Imagen Fuente:Página/12
Por Jabond
Aquel verano, en Magdalena, se
produjo un gran revuelo cuando el pueblo se encontró infestado de alacranes. Todo
fue un gran alboroto durante aquellos primeros días, pero se puso peor cuando
la mañana del sábado encontraron un muerto en el viejo aserradero.
Al llegar la policía, encontró el cadáver y una asquerosa cantidad
de alacranes por todo el lugar que llevó a que más de un oficial deba retirarse,
ya sea, por que sufrió alguna descompostura o por el miedo al veneno de su
picadura.
A la hora del descubrimiento, el
equipo de investigaciones científicas llegó preparado para la intervención mientras se
comunicaban con la familia del occiso, ante la presencia del propietario de la maderera.
El mismo, explico a la policía que se trataba del viejo Rolo el cual
hace un tiempo había renunciado pero que había decidido volver y lo había
recontratado.
El fue quién llamo a la policía, por la mañana, cuando al ingresar a
la planta para comenzar su turno un trabajador, se encontró con el fallecido tirado
en el piso con unas herramientas al costado. Primero, pensó que quizás estaba
borracho ya que Rolo solía quedarse hasta tarde haciendo algún trabajo u hora
extra y luego tomarse algún agua ardiente,
pero al no contestar el llamado e intentar moverlo se dio cuenta que estaba
muerto, mientras salían aquellos artrópodos por entre sus ropas.
Los oficiales, luego de inspeccionar el sitio, se llevaron el cuerpo
a la morgue para realizarle la autopsia.
En la misma, encontraron en el cuello del fallecido un pequeño orificio a lo
que rápidamente la policía volvió a la carpintería y recolecto algunos ejemplares
de aquellos artrópodos para poder obtener muestras y compararlos con los restos
de Rolo.
La comparación, realizada en el laboratorio, dio como resultado que
su sangre tenia componentes compatibles con dicho veneno y el orificio también.
Para la fiscal y la policía el caso estaba cerrado, muerte por envenenamiento
de alacranes.
Sin embargo, se necesitaba algún tipo de observación del lugar y
testimonios a modo de contextualizar el expediente y poder cerrar
definitivamente el caso, acción que le tocaba al agente Pinto.
Pinto, al comenzar con el informe solo tenía como descripción: ”Un hombre que regresa a su trabajo después
de haber renunciado con la mala suerte
de ser picado en el cuello por un
alacrán que lo termina matando”. Algo bastante surrealista para su gusto,
es más, hace muchos años que vivía en Magdalena y nunca había escuchado de este
tipo de bichos venenosos.
Así que, después de que hubieran revisado la escena donde encontraron
a Rolo, decidió volver a la misma para
observar el lugar y sus alrededores.
Comenzó el recorrido y no veía había nada fuera de lo común aunque le
llamo la atención que desde las ventanas del aserradero se veían unas casas a
lo lejos y , directamente, en una de ellas vio ingresar una hermosa mujer-
alta, de cuerpo tallado y piernas esbeltas- con su esposo y sus hijos.
Continuó con las observaciones y comenzó a conversar con el resto de los empleados de
los cuales no consiguió demasiada información, ya que era la primera vez veían
a los alacranes y no conocían demasiado a Rolo, aunque dijeron que era un
hombre buen mozo para su edad y bastante desagradable.
Luego habló con el dueño, al
cual encontró en la calle llevando unos frascos de barniz, que dijo sentirse apenado de la muerte de Rolo
ya que lo conocía hace años y si bien en algún momento de la vida habían tenido
discusiones era como uno más de la familia y por eso lo había recontratado.
Después, se dirigió a conversar con la familia de Rolo. La misma,
estaba con una absoluta tristeza y le llamaba la atención esto de morir por alacranes
era algo impensado tantos años en la maderera, en la que solía pasar casi todo
el día y nunca supo nada de los alacranes y sus peligrosos aguijones.
Allí, Pinto, le pregunto a su esposa si no conocía a alguien que
haya trabajado en el aserradero hace muchos años para poder juntar un último
testimonio y cerrar finalmente el expediente.
La esposa le dijo que todos
los que habían trabajado en ella se habían ido del pueblo, quizás con el dinero
de la indemnización habían decidido irse a vivir a Buenos Aires. Aunque recordó
que quizás el kiosquero, que estaba a
unas cuadras del lugar tendría más
información ya que estaba hace muchos años.
Así el agente se dirigió hacia el kiosco y comenzó una conversación
con el kiosquero. Luego de una charla inconducente, finalmente el hombre del kiosco,
se relajó, y le contó que ese dueño del
aserradero era un estafador. Los rumores decían que siempre fue un tramposo, ya
que era de echar a los trabajadores de muchos años y no les daba ni un peso de indemnización.
El había trabajado un tiempo pero enseguida se había dado cuenta de cómo era así que lo mando al diablo y renunció
para poner este negocio hace ya 30 años.
Pero también le dijo, que ese Rolo no se quedaba atrás, ya que era
muy mujeriego y una vez había terminado en un choque de puños por temas de
pollera.
Al comentarle que Rolo murió
picado por los alacranes el kiosquero pego una carcajada, y dijo por ¿alacranes?,
esos bichos son inofensivos y están desde antes que mi madre viniera al pueblo. Me acuerdo que jugábamos con
ellos y que alguna vez hubo un caso de un niño pequeño picado en el cuello por
un accidente doméstico pero que fue llevado a la salita y rápidamente se había
recuperado.
Sin prestarle mucha atención en un principio a lo que dijo el
kiosquero el agente decidió retirarse. Pero, algo le quedo repitiendo en su
mente no había trabajadores viejos, las mujeres, los alacranes y el fallecido.
Hay un muerto y se le hecha la culpa a los alacranes por el veneno. Después
descubren, con gente del lugar que los alacranes siempre estuvieron y que
su veneno es casi inofensivo para los
humanos quizás para un niño picado en el cuello.
Algo no encajaba, pero volvió a la comisaria para, con los datos
obtenidos, cerrar el caso. Pero esa ocasión ocurrió algo particular ya que la
autopsia fue hecha en Magdalena y no en La Plata, así que en la comisaria
estaban los forenses charlando sobre el caso.
Forenses-La
verdad es bastante llamativo el veneno de esos bichos parecería tener algún
tipo de resina y pican fuerte como una guja. De todas formas, con el grado de
alcohol que tenía con un cigarrillo se hubiera prendido fuego.
Al escuchar eso el agente, como si
se le prendiera una lamparita, le pregunto qué tipo de resina tenían y
si era compatible con el barniz. Al cual le dijeron que podía llegar a ser.
Inmediatamente, el agente pidió una orden de allanamiento y detención al dueño del aserradero, que, luego de un
poco de resistencia, se emitió.
Al llegar a la casa y de revisarla, encontraron un altillo oculto.
Dentro de él, había un escritorio con agujas subcutáneas, resina para barniz y
frascos enteros de alacranes aplastados que precipitaban su veneno.
El caso daba un giro inesperado, en contra de lo expresado en el comienzo de la investigación el dueño
era quien había asesinado a Rolo, inyectándole el veneno mezclado con barniz
con una aguja extremadamente fina. Por un pelo estuvo a punto de quedar libre
pero no fue así. Ahora quedaba saber el
¿por que?
Luego de un rato de negarlo todo finalmente el dueño confeso. La
verdad era que el tenía la costumbre desde hace años de echar a sus
trabajadores sin pagarles nada y ,como el pueblo era pequeño, y él tenía mucha
influencia terminaba obligando a que los trabajadores se tuvieran que marchar
del pueblo.
Esta situación, también ocurrió con Rolo. Solo que
él estuvo preparado. Así que, luego de un tiempo de ser despedido volvió
al aserradero y amenazo al dueño con que si no le pagaba y lo recontrataba le iba a contar a su esposa su secreto.
El secreto de su amante, ya que por la noches cuando se quedaba trabajando
en la fábrica veía por las ventanas todas sus historias amorosas con aquella
hermosa mujer de las casas lindantes.
Fue así que el dueño impactado por los dichos de Rolo lo cito una
madrugada a la maderera y luego de compartir unos tragos le inyecto algo de ese
veneno de alacrán con una resina. Lo que
le causó la muerte.
Esta situación de miles de alacranes, fue ideal esa semana ya que muy
pocos sabían que esos bichos siempre estuvieron en el aserradero, pero ese año
con la infestación, fue la coartada ideal que para encubrir el crimen.
Con la confesión finalmente el
caso estaba cerrado y después de un largo alboroto el pueblo volvió a su curso
normal.