuando salimos de la facu seguimos charlando. Habíamos pegado re onda. En ese ir y venir, no se si estuve bien, le dije donde trabajaba, intercambiamos los celu y quedamos en ir a tomar algo un día de estos.

Me sentía toda una diva, mudada conociendo a un chico. Es más a la noche y al día siguiente seguimos mensajeándonos.

Pero el miércoles me lleve una sorpresa. Estaba a un rato de salir del trabajo y me llego un mensaje de Jorge. Que decía: hola reina ¿como estas? Vamos a tomar algo hoy, yo te invito. No me gusto lo de reina, me pareció muy confianzudo pero lo de ir a tomar algo la verdad que me dieron muchas ganas.

Así que le dije que si –dale a qué hora nos vemos- y el me respondió a las 18 , te paso a buscar por el laburo. A lo que le dije que si. Pensaba genial, me pasa a buscar con el auto y me invita a tomar algo, es un dulce soy una mal pensada.

Paso, la hora que faltaba y salí del trabajo y no pude entender lo que veía. Lo veo a Jorge en la puerta esperándome en jogging, con una mochila y una bicicleta y que me dice ¿como estas reina? -vení vamos a dar una vuelta a tomar algo.

En plena confusión, dije bueno vamos.

Y luego de un vení subite, haciendo referencia al asiento trasero de la bici, me llevo a una plaza que quedaba a unas cuadras. Saco una especie de mantel y nos sentamos en el pasto.

Luego, de la mochila, saco el mate, una gaseosa de tónica y un taper con empanadas. El cual, luego de hacer un esfuerzo lo abrió y me dijo toma las cocino mi vieja. Me dio pena decirle que no, veía su cara de alegría así que agarre una empanada y me la comí, estaban riquísimas, pero algunas eran de acelga. Así que me vi sentada en la plaza con Jorge, en Jogging, y viendo como un verde se le pegaba en los dientes y me pareció un poco incómodo.

Luego de estar un rato largo, y ver que Jorge  acerco su cara hacia la mía, varias veces. Para yo desviarlo con prácticamente cualquier cosa. Finalmente le dije que me tenía que ir, a lo que Jorge se ofreció llevarme en bicicleta.

Le respondí que vivía lejos y que me tomaba el colectivo pero agradecí el gesto. Jorge se lo tomo bien y se despidió diciendo, con resignación, -dale, nos vemos en la Facu.

Después me tome el colectivo, llegue a casa y me di una ducha. Para darme cuenta de que tengo un nuevo amigo.

 

 

jueves, 30 de octubre de 2025

La historia del Chufaseca

 


Por Jabond

Los pueblos del interior de la provincia de Buenos Aires están plagados de leyendas y personajes de diversa índole. Mezclados entre historias burlonas, pasiones, amores  o sujetos misteriosos conocidos solamente a través de la envidia, rumores o el chisme.

Una de estas historias ocurrió hace mucho tiempo haya por Henderson  en una pequeña despensa donde atendía todos los días un hombre flaco, alto, de pelo corto con algunas canas, cara pálida, arrugada y delgada, que parecía como si estuviera chupando hacia dentro sus cachetes, que hacía que algunos lo apodaran como el “Chufaseca”.

En aquellos tiempos Henderson era un pueblo muy pequeño con muy poca población donde todos se conocían plenamente pero lo llamativo era que del Chufaseca nadie sabía su historia.

Los más viejos, de los pocos que había, contaban que lo único que sabían de él es que un día llego con el tren con una simple valija y pidió trabajar unos días en el almacén de Ramos Generales. Por ese entonces el dueño no tuvo problemas en darle el trabajo pero a los pocos meses dejo el almacén y se puso la pequeña despensa, que tuvo por más de 15 años.

El Chufaseca era de carácter parco, poco conversador y amable con la gente. Sin embargo, su poca predisposición a la charla y su soledad hicieron correr miles de rumores.

El primer gran rumor que circulaba era que había sido socio del dueño del almacén de Ramos Generales y por plata se habían peleado y desde ese entonces se puso la despensa.

Algunos mas curiosos, que en el aburrimiento solían seguir sus movimientos,  veían que una vez por mes esperaba una cierta cantidad de paquetes que traía el ferrocarril. Estos decían que el Chufaseca en realidad  se encargaba de levantar las apuestas clandestinas que se hacían por la zona y que la despensa era una fachada.

Otros mas conspirativos, decían que el Chufaseca tenía alguna historia oscura, habría sido algún forajido, un hombre de negocios turbios, que por un atraco, estafa o robo de dinero debió escapar de la ciudad e instalarse en un lugar tan lejano como lo era Henderson por aquellos años.

Finalmente, los amantes del chisme y del prejuicio, decían que al Chufaseca le gustaban los hombres y cuando salía a dar una vuelta a caballo o por las noches seguramente se encontraba con otros hombres para  hacer encuentros sexuales multitudinarios y morbosos.

Toda una serie de rumores que siempre fueron incomprobables y que al Chufaseca nunca le importaron. Sin embargo todo cambio una mañana de primavera, cuando una de las clientes habituales, que solían comprar el pan y el dulce de leche, entro a la despensa y lo encontró ahorcado colgado de una de las vigas del almacén. El grito de la pobre señora, antes de desmayarse, se escuchó en todo el poblado.

Los transeúntes que estaban cerca corrieron al lugar y llevaron a la señora afuera para que tomara aire y llamaron a la  policía.

El comisario, al llegar, comenzó por ordenar el alboroto que se había armado alrededor del almacén y puso a trabajar a sus hombres.  Cuando comenzaron su trabajo su primera hipótesis fue el suicidio, ya que en una primera revisión el lugar parecía intacto solamente con el fallecido.

Sin embargo, cuando la señora se recompuso y contó que la puerta estaba abierta, se empezó a hablar de un crimen y aquellos rumores se convirtieron en líneas de investigación.

Al primero que fueron corriendo a ver fue al dueño del almacén de Ramos Generales, quien al interrogarlo no agrego mucho al caso solamente que confirmo parte de aquella historia en la cual le había dado trabajo y que luego de un tiempo se puso el almacén. Aunque,  también fue el quien le dio la idea y le presto el dinero para el almacén ya que quería evitar el surgimiento de futuros competidores. Pero que luego su relación se esfumo.

Después, comenzaron a buscar a alguien que lo conociera y el actuar de la policía llevó a buen puerto. Unos crotos de la zona confesaron que lo conocían y que a veces solían juntarse a jugar a las cartas, por plata, en la noche en su almacén y que era un gran amigo y les dio mucha tristeza su fallecimiento.

Los gauchos contaron que uno de ellos estuvo esa noche, el cual en su interrogatorio dijo que estuvo esa noche pero que se fue temprano incluso el Chufaseca cerró la puerta con llave al retirarse. Su declaración hizo que se lo llevaran detenido.

Al rato, los policías que revisaban la casa encontraron algo impensado: un cuartito secreto con una mesa y en él, escondida, una caja fuerte abierta. Sobre la mesa había unos papeles con números, sobres, un abre carta y algunos paquetes que eran del ferrocarril.

La policía se dirigió al jefe de estación del tren y al del correo y preguntaron por los paquetes que le llegaban al Chufaseca. Ellos les dijeron que, generalmente ese tipo de encomiendas suelen venir productos de almacén pero también pueden venir otras cosas como objetos de contrabando ya que podían adulterarse las direcciones.

La escena que al principio parecía simple se había vuelto totalmente compleja y el suicidio se había convertido en crimen. Sin embargo, no se encontró nada mas en la escena del crimen, la autopsia no logro determinar si se colgó solo o alguien lo colgó e incluso bebió algo antes de su muerte whisky con otra sustancia que no pudieron identificar de que se trataba. En el ferrocarril, revisaron los paquetes y no encontraron nada. Pasado un mes, tampoco volvió a llegar alguna correspondencia para el Chufaseca.

Pasados tres meses, la fiscalía comenzó a establecer que no había pruebas contra ninguno de los sospechosos, así que liberaron al Croto y la investigación quedo frenada ya que no había nada nuevo que agregar.

Finalmente pasado un año, se decidió que ante la falta de pruebas la muerte habría sido un suicidio y la causa se cerró.

Aunque, pasadas varias décadas todavía se sigue escuchando, en algunos encuentros donde se cuentan historias, de esa mañana en Henderson y el misterio de la muerte del Chufaseca.

IA

 

 

jueves, 23 de octubre de 2025

La laguna de las almas perdidas

 







Foto:Ambito Financiero

Por Jabond

 

Bueno una última parada antes de llegar al puesto, arrojamos la carga en la laguna y ya terminamos con esta jornada. Esperemos que este viento fresco no levante mucho polvo y nos retrase - Dijo el Sargento mientras tiraba una colilla del cigarrillo por la ventana del camión.

Zapata, tomando con una mano la cruz que tenía colgada en el cuello dijo- Si es verdad, pero le voy a confesar algo, mi sargento, no me gusta venir a estos sitios.

Sargento: Pero no me diga que usted tiene miedo ¿a que le tiene miedo se puede saber? Hace ya varios años que venimos haciendo lo mismo a fin de mes. Y es más, hoy solo son un par de restos de las donaciones que nos hizo la Cementera al Batallón 601.

 Zapata: Es verdad tiene razón, hace mucho que venimos haciendo esto pero el tema es la noche y el lugar.

Sargento: La noche y el lugar. Sea más claro soldado que no lo entiendo.

Zapata: Si, el lugar, ese Pozo donde tiramos todo. Sabe: en donde yo vivo, haya por Guaymallén, se contaban historias.

Sargento: ¿Historias? Sigo sin entender.

Zapata: Si a esos lugares le llamaban el “agua de los muertos” o “agua del gritadero de las ánimas”: contaban las leyendas que, en una noche de eclicse de luna, unos indios mapuches, muy malditos, perseguían a otros indios para asesinarlos. Y al parecer, estos indios en el momento que se vieron acorralados pidieron ayuda a sus dioses y sus plegarias fueron escuchadas. Al pasar los mapuches un agujero rojizo con agua se abrió y se los trago. Como una puerta del infierno. A partir de ese día puede escucharse a veces ruidos de gritos y gemidos que no son otra cosa que las almas en pena condenadas al infierno y de ahí su nombre

Jorge-que había estado callado por un largo rato dijo- si a mi también me han contado historias pero para mí que eso lo hacen los padres para que nos portemos bien y que no salgamos a pavear a la hora de la siesta o para entretenernos un rato.

Zapata: Si, no sé, pero me da mal augurio, estamos yendo al lugar y es noche de eclicse.

¿¡Mal augurio?!- vocifero el Sargento- tanto kilombo por una lagunita de mierda para mi que usted es un maricón y está dudando de nuestra misión para salvar al país de esos subversivos de mierda.

Zapata-No, no, para nada. Estoy completamente seguro de mi misión para terminar con la subversión. Pero este lugar y esta noche no me gustan.

-Zapata: No me da miedo la tarea pero preferiría  estar en otro sitio

El camión continuaba su camino, mientras  la luna se iba tornando completamente roja. En la ruta no había nadie, solamente se escuchaba el ruido del motor hasta que Jorge, que iba manejando, dijo--Bueno vayamos preparándonos que estamos llegando. Para luego , desviarse de la ruta y tomar el camino de ripio hacia la Laguna.

Habían avanzado algunos metros y el viento fresco se tornó cálido.

Zapata: Lo notó Sargento, viento Zonda. Acá en Malargüe, a esta altura del año y en esta zona ,es raro.

Sargento: Zapata, me está empezando a calentar con sus supersticiones.

Bueno llegamos- expreso Jorge luego de acomodar el vehículo a unos cuantos metros de la laguna.

Mete el camión bien cerca del pozo y ponelo de culata- Le indico el Sargento a Jorge

De repente el viento cálido comenzó a levantarse y resoplaba cada vez mas fuerte. El eclipse entraba en su etapa principal.

Zapata se puso nervioso- mire capitán escucha, ese viento no es común.

Sargento: Usted es un cagón, hace años que hacemos esto y hoy, que solo tiramos un poco de cemento, le da miedo.  Jorge metele que el cagón de Zapata tiene miedo. Cuando vuelva le voy a dar una mes en el calabozo.

Sargento: Dale, levanta el montacargas

-El viento aumentaba y comenzaban a escucharse como voces. Zapata se puso pálido

Zapata : Las ánimas.

Sargento: que animas y que ocho cuarto, es el viento de la cordillera seguí Jorge no le hagas caso al cagón.

El camión comenzó a tirar la carga, pero de repente el montacargas se trabo quedando inclinado con parte del cemento atascado.

Sargento: Dale Jorge subí mas

Jorge: creo que se atascó mi Sargento.

Sargento: Dale Zapata deja de pelotudear subí y ayuda a tirar la carga.

Zapata, medio tembloroso, se subió al montacargas y con una pala empezó a tirar el cemento y de repente apareció un brazo de un cuerpo.

Zapata- se asustó-: no puedo seguir .

El Sargento tiro un insulto al aire -pero que tagarna inútil- hace cuanto que venimos haciendo esto, se les habrá pasado un muerto más un muerto menos, a los que venimos tirando. Ya vamos a ver esto en el cuartel- empujo a Zapata que casi se cae a la Laguna-  se subió al montacargas  y continuo tirando el cemento y empujando el cuerpo cada vez mas hacia el borde que le iba costando mas.

Intempestivamente, el viento comenzó a soplar con una fuerza huracanada  el aire cálido hacía sentir que estuvieran en una hoguera. Tal fue la fuerza que movió un poco el camión y levanto el montacargas.

El sargento,  sintió como si lo empujaban y se cayó hacia el fondo del camión, mientras caía el cemento y el cuerpo hacia la laguna.

En su desesperación, por no caer, se agarró de una de las barandas del camión. Pero quedo helado cuando sintió un frio en su pantorrilla. Era el muerto que se agarraba de el como intentando salvarse o tratando de llevárselo con sigo.

 El Sargento se agarro fuertemente y comenzó a gritar a Zapata ayudame boludo no ves que me caigo.

Zapata se abalanzo para ayudar al capitán pero se vio paralizado ante el espectáculo.

El viento se había vuelto ensordecedor esas voces se habían convertido en gritos como almas condenadas al infierno  y el sargento se precipito hacia el pozo junto con el cadáver.

Abajo, la laguna oleaba salvajemente como una olla hirviendo y Zapata juro ver en el fondo de la misma, en sus aguas cristalinas, un montón de cuerpos que se abalanzaban y agarraban al sargento el cual caía en sus aguas para desaparecer.

¡Sargento! grito Zapata y atino a correr en su ayuda pero Jorge lo detuvo:

¡Para, para  ya no se puede hacer nada!- grito Jorge.

Zapata-¿Como?

 Jorge: Ese pozo tiene corrientes y canales submarinos una vez en él no se puede salir por eso tiran los cuerpos ahí, para que desaparezcan. El capitán ya está muerto no se puede hacer nada.

Mientras  decían esto, el viento aminoraba y el eclipse comenzaba su etapa final.

 Jorge dijo- la tarea ya está cumplida vámonos a mí tampoco me gusta este lugar, no soy creyente pero las historias de este lugar me hacen temblar las piernas y sobre todo ese nombre pozo de las animas o de los muertos, en fin.

Subieron al camión y continuaron hacia el puesto fronterizo. El viento zonda había mermado como si nunca hubiera estado y a medida que se alejaban las voces también. Al llegar, Zapata y Jorge informaron sobre lo ocurrido y expresaron no querer volver al lugar.

Por su parte la compañía evaluó que era algo muy riesgoso seguir tirando deshechos en el lugar así que desistió de su tarea, en ese sitio.

Sin embargo, para Zapata y Jorge, lo vivido los dejo marcados: fantasía o locura nunca pudieron borrar la imagen del sargento cayendo en la laguna  o entrando en el infierno, eso no importaba.

Lo único que quedo, para ellos, fue pedirse la baja y llevarse en sus mas profundos recuerdos atormentados durante los descansos a través de pesadillas de aquella noche en la Laguna de Malargüe

 

 

domingo, 12 de octubre de 2025

No te desharás de mí tan fácilmente

 



Foto:Infobae
 

Por Jabond

Este suceso ocurrió por el barrio de Saavedra, una zona de casitas bajas que en el último tiempo con el avance de las construcciones fue dejando de lado a su clásico estilo porteño por los edificios de altura.

En una de las demoliciones, un antiguo chalet de dos pisos y un altillo donde trabajaban entre tres y cinco personas, un trabajador tenía la costumbre de llegar muy temprano, ser el primero en empezar, para terminar su horario laboral lo antes posible, aparentemente por una cuestión amorosa. 

Sistemáticamente todas las mañanas llegaba, se cambiaba la ropa, ponía unos mates y empezaba con la demolición.  A la hora, aproximadamente, solía llegar su compañero y luego el resto de la cuadrilla.

A los diez días, de comenzada la construcción, el chalet ya no tenía techo ni ventanas, estaba casi al aire libre y en la planta baja se había acumulado un montículo de tierra, escombros, fierros y maderas viejas.

Una mañana estaba trabajando en la planta baja y en un momento sintió unos ruidos como si tiraran piedritas. Freno por un momento, no escucho nada, y siguió trabajando. A los minutos, nuevamente el ruido que cesaba cuando dejaba sus tareas. Luego de un rato, detuvo lo que estaba haciendo y salió a dar una vuelta para ver quien estaba haciendo el bullicio y, al salir, no vio nadie alrededor. Así, que continuo con sus tareas pensando que había sido el viento.

Al día siguiente, otra vez el ruido de las piedritas, pero esta vez fue diferente ya que escucho unas risas de niños. ¡Pendejos de mierda! grito el albañil y salió corriendo hacia donde se escuchaban las risas y las piedras, pero, otra vez, no había nadie.

Al tercer día, nuevamente la misma historia, solo que ahora al salir los llego a ver: eran dos niños que estaban parados arriba del montículo, vestidos con pintorcitos uno azul y otro verde, tenían los ojos amarillos rojizos y una risa blanca que miraron al hombre para luego salir corriendo. El albañil, luego de quedar sorprendido unos segundos, los salió a correr, pero fue inútil ya que rápidamente los perdió de vista tras la montaña de basura. Así que decidió recorrer el lugar en búsqueda de las criaturas. Revisó todo, incluso la puerta, que estaba cerrada. Pero, no había nadie en la obra más que él.

Al cuarto día y encontrarse con la misma situación le comenzó a preocupar lo que estaba sucediendo, aunque esta vez al llegar su compañero le pregunto si no había visto unos pendejos rompiendo las bolas en la construcción. Su compañero, sorprendido, le dijo que no y que la puerta estaba perfectamente cerrada cuando llego, así que nadie pudo entrar o salir sin hacer ruido y que se enterase. 

Habían pasado 5 días y el albañil estaba empezando a creer que estaba loco. Había dos niños jugando sobre el montículo tirando piedras y solo él los podía ver.

Al día siguiente cuando escucho los ruidos, decidió actuar con cautela. Sigilosamente fue hacia donde se escuchaban los golpes de las piedritas y pudo ver a los chiquillos jugando. Y los llamo, pero fue inútil, salieron corriendo al verlo y desaparecieron.

Fue así que el albañil se paro frente a la montaña de basura y gritó:

-¡Niños! ¡Niños! disculpen no quiero molestarles, pero les tengo un trato para hacerles.

-Hagamos el siguiente trato, ya que al parecer solo yo puedo verlos, si ustedes se dejan ver a mis compañeros les regalo una bolsa de caramelos. Aunque sea una vez.

Cuando terminó de decir las palabras una leve ventisca, le hizo entender que había hecho un trato.

A la mañana siguiente, el albañil llego un poco más tarde de lo común con una bolsa llena de caramelos y al entrar gritaba:

-Niños acá estoy, cumplí con mi promesa, una bolsa llena de caramelos. En un rato llegara mi compañero y se tienen que dejar ver.

A los 15 minutos llego su compañero y el albañil sin mediar palabras atranco la puerta, lo tomo del brazo y le dijo -seguime.

Se paró frente al montículo. Su compañero no entendía nada.

-Chicos aquí está la bolsa de caramelos, ahora cumplan con su promesa.

De repente, sin entender como salieron desde atrás del montículo los dos nenes y se pararon en la parte más alta mirando fijamente a los dos operarios.

El albañil, con la bolsa de caramelos en la mano y sosteniéndola en alto, le decía a su compañero viste te decía por estos chicos, su compañero quedo helado viendo esas fantasmales figuras. Hasta que una estrepitosa ráfaga de viento levanto una polvareda e hizo desaparecer de la mano del albañil la bolsa de caramelos y después de limpiarse la tierra de los ojos, los niños ya no estaban más.

Los dos hombres quedaron estupefactos y con miedo. Pensando que habría sido eso. Serán espíritus dijo uno, pero yo creo que no hay niños que sean espíritus, quizás son otra cosa, dijo el otro. Era todo muy desconcertante, pero tenían que seguir trabajando.

Para su suerte, desde ese día los niños no volvieron a aparecer, lo que los hizo pensar que se habían marchado. Sin embargo, algo les hacía pensar que aquellos niños aún permanecían en el lugar.

Fue allí, al mes, cuando comenzaron las excavaciones con la pala mecánica, un vendaval se desato en medio de la obra e hizo que el maquinista hiciera un mal movimiento rompiendo un caño de agua con la máquina. Cuando pudieron cortar el chorro de agua y ordenar la excavación apareció el horror. Un esqueleto de un hombre completo con restos de ropa yacía bajo aquel chalet. A lo que inmediatamente se llamó a la policía y se inició una investigación que en sus estudios dieron como resultado un crimen ocurrido hace varias décadas.

Y fue así mientras eso ocurría que a los trabajadores no les quedo otra cosa que recordar a los niños y el viento. Los chicos, habrán sido fantasmas que querían dar a conocer al fallecido o si no ¿Qué? Quizás algo que entendía que era hora de dar a luz el crimen para ir a cobrarse alguna deuda de antaño.

Eso no lo sabrán, pero algo es seguro, terminar lo antes posible para alejarse de ese lugar y no volver nunca mas.

 

 

 

jueves, 25 de septiembre de 2025

Los alacranes

 

Imagen Fuente:Página/12


Por Jabond

Aquel verano,  en Magdalena, se produjo un gran revuelo cuando el pueblo se encontró infestado de alacranes. Todo fue un gran alboroto durante aquellos primeros días, pero se puso peor cuando la mañana del sábado encontraron un muerto en el viejo aserradero.

 Al llegar la policía,  encontró el cadáver y una asquerosa cantidad de alacranes por todo el lugar que llevó a que más de un oficial deba retirarse, ya sea, por que sufrió alguna descompostura o por el miedo al veneno de su picadura.

A la hora del descubrimiento, el  equipo de investigaciones científicas  llegó preparado para la intervención mientras se comunicaban con la familia del occiso, ante la presencia del propietario de la maderera.

El mismo, explico a la policía que se trataba del viejo Rolo el cual hace un tiempo había renunciado pero que había decidido volver y lo había recontratado.

El fue quién llamo a la policía, por la mañana, cuando al ingresar a la planta para comenzar su turno un trabajador, se encontró con el fallecido tirado en el piso con unas herramientas al costado. Primero, pensó que quizás estaba borracho ya que Rolo solía quedarse hasta tarde haciendo algún trabajo u hora extra  y luego tomarse algún agua ardiente, pero al no contestar el llamado e intentar moverlo se dio cuenta que estaba muerto, mientras salían aquellos artrópodos por entre sus ropas.

Los oficiales, luego de inspeccionar el sitio, se llevaron el cuerpo  a la morgue para realizarle la autopsia. En la misma, encontraron en el cuello del fallecido un pequeño orificio a lo que rápidamente la policía volvió a la carpintería y recolecto algunos ejemplares de aquellos artrópodos para poder obtener muestras y compararlos con los restos de Rolo.

La comparación, realizada en el laboratorio, dio como resultado que su sangre tenia componentes compatibles con dicho veneno y el orificio también. Para la fiscal y la policía el caso estaba cerrado, muerte por envenenamiento de  alacranes.

Sin embargo, se necesitaba algún tipo de observación del lugar y testimonios a modo de contextualizar el expediente y poder cerrar definitivamente el caso, acción que le tocaba al  agente Pinto.

Pinto, al comenzar con el informe solo tenía como descripción: ”Un hombre que regresa a su trabajo después de haber renunciado  con la mala suerte de ser picado en el cuello por  un alacrán que lo termina matando”. Algo bastante surrealista para su gusto, es más, hace muchos años que vivía en Magdalena y nunca había escuchado de este tipo de bichos venenosos.

Así que, después de que hubieran revisado la escena donde encontraron a Rolo, decidió  volver a la misma para observar el lugar y sus alrededores.

Comenzó el recorrido y no veía había nada fuera de lo común aunque le llamo la atención que desde las ventanas del aserradero se veían unas casas a lo lejos y , directamente, en una de ellas vio ingresar una hermosa mujer- alta, de cuerpo tallado y piernas esbeltas- con su esposo y sus hijos.  

Continuó con las observaciones y comenzó  a conversar con el resto de los empleados de los cuales no consiguió demasiada información, ya que era la primera vez veían a los alacranes y no conocían demasiado a Rolo, aunque dijeron que era un hombre buen mozo para su edad y bastante desagradable.

 Luego habló con el dueño, al cual encontró en la calle llevando unos frascos de barniz,  que dijo sentirse apenado de la muerte de Rolo ya que lo conocía hace años y si bien en algún momento de la vida habían tenido discusiones era como uno más de la familia y por eso lo había recontratado.

Después, se dirigió a conversar con la familia de Rolo. La misma, estaba con una absoluta tristeza y le llamaba la atención esto de morir por alacranes era algo impensado tantos años en la maderera, en la que solía pasar casi todo el día y nunca supo nada de los alacranes y sus peligrosos aguijones.

Allí, Pinto, le pregunto a su esposa si no conocía a alguien que haya trabajado en el aserradero hace muchos años para poder juntar un último testimonio y cerrar finalmente el expediente.

La esposa le dijo  que todos los que habían trabajado en ella se habían ido del pueblo, quizás con el dinero de la indemnización habían decidido irse a vivir a Buenos Aires. Aunque recordó que quizás  el kiosquero, que estaba a unas cuadras del lugar  tendría más información ya que estaba hace muchos años.

Así el agente se dirigió hacia el kiosco y comenzó una conversación con el kiosquero. Luego de una charla inconducente, finalmente el hombre del kiosco, se relajó, y le contó que  ese dueño del aserradero era un estafador. Los rumores decían que siempre fue un tramposo, ya que era de echar a los trabajadores de muchos años y no les daba ni un peso de indemnización. El había trabajado un tiempo pero enseguida se había dado cuenta  de cómo era así que lo mando al diablo y renunció para poner este negocio hace ya 30 años.

Pero también le dijo, que ese Rolo no se quedaba atrás, ya que era muy mujeriego y una vez había terminado en un choque de puños por temas de pollera.

Al comentarle que  Rolo murió picado por los alacranes el kiosquero pego una carcajada, y dijo por ¿alacranes?, esos bichos son inofensivos y están desde antes que mi madre  viniera al pueblo. Me acuerdo que jugábamos con ellos y que alguna vez hubo un caso de un niño pequeño picado en el cuello por un accidente doméstico pero que fue llevado a la salita y rápidamente se había recuperado.

Sin prestarle mucha atención en un principio a lo que dijo el kiosquero el agente decidió retirarse. Pero, algo le quedo repitiendo en su mente no había trabajadores viejos, las mujeres,  los alacranes y el fallecido.

Hay un muerto y se le hecha la culpa a los alacranes por el veneno. Después descubren, con gente del lugar que los alacranes siempre estuvieron y que su  veneno es casi inofensivo para los humanos quizás para un niño picado en el cuello.

Algo no encajaba, pero volvió a la comisaria para, con los datos obtenidos, cerrar el caso. Pero esa ocasión ocurrió algo particular ya que la autopsia fue hecha en Magdalena y no en La Plata, así que en la comisaria estaban los forenses charlando sobre el caso.

Forenses-La verdad es bastante llamativo el veneno de esos bichos parecería tener algún tipo de resina y pican fuerte como una guja. De todas formas, con el grado de alcohol que tenía con un cigarrillo se hubiera prendido fuego.

Al escuchar eso el agente, como si  se le prendiera una lamparita, le pregunto qué tipo de resina tenían y si era compatible con el barniz. Al cual le dijeron que podía llegar a ser.

Inmediatamente, el agente pidió una orden de allanamiento y detención  al dueño del aserradero, que, luego de un poco de resistencia, se emitió.

Al llegar a la casa y de revisarla, encontraron un altillo oculto. Dentro de él, había un escritorio con agujas subcutáneas, resina para barniz y frascos enteros de alacranes aplastados que precipitaban su veneno.

El caso daba un giro inesperado, en contra de lo expresado  en el comienzo de la investigación el dueño era quien había asesinado a Rolo, inyectándole el veneno mezclado con barniz con una aguja extremadamente fina. Por un pelo estuvo a punto de quedar libre pero no fue así. Ahora  quedaba saber el ¿por que?

Luego de un rato de negarlo todo finalmente el dueño confeso. La verdad era que el tenía la costumbre desde hace años de echar a sus trabajadores sin pagarles nada y ,como el pueblo era pequeño, y él tenía mucha influencia terminaba obligando a que los trabajadores se tuvieran que marchar del pueblo.

Esta situación, también ocurrió con  Rolo. Solo que  él estuvo preparado. Así que, luego de un tiempo de ser despedido volvió al aserradero y amenazo al dueño con que si no le pagaba y lo recontrataba  le iba a contar a su esposa  su secreto.

El secreto de su amante, ya que por la noches cuando se quedaba trabajando en la fábrica veía por las ventanas todas sus historias amorosas con aquella hermosa mujer de las casas lindantes.

Fue así que el dueño impactado por los dichos de Rolo lo cito una madrugada a la maderera y luego de compartir unos tragos le inyecto algo de ese veneno de alacrán con una resina.  Lo que le causó la muerte.

Esta situación de miles de alacranes, fue ideal esa semana ya que muy pocos sabían que esos bichos siempre estuvieron en el aserradero, pero ese año con la infestación, fue la coartada ideal que para encubrir el crimen.

                Con la confesión finalmente el caso estaba cerrado y después de un largo alboroto el pueblo volvió a su curso normal.


martes, 16 de septiembre de 2025

Como llegaron los duendes a la Argentina

 


Foto:surprise.turismo

Por Jabond


En nuestra vida cotidiana, aunque como siempre neguemos, solemos vivir experiencias que podríamos decir paranormales. Una de ellas, de las más comunes, es cuando perdemos algún objeto.

Lo teníamos en la mano, recién lo habíamos visto, lo dejamos en un lugar pero, de la nada, desapareció. Revisamos tres, cuatro, cinco y muchas veces y, no lo vimos, pero, ahí estaba nomas. Insólitamente en un lugar que habíamos revisado.

¿Cómo es posible este suceso?  Es ahí cuando entendemos el motivo: los duendes. Unos seres fantásticos burlones y simpáticos que nos esconden las cosas.

Sin ninguna maldad, ya que nunca son cosas de importantes, nos esconden una diversidad de objetos para que luego aparezcan a simple vista, como una tomada de pelo y lo hacen sentirse a uno como un tonto.

Es verdad,  no todos son simpáticos algunos, como el llamado Leprechaun, pueden llegar a ser malvados y vengativos si les roban su oro, es cierto, son un poco descuidados ya que dejar una olla de oro suelta, hace tentar a cualquier ladrón. Aunque, también, encontrar el final del arcoíris suele ser muy difícil.

La pregunta que vale hacerse es cuál es el origen de estas simpáticas criaturas. Algunas explicaciones dicen que provienen de antiguos rituales aborígenes y que suelen ser parte de la armonía de la naturaleza. Pero otras, que hacen en alusión a su vestimenta y sus hábitos, dicen que nos son de la Argentina, incluso nos son de América.

Su origen radica en Europa y su llegada se debe a las migraciones de Irlandeses, Galeses, Escoceses y Alemanes.  Los duendes, habrían viajado escondidos en los barcos, en las ropas y bultos de estos migrantes, de los que la mayoría se instalaron en la Patagonia.

Sin embargo, la estepa patagónica, incluso en contacto con el mar Argentino, no fue de su agrado y por eso fueron migrando hacia  la cordillera asentándose en lugares montañosos con sus bosques, valles y  lagunas que son de su agrado y que los han hecho sentir como en casa.

Es más, tal ha sido su complacencia, que suelen ayudar a los residentes cuando tienen problemas muchas veces económicos  por ello se dejan ver para que los retraten en estatuillas para la venta en las ferias de los pueblos.

 También hay que decir, que ante un lugar nuevo desarrollaron nuevas travesuras. Esta vez no solo escondiendo cosas sino también apareciendo “colados” en las fotos de los turistas, en especial cuando se pasean por los bosques y los refugios de los montañistas.

Así que ya sabes cada vez que no encuentres algo o veas algo burlón en una foto pueden ser los duendecitos haciendo sus travesuras.

IA