martes, 16 de septiembre de 2025

Como llegaron los duendes a la Argentina

 


Foto:surprise.turismo

Por Jabond


En nuestra vida cotidiana, aunque como siempre neguemos, solemos vivir experiencias que podríamos decir paranormales. Una de ellas, de las más comunes, es cuando perdemos algún objeto.

Lo teníamos en la mano, recién lo habíamos visto, lo dejamos en un lugar pero, de la nada, desapareció. Revisamos tres, cuatro, cinco y muchas veces y, no lo vimos, pero, ahí estaba nomas. Insólitamente en un lugar que habíamos revisado.

¿Cómo es posible este suceso?  Es ahí cuando entendemos el motivo: los duendes. Unos seres fantásticos burlones y simpáticos que nos esconden las cosas.

Sin ninguna maldad, ya que nunca son cosas de importantes, nos esconden una diversidad de objetos para que luego aparezcan a simple vista, como una tomada de pelo y lo hacen sentirse a uno como un tonto.

Es verdad,  no todos son simpáticos algunos, como el llamado Leprechaun, pueden llegar a ser malvados y vengativos si les roban su oro, es cierto, son un poco descuidados ya que dejar una olla de oro suelta, hace tentar a cualquier ladrón. Aunque, también, encontrar el final del arcoíris suele ser muy difícil.

La pregunta que vale hacerse es cuál es el origen de estas simpáticas criaturas. Algunas explicaciones dicen que provienen de antiguos rituales aborígenes y que suelen ser parte de la armonía de la naturaleza. Pero otras, que hacen en alusión a su vestimenta y sus hábitos, dicen que nos son de la Argentina, incluso nos son de América.

Su origen radica en Europa y su llegada se debe a las migraciones de Irlandeses, Galeses, Escoceses y Alemanes.  Los duendes, habrían viajado escondidos en los barcos, en las ropas y bultos de estos migrantes, de los que la mayoría se instalaron en la Patagonia.

Sin embargo, la estepa patagónica, incluso en contacto con el mar Argentino, no fue de su agrado y por eso fueron migrando hacia  la cordillera asentándose en lugares montañosos con sus bosques, valles y  lagunas que son de su agrado y que los han hecho sentir como en casa.

Es más, tal ha sido su complacencia, que suelen ayudar a los residentes cuando tienen problemas muchas veces económicos  por ello se dejan ver para que los retraten en estatuillas para la venta en las ferias de los pueblos.

 También hay que decir, que ante un lugar nuevo desarrollaron nuevas travesuras. Esta vez no solo escondiendo cosas sino también apareciendo “colados” en las fotos de los turistas, en especial cuando se pasean por los bosques y los refugios de los montañistas.

Así que ya sabes cada vez que no encuentres algo o veas algo burlón en una foto pueden ser los duendecitos haciendo sus travesuras.

IA


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