jueves, 30 de octubre de 2025

La historia del Chufaseca

 


Por Jabond

Los pueblos del interior de la provincia de Buenos Aires están plagados de leyendas y personajes de diversa índole. Mezclados entre historias burlonas, pasiones, amores  o sujetos misteriosos conocidos solamente a través de la envidia, rumores o el chisme.

Una de estas historias ocurrió hace mucho tiempo haya por Henderson  en una pequeña despensa donde atendía todos los días un hombre flaco, alto, de pelo corto con algunas canas, cara pálida, arrugada y delgada, que parecía como si estuviera chupando hacia dentro sus cachetes, que hacía que algunos lo apodaran como el “Chufaseca”.

En aquellos tiempos Henderson era un pueblo muy pequeño con muy poca población donde todos se conocían plenamente pero lo llamativo era que del Chufaseca nadie sabía su historia.

Los más viejos, de los pocos que había, contaban que lo único que sabían de él es que un día llego con el tren con una simple valija y pidió trabajar unos días en el almacén de Ramos Generales. Por ese entonces el dueño no tuvo problemas en darle el trabajo pero a los pocos meses dejo el almacén y se puso la pequeña despensa, que tuvo por más de 15 años.

El Chufaseca era de carácter parco, poco conversador y amable con la gente. Sin embargo, su poca predisposición a la charla y su soledad hicieron correr miles de rumores.

El primer gran rumor que circulaba era que había sido socio del dueño del almacén de Ramos Generales y por plata se habían peleado y desde ese entonces se puso la despensa.

Algunos mas curiosos, que en el aburrimiento solían seguir sus movimientos,  veían que una vez por mes esperaba una cierta cantidad de paquetes que traía el ferrocarril. Estos decían que el Chufaseca en realidad  se encargaba de levantar las apuestas clandestinas que se hacían por la zona y que la despensa era una fachada.

Otros mas conspirativos, decían que el Chufaseca tenía alguna historia oscura, habría sido algún forajido, un hombre de negocios turbios, que por un atraco, estafa o robo de dinero debió escapar de la ciudad e instalarse en un lugar tan lejano como lo era Henderson por aquellos años.

Finalmente, los amantes del chisme y del prejuicio, decían que al Chufaseca le gustaban los hombres y cuando salía a dar una vuelta a caballo o por las noches seguramente se encontraba con otros hombres para  hacer encuentros sexuales multitudinarios y morbosos.

Toda una serie de rumores que siempre fueron incomprobables y que al Chufaseca nunca le importaron. Sin embargo todo cambio una mañana de primavera, cuando una de las clientes habituales, que solían comprar el pan y el dulce de leche, entro a la despensa y lo encontró ahorcado colgado de una de las vigas del almacén. El grito de la pobre señora, antes de desmayarse, se escuchó en todo el poblado.

Los transeúntes que estaban cerca corrieron al lugar y llevaron a la señora afuera para que tomara aire y llamaron a la  policía.

El comisario, al llegar, comenzó por ordenar el alboroto que se había armado alrededor del almacén y puso a trabajar a sus hombres.  Cuando comenzaron su trabajo su primera hipótesis fue el suicidio, ya que en una primera revisión el lugar parecía intacto solamente con el fallecido.

Sin embargo, cuando la señora se recompuso y contó que la puerta estaba abierta, se empezó a hablar de un crimen y aquellos rumores se convirtieron en líneas de investigación.

Al primero que fueron corriendo a ver fue al dueño del almacén de Ramos Generales, quien al interrogarlo no agrego mucho al caso solamente que confirmo parte de aquella historia en la cual le había dado trabajo y que luego de un tiempo se puso el almacén. Aunque,  también fue el quien le dio la idea y le presto el dinero para el almacén ya que quería evitar el surgimiento de futuros competidores. Pero que luego su relación se esfumo.

Después, comenzaron a buscar a alguien que lo conociera y el actuar de la policía llevó a buen puerto. Unos crotos de la zona confesaron que lo conocían y que a veces solían juntarse a jugar a las cartas, por plata, en la noche en su almacén y que era un gran amigo y les dio mucha tristeza su fallecimiento.

Los gauchos contaron que uno de ellos estuvo esa noche, el cual en su interrogatorio dijo que estuvo esa noche pero que se fue temprano incluso el Chufaseca cerró la puerta con llave al retirarse. Su declaración hizo que se lo llevaran detenido.

Al rato, los policías que revisaban la casa encontraron algo impensado: un cuartito secreto con una mesa y en él, escondida, una caja fuerte abierta. Sobre la mesa había unos papeles con números, sobres, un abre carta y algunos paquetes que eran del ferrocarril.

La policía se dirigió al jefe de estación del tren y al del correo y preguntaron por los paquetes que le llegaban al Chufaseca. Ellos les dijeron que, generalmente ese tipo de encomiendas suelen venir productos de almacén pero también pueden venir otras cosas como objetos de contrabando ya que podían adulterarse las direcciones.

La escena que al principio parecía simple se había vuelto totalmente compleja y el suicidio se había convertido en crimen. Sin embargo, no se encontró nada mas en la escena del crimen, la autopsia no logro determinar si se colgó solo o alguien lo colgó e incluso bebió algo antes de su muerte whisky con otra sustancia que no pudieron identificar de que se trataba. En el ferrocarril, revisaron los paquetes y no encontraron nada. Pasado un mes, tampoco volvió a llegar alguna correspondencia para el Chufaseca.

Pasados tres meses, la fiscalía comenzó a establecer que no había pruebas contra ninguno de los sospechosos, así que liberaron al Croto y la investigación quedo frenada ya que no había nada nuevo que agregar.

Finalmente pasado un año, se decidió que ante la falta de pruebas la muerte habría sido un suicidio y la causa se cerró.

Aunque, pasadas varias décadas todavía se sigue escuchando, en algunos encuentros donde se cuentan historias, de esa mañana en Henderson y el misterio de la muerte del Chufaseca.

IA

 

 

jueves, 23 de octubre de 2025

La laguna de las almas perdidas

 







Foto:Ambito Financiero

Por Jabond

 

Bueno una última parada antes de llegar al puesto, arrojamos la carga en la laguna y ya terminamos con esta jornada. Esperemos que este viento fresco no levante mucho polvo y nos retrase - Dijo el Sargento mientras tiraba una colilla del cigarrillo por la ventana del camión.

Zapata, tomando con una mano la cruz que tenía colgada en el cuello dijo- Si es verdad, pero le voy a confesar algo, mi sargento, no me gusta venir a estos sitios.

Sargento: Pero no me diga que usted tiene miedo ¿a que le tiene miedo se puede saber? Hace ya varios años que venimos haciendo lo mismo a fin de mes. Y es más, hoy solo son un par de restos de las donaciones que nos hizo la Cementera al Batallón 601.

 Zapata: Es verdad tiene razón, hace mucho que venimos haciendo esto pero el tema es la noche y el lugar.

Sargento: La noche y el lugar. Sea más claro soldado que no lo entiendo.

Zapata: Si, el lugar, ese Pozo donde tiramos todo. Sabe: en donde yo vivo, haya por Guaymallén, se contaban historias.

Sargento: ¿Historias? Sigo sin entender.

Zapata: Si a esos lugares le llamaban el “agua de los muertos” o “agua del gritadero de las ánimas”: contaban las leyendas que, en una noche de eclicse de luna, unos indios mapuches, muy malditos, perseguían a otros indios para asesinarlos. Y al parecer, estos indios en el momento que se vieron acorralados pidieron ayuda a sus dioses y sus plegarias fueron escuchadas. Al pasar los mapuches un agujero rojizo con agua se abrió y se los trago. Como una puerta del infierno. A partir de ese día puede escucharse a veces ruidos de gritos y gemidos que no son otra cosa que las almas en pena condenadas al infierno y de ahí su nombre

Jorge-que había estado callado por un largo rato dijo- si a mi también me han contado historias pero para mí que eso lo hacen los padres para que nos portemos bien y que no salgamos a pavear a la hora de la siesta o para entretenernos un rato.

Zapata: Si, no sé, pero me da mal augurio, estamos yendo al lugar y es noche de eclicse.

¿¡Mal augurio?!- vocifero el Sargento- tanto kilombo por una lagunita de mierda para mi que usted es un maricón y está dudando de nuestra misión para salvar al país de esos subversivos de mierda.

Zapata-No, no, para nada. Estoy completamente seguro de mi misión para terminar con la subversión. Pero este lugar y esta noche no me gustan.

-Zapata: No me da miedo la tarea pero preferiría  estar en otro sitio

El camión continuaba su camino, mientras  la luna se iba tornando completamente roja. En la ruta no había nadie, solamente se escuchaba el ruido del motor hasta que Jorge, que iba manejando, dijo--Bueno vayamos preparándonos que estamos llegando. Para luego , desviarse de la ruta y tomar el camino de ripio hacia la Laguna.

Habían avanzado algunos metros y el viento fresco se tornó cálido.

Zapata: Lo notó Sargento, viento Zonda. Acá en Malargüe, a esta altura del año y en esta zona ,es raro.

Sargento: Zapata, me está empezando a calentar con sus supersticiones.

Bueno llegamos- expreso Jorge luego de acomodar el vehículo a unos cuantos metros de la laguna.

Mete el camión bien cerca del pozo y ponelo de culata- Le indico el Sargento a Jorge

De repente el viento cálido comenzó a levantarse y resoplaba cada vez mas fuerte. El eclipse entraba en su etapa principal.

Zapata se puso nervioso- mire capitán escucha, ese viento no es común.

Sargento: Usted es un cagón, hace años que hacemos esto y hoy, que solo tiramos un poco de cemento, le da miedo.  Jorge metele que el cagón de Zapata tiene miedo. Cuando vuelva le voy a dar una mes en el calabozo.

Sargento: Dale, levanta el montacargas

-El viento aumentaba y comenzaban a escucharse como voces. Zapata se puso pálido

Zapata : Las ánimas.

Sargento: que animas y que ocho cuarto, es el viento de la cordillera seguí Jorge no le hagas caso al cagón.

El camión comenzó a tirar la carga, pero de repente el montacargas se trabo quedando inclinado con parte del cemento atascado.

Sargento: Dale Jorge subí mas

Jorge: creo que se atascó mi Sargento.

Sargento: Dale Zapata deja de pelotudear subí y ayuda a tirar la carga.

Zapata, medio tembloroso, se subió al montacargas y con una pala empezó a tirar el cemento y de repente apareció un brazo de un cuerpo.

Zapata- se asustó-: no puedo seguir .

El Sargento tiro un insulto al aire -pero que tagarna inútil- hace cuanto que venimos haciendo esto, se les habrá pasado un muerto más un muerto menos, a los que venimos tirando. Ya vamos a ver esto en el cuartel- empujo a Zapata que casi se cae a la Laguna-  se subió al montacargas  y continuo tirando el cemento y empujando el cuerpo cada vez mas hacia el borde que le iba costando mas.

Intempestivamente, el viento comenzó a soplar con una fuerza huracanada  el aire cálido hacía sentir que estuvieran en una hoguera. Tal fue la fuerza que movió un poco el camión y levanto el montacargas.

El sargento,  sintió como si lo empujaban y se cayó hacia el fondo del camión, mientras caía el cemento y el cuerpo hacia la laguna.

En su desesperación, por no caer, se agarró de una de las barandas del camión. Pero quedo helado cuando sintió un frio en su pantorrilla. Era el muerto que se agarraba de el como intentando salvarse o tratando de llevárselo con sigo.

 El Sargento se agarro fuertemente y comenzó a gritar a Zapata ayudame boludo no ves que me caigo.

Zapata se abalanzo para ayudar al capitán pero se vio paralizado ante el espectáculo.

El viento se había vuelto ensordecedor esas voces se habían convertido en gritos como almas condenadas al infierno  y el sargento se precipito hacia el pozo junto con el cadáver.

Abajo, la laguna oleaba salvajemente como una olla hirviendo y Zapata juro ver en el fondo de la misma, en sus aguas cristalinas, un montón de cuerpos que se abalanzaban y agarraban al sargento el cual caía en sus aguas para desaparecer.

¡Sargento! grito Zapata y atino a correr en su ayuda pero Jorge lo detuvo:

¡Para, para  ya no se puede hacer nada!- grito Jorge.

Zapata-¿Como?

 Jorge: Ese pozo tiene corrientes y canales submarinos una vez en él no se puede salir por eso tiran los cuerpos ahí, para que desaparezcan. El capitán ya está muerto no se puede hacer nada.

Mientras  decían esto, el viento aminoraba y el eclipse comenzaba su etapa final.

 Jorge dijo- la tarea ya está cumplida vámonos a mí tampoco me gusta este lugar, no soy creyente pero las historias de este lugar me hacen temblar las piernas y sobre todo ese nombre pozo de las animas o de los muertos, en fin.

Subieron al camión y continuaron hacia el puesto fronterizo. El viento zonda había mermado como si nunca hubiera estado y a medida que se alejaban las voces también. Al llegar, Zapata y Jorge informaron sobre lo ocurrido y expresaron no querer volver al lugar.

Por su parte la compañía evaluó que era algo muy riesgoso seguir tirando deshechos en el lugar así que desistió de su tarea, en ese sitio.

Sin embargo, para Zapata y Jorge, lo vivido los dejo marcados: fantasía o locura nunca pudieron borrar la imagen del sargento cayendo en la laguna  o entrando en el infierno, eso no importaba.

Lo único que quedo, para ellos, fue pedirse la baja y llevarse en sus mas profundos recuerdos atormentados durante los descansos a través de pesadillas de aquella noche en la Laguna de Malargüe

 

 

domingo, 12 de octubre de 2025

No te desharás de mí tan fácilmente

 



Foto:Infobae
 

Por Jabond

Este suceso ocurrió por el barrio de Saavedra, una zona de casitas bajas que en el último tiempo con el avance de las construcciones fue dejando de lado a su clásico estilo porteño por los edificios de altura.

En una de las demoliciones, un antiguo chalet de dos pisos y un altillo donde trabajaban entre tres y cinco personas, un trabajador tenía la costumbre de llegar muy temprano, ser el primero en empezar, para terminar su horario laboral lo antes posible, aparentemente por una cuestión amorosa. 

Sistemáticamente todas las mañanas llegaba, se cambiaba la ropa, ponía unos mates y empezaba con la demolición.  A la hora, aproximadamente, solía llegar su compañero y luego el resto de la cuadrilla.

A los diez días, de comenzada la construcción, el chalet ya no tenía techo ni ventanas, estaba casi al aire libre y en la planta baja se había acumulado un montículo de tierra, escombros, fierros y maderas viejas.

Una mañana estaba trabajando en la planta baja y en un momento sintió unos ruidos como si tiraran piedritas. Freno por un momento, no escucho nada, y siguió trabajando. A los minutos, nuevamente el ruido que cesaba cuando dejaba sus tareas. Luego de un rato, detuvo lo que estaba haciendo y salió a dar una vuelta para ver quien estaba haciendo el bullicio y, al salir, no vio nadie alrededor. Así, que continuo con sus tareas pensando que había sido el viento.

Al día siguiente, otra vez el ruido de las piedritas, pero esta vez fue diferente ya que escucho unas risas de niños. ¡Pendejos de mierda! grito el albañil y salió corriendo hacia donde se escuchaban las risas y las piedras, pero, otra vez, no había nadie.

Al tercer día, nuevamente la misma historia, solo que ahora al salir los llego a ver: eran dos niños que estaban parados arriba del montículo, vestidos con pintorcitos uno azul y otro verde, tenían los ojos amarillos rojizos y una risa blanca que miraron al hombre para luego salir corriendo. El albañil, luego de quedar sorprendido unos segundos, los salió a correr, pero fue inútil ya que rápidamente los perdió de vista tras la montaña de basura. Así que decidió recorrer el lugar en búsqueda de las criaturas. Revisó todo, incluso la puerta, que estaba cerrada. Pero, no había nadie en la obra más que él.

Al cuarto día y encontrarse con la misma situación le comenzó a preocupar lo que estaba sucediendo, aunque esta vez al llegar su compañero le pregunto si no había visto unos pendejos rompiendo las bolas en la construcción. Su compañero, sorprendido, le dijo que no y que la puerta estaba perfectamente cerrada cuando llego, así que nadie pudo entrar o salir sin hacer ruido y que se enterase. 

Habían pasado 5 días y el albañil estaba empezando a creer que estaba loco. Había dos niños jugando sobre el montículo tirando piedras y solo él los podía ver.

Al día siguiente cuando escucho los ruidos, decidió actuar con cautela. Sigilosamente fue hacia donde se escuchaban los golpes de las piedritas y pudo ver a los chiquillos jugando. Y los llamo, pero fue inútil, salieron corriendo al verlo y desaparecieron.

Fue así que el albañil se paro frente a la montaña de basura y gritó:

-¡Niños! ¡Niños! disculpen no quiero molestarles, pero les tengo un trato para hacerles.

-Hagamos el siguiente trato, ya que al parecer solo yo puedo verlos, si ustedes se dejan ver a mis compañeros les regalo una bolsa de caramelos. Aunque sea una vez.

Cuando terminó de decir las palabras una leve ventisca, le hizo entender que había hecho un trato.

A la mañana siguiente, el albañil llego un poco más tarde de lo común con una bolsa llena de caramelos y al entrar gritaba:

-Niños acá estoy, cumplí con mi promesa, una bolsa llena de caramelos. En un rato llegara mi compañero y se tienen que dejar ver.

A los 15 minutos llego su compañero y el albañil sin mediar palabras atranco la puerta, lo tomo del brazo y le dijo -seguime.

Se paró frente al montículo. Su compañero no entendía nada.

-Chicos aquí está la bolsa de caramelos, ahora cumplan con su promesa.

De repente, sin entender como salieron desde atrás del montículo los dos nenes y se pararon en la parte más alta mirando fijamente a los dos operarios.

El albañil, con la bolsa de caramelos en la mano y sosteniéndola en alto, le decía a su compañero viste te decía por estos chicos, su compañero quedo helado viendo esas fantasmales figuras. Hasta que una estrepitosa ráfaga de viento levanto una polvareda e hizo desaparecer de la mano del albañil la bolsa de caramelos y después de limpiarse la tierra de los ojos, los niños ya no estaban más.

Los dos hombres quedaron estupefactos y con miedo. Pensando que habría sido eso. Serán espíritus dijo uno, pero yo creo que no hay niños que sean espíritus, quizás son otra cosa, dijo el otro. Era todo muy desconcertante, pero tenían que seguir trabajando.

Para su suerte, desde ese día los niños no volvieron a aparecer, lo que los hizo pensar que se habían marchado. Sin embargo, algo les hacía pensar que aquellos niños aún permanecían en el lugar.

Fue allí, al mes, cuando comenzaron las excavaciones con la pala mecánica, un vendaval se desato en medio de la obra e hizo que el maquinista hiciera un mal movimiento rompiendo un caño de agua con la máquina. Cuando pudieron cortar el chorro de agua y ordenar la excavación apareció el horror. Un esqueleto de un hombre completo con restos de ropa yacía bajo aquel chalet. A lo que inmediatamente se llamó a la policía y se inició una investigación que en sus estudios dieron como resultado un crimen ocurrido hace varias décadas.

Y fue así mientras eso ocurría que a los trabajadores no les quedo otra cosa que recordar a los niños y el viento. Los chicos, habrán sido fantasmas que querían dar a conocer al fallecido o si no ¿Qué? Quizás algo que entendía que era hora de dar a luz el crimen para ir a cobrarse alguna deuda de antaño.

Eso no lo sabrán, pero algo es seguro, terminar lo antes posible para alejarse de ese lugar y no volver nunca mas.