jueves, 25 de septiembre de 2025

Los alacranes

 

Imagen Fuente:Página/12


Por Jabond

Aquel verano,  en Magdalena, se produjo un gran revuelo cuando el pueblo se encontró infestado de alacranes. Todo fue un gran alboroto durante aquellos primeros días, pero se puso peor cuando la mañana del sábado encontraron un muerto en el viejo aserradero.

 Al llegar la policía,  encontró el cadáver y una asquerosa cantidad de alacranes por todo el lugar que llevó a que más de un oficial deba retirarse, ya sea, por que sufrió alguna descompostura o por el miedo al veneno de su picadura.

A la hora del descubrimiento, el  equipo de investigaciones científicas  llegó preparado para la intervención mientras se comunicaban con la familia del occiso, ante la presencia del propietario de la maderera.

El mismo, explico a la policía que se trataba del viejo Rolo el cual hace un tiempo había renunciado pero que había decidido volver y lo había recontratado.

El fue quién llamo a la policía, por la mañana, cuando al ingresar a la planta para comenzar su turno un trabajador, se encontró con el fallecido tirado en el piso con unas herramientas al costado. Primero, pensó que quizás estaba borracho ya que Rolo solía quedarse hasta tarde haciendo algún trabajo u hora extra  y luego tomarse algún agua ardiente, pero al no contestar el llamado e intentar moverlo se dio cuenta que estaba muerto, mientras salían aquellos artrópodos por entre sus ropas.

Los oficiales, luego de inspeccionar el sitio, se llevaron el cuerpo  a la morgue para realizarle la autopsia. En la misma, encontraron en el cuello del fallecido un pequeño orificio a lo que rápidamente la policía volvió a la carpintería y recolecto algunos ejemplares de aquellos artrópodos para poder obtener muestras y compararlos con los restos de Rolo.

La comparación, realizada en el laboratorio, dio como resultado que su sangre tenia componentes compatibles con dicho veneno y el orificio también. Para la fiscal y la policía el caso estaba cerrado, muerte por envenenamiento de  alacranes.

Sin embargo, se necesitaba algún tipo de observación del lugar y testimonios a modo de contextualizar el expediente y poder cerrar definitivamente el caso, acción que le tocaba al  agente Pinto.

Pinto, al comenzar con el informe solo tenía como descripción: ”Un hombre que regresa a su trabajo después de haber renunciado  con la mala suerte de ser picado en el cuello por  un alacrán que lo termina matando”. Algo bastante surrealista para su gusto, es más, hace muchos años que vivía en Magdalena y nunca había escuchado de este tipo de bichos venenosos.

Así que, después de que hubieran revisado la escena donde encontraron a Rolo, decidió  volver a la misma para observar el lugar y sus alrededores.

Comenzó el recorrido y no veía había nada fuera de lo común aunque le llamo la atención que desde las ventanas del aserradero se veían unas casas a lo lejos y , directamente, en una de ellas vio ingresar una hermosa mujer- alta, de cuerpo tallado y piernas esbeltas- con su esposo y sus hijos.  

Continuó con las observaciones y comenzó  a conversar con el resto de los empleados de los cuales no consiguió demasiada información, ya que era la primera vez veían a los alacranes y no conocían demasiado a Rolo, aunque dijeron que era un hombre buen mozo para su edad y bastante desagradable.

 Luego habló con el dueño, al cual encontró en la calle llevando unos frascos de barniz,  que dijo sentirse apenado de la muerte de Rolo ya que lo conocía hace años y si bien en algún momento de la vida habían tenido discusiones era como uno más de la familia y por eso lo había recontratado.

Después, se dirigió a conversar con la familia de Rolo. La misma, estaba con una absoluta tristeza y le llamaba la atención esto de morir por alacranes era algo impensado tantos años en la maderera, en la que solía pasar casi todo el día y nunca supo nada de los alacranes y sus peligrosos aguijones.

Allí, Pinto, le pregunto a su esposa si no conocía a alguien que haya trabajado en el aserradero hace muchos años para poder juntar un último testimonio y cerrar finalmente el expediente.

La esposa le dijo  que todos los que habían trabajado en ella se habían ido del pueblo, quizás con el dinero de la indemnización habían decidido irse a vivir a Buenos Aires. Aunque recordó que quizás  el kiosquero, que estaba a unas cuadras del lugar  tendría más información ya que estaba hace muchos años.

Así el agente se dirigió hacia el kiosco y comenzó una conversación con el kiosquero. Luego de una charla inconducente, finalmente el hombre del kiosco, se relajó, y le contó que  ese dueño del aserradero era un estafador. Los rumores decían que siempre fue un tramposo, ya que era de echar a los trabajadores de muchos años y no les daba ni un peso de indemnización. El había trabajado un tiempo pero enseguida se había dado cuenta  de cómo era así que lo mando al diablo y renunció para poner este negocio hace ya 30 años.

Pero también le dijo, que ese Rolo no se quedaba atrás, ya que era muy mujeriego y una vez había terminado en un choque de puños por temas de pollera.

Al comentarle que  Rolo murió picado por los alacranes el kiosquero pego una carcajada, y dijo por ¿alacranes?, esos bichos son inofensivos y están desde antes que mi madre  viniera al pueblo. Me acuerdo que jugábamos con ellos y que alguna vez hubo un caso de un niño pequeño picado en el cuello por un accidente doméstico pero que fue llevado a la salita y rápidamente se había recuperado.

Sin prestarle mucha atención en un principio a lo que dijo el kiosquero el agente decidió retirarse. Pero, algo le quedo repitiendo en su mente no había trabajadores viejos, las mujeres,  los alacranes y el fallecido.

Hay un muerto y se le hecha la culpa a los alacranes por el veneno. Después descubren, con gente del lugar que los alacranes siempre estuvieron y que su  veneno es casi inofensivo para los humanos quizás para un niño picado en el cuello.

Algo no encajaba, pero volvió a la comisaria para, con los datos obtenidos, cerrar el caso. Pero esa ocasión ocurrió algo particular ya que la autopsia fue hecha en Magdalena y no en La Plata, así que en la comisaria estaban los forenses charlando sobre el caso.

Forenses-La verdad es bastante llamativo el veneno de esos bichos parecería tener algún tipo de resina y pican fuerte como una guja. De todas formas, con el grado de alcohol que tenía con un cigarrillo se hubiera prendido fuego.

Al escuchar eso el agente, como si  se le prendiera una lamparita, le pregunto qué tipo de resina tenían y si era compatible con el barniz. Al cual le dijeron que podía llegar a ser.

Inmediatamente, el agente pidió una orden de allanamiento y detención  al dueño del aserradero, que, luego de un poco de resistencia, se emitió.

Al llegar a la casa y de revisarla, encontraron un altillo oculto. Dentro de él, había un escritorio con agujas subcutáneas, resina para barniz y frascos enteros de alacranes aplastados que precipitaban su veneno.

El caso daba un giro inesperado, en contra de lo expresado  en el comienzo de la investigación el dueño era quien había asesinado a Rolo, inyectándole el veneno mezclado con barniz con una aguja extremadamente fina. Por un pelo estuvo a punto de quedar libre pero no fue así. Ahora  quedaba saber el ¿por que?

Luego de un rato de negarlo todo finalmente el dueño confeso. La verdad era que el tenía la costumbre desde hace años de echar a sus trabajadores sin pagarles nada y ,como el pueblo era pequeño, y él tenía mucha influencia terminaba obligando a que los trabajadores se tuvieran que marchar del pueblo.

Esta situación, también ocurrió con  Rolo. Solo que  él estuvo preparado. Así que, luego de un tiempo de ser despedido volvió al aserradero y amenazo al dueño con que si no le pagaba y lo recontrataba  le iba a contar a su esposa  su secreto.

El secreto de su amante, ya que por la noches cuando se quedaba trabajando en la fábrica veía por las ventanas todas sus historias amorosas con aquella hermosa mujer de las casas lindantes.

Fue así que el dueño impactado por los dichos de Rolo lo cito una madrugada a la maderera y luego de compartir unos tragos le inyecto algo de ese veneno de alacrán con una resina.  Lo que le causó la muerte.

Esta situación de miles de alacranes, fue ideal esa semana ya que muy pocos sabían que esos bichos siempre estuvieron en el aserradero, pero ese año con la infestación, fue la coartada ideal que para encubrir el crimen.

                Con la confesión finalmente el caso estaba cerrado y después de un largo alboroto el pueblo volvió a su curso normal.


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