sábado, 20 de diciembre de 2025

El Diario de Martina 4° parte: Una fría noche de julio: El secreto del Sereno

 



Foto: Canal 26
 

Por Angélica Bene

                Querido diario:

Después de aquella noche horrible en la pizzería, pero que afortunadamente conocí a Ignacio ya no me siento sola. Ignacio resulto un amor, nos mensajeamos día a día y el miércoles, que justo estaba cerca del trabajo al mediodía, fuimos a almorzar. Ese mediodía también, vaya a saber uno por que le salen esas ideas locas, decidí invitarlo el sábado al recital de Miranda, una banda que me encanta.

Esa semana, no contaba con ello, el trabajo se puso intenso sobre todo porque hubo muchas actividades, en especial cursos de distinto tipo de los cuales teníamos que hacerle la recepción y la organización, y por tal motivo hubo que atender a todo un zoológico de personajes, entre ellos algunos compañeros que pueden pasar de simpáticos a pesados.

                El lunes, me acuerdo que paso Luis el contador, un petiso regordete que siempre anda de traje, con los dientes amarillos por el café y el cigarrillo, que por momentos parece simpático y por momentos parece medio border. Ya que, suele ser amable pero también medio psicópata. Aunque lo que más me llama la atención de él son sus anécdotas, la cuales suelen ser recurrentemente en base a hombres, que pueden no serlo, y baños.

                Me acuerdo, alguna de ellas donde de la nada el asqueroso nos contaba que había ido al baño en la estación de tren Constitución y mientras hacía pis en el mingitorio, que por casualidad estaba solo, se le puso al lado un flaco medio sucio y le comenzó a decir, con vos ronca, “queres que te chupe la pija” , mientras le hacía gestos como tirándole besitos y él no sabía qué hacer, transpiraba, se puso nervioso y  me contaba “ y no sabía qué hacer, yo no quería que me chupe la pija”.

Otra historia, también en Constitución, hace tiempo cuando estaban abiertos los baños en el subsuelo: el me conto que también estaba haciendo pis y que de repente se cortó la luz. O sea que estaba en el baño de Constitución totalmente a oscuras, no se veía nada y mientras el trataba de encontrar la salida se escuchó un grito de “¡GUARDA CON LOS CULOS!”

No sé, todas historias muy bizarras, pero también graciosas. Para mí no quiere salir del closet. Cosa que esa semana se lo comenté a mi nueva compañera Julyette, que después me arrepentí a ver si era una chismosa y andaba contando por ahí.

Aunque, Luis si bien puede ser gracioso, es un personaje que prefiero tenerle cierta distancia ya que me parece un poco turbio, cosa que me la suele confirmar el de seguridad Jorge que me dice que me cuide de él. Jorge es una buena persona, un hombre de unos casi 60 años que prácticamente vive en la empresa, trabaja 24 por 7 con un franco semestral se podría decir, y que conoce todo lo que pasa en la empresa, pero gana poco y trabaja mucho para mantener a su familia.

Esa semana tan agotadora, que pienso en ella y me da cansancio, tan bien fue enloquecedora. Ya que, como había muchos cursos y mucha gente me la pase llamando a José el chico de mantenimiento, otro más que vive en la empresa. Todo el día corriendo de acá para allá solucionando problemas y no le quieren ni dejar comer una medialuna de las que están para los cursos, como si les faltaran. Pero que yo siempre le guardo porque es una buena persona y necesita energía, pobre muchacho.

Bueno, pero resulto ser que, finalmente luego de esa semana cansadora, tuve tiempo de ir a la peluquería y a la depiladora y llegué esplendida para el sábado.

A eso de las 8 de la noche me paso a buscar Ignacio con el auto, y fuimos a ver a Miranda, cerca de Palermo, esa noche hacia un frio que te congelaba hasta los huesos.

Dejamos el auto cerca del lugar, entramos e inmediatamente note la belleza que tenía Ignacio ante el público femenino, pero en especial al masculino. El cual, al ingresar y al verse observado cuasi- acosado por muchos de los espectadores, masculinos, se quedó pálido y paralizado, así que lo tome del brazo rápidamente y el me abrazo cual salvavidas en medio del mar ante la atenta mirada de sus fans, pero en especial a unos metros, de un gordo grandote con cara de Wallace con ganas de querer partirlo como un queso y que estuvo allí durante todo el show.

Por sur parte, Ignacio permaneció abrazado a mi todo el recital, hasta que finalmente al terminar con la gente retirándose nos dimos un beso, frente a la mirada celosa de mis muchos competidores.

Y bueno, luego de un ratito decidimos ir a un lugar más tranquilo, un telo. No sé por qué, esas casualidades de la vida, el frio de esa noche o quizás Saturno estaba en Venus pero comenzamos a recorrer los hoteles y estaban todos ocupados. Luego de buscar un rato, pasamos por la puerta del boliche América que parece estaba casi terminando y visualizamos un albergue que era muy bonito y se llamaba "Media Banana", o algo por el estilo.  Por suerte encontramos lugar para estacionar y entramos.

El ingreso al lugar fue el comienzo de una Odisea, porque entramos y a lo lejos se veía que venían un trabajador de seguridad y el de mantenimiento hacia donde estamos nosotros. Lo más curioso es que a medida que se acercaban me di cuenta que los conocía, eran José y Jorge, a lo que primero pensé fue pobres además tienen otro trabajo e inmediatamente me hice la boluda, para no verlos, y al parecer ellos también porque no me saludaron o por lo menos fingieron no verme, entregaron una llave, y se fueron.

Después, nos acercamos a la recepción, pedimos turno y nos dijeron que había un poco de espera ya que había varios anotados, aunque habían salido a fumar, aún con este frío, cosa que me llamo la atención. Nos sentamos a esperar con Ignacio frente a otra pareja, donde el chico decía “ahh que ganas de vivir solo para no pasar por esto”, a lo cual pensé la verdad tendríamos que haber ido a mi casa.

 Al rato, ya entendí lo que pasaba ya que entro un muchacho solo y pregunto si estaba disponible un turno,  al rato entro otro, después entraron dos chicos mas que también venían del recital de Miranda y varias parejas más de muchachos, es decir era un telo de todas las parejas .

A lo que no tendría problema si no fuera por Ignacio, ya que después de la experiencia del recital, para ese momento estaba en shock, y yo sentía que se me iba la noche.

Fue allí cuando por esos sucesos inesperados entro Luis, el contador, con una chica de la noche y comenzó, fiel a su estilo, a hacer alboroto ante las parejas para tratar de saltearse la fila. Esa distracción, me dio tiempo de abalanzarme contra la recepción a la que le rogué por favor una habitación donde la recepcionista se apiado de mí y me un cuarto.

En el momento que paso eso, las parejas que estaban atrás mío y se habían distraído con el quilombo, que hizo Luis, se dieron cuenta de que me dieron la habitación y se dirigieron enardecidas con insultos hacia la recepción. Mientras yo tomaba del brazo a Ignacio y me iba rajando hacia el cuarto.

Al entrar, ya con Ignacio recuperando el color, notamos que hacía frio y al llamar a la recepción, para subir la calefacción, notamos que todavía continuaba el bullicio.

Finalmente, luego de toda esa Odisea con Ignacio la pasamos muy bien toda la noche y por la mañana me llevo a mi casa.

Sin embargo, esta historia no se terminaría ahí, el lunes cuando llegue a la oficina, esa semana continuaban los cursos y Luis seguía molestando como siempre. Pero, posiblemente, me vio la noche del sábado y se entero de lo que pensaba de él ya que por momentos se ponía cerca mío y meneándose moviendo los brazos decía “ yo tenía una amiga, que pensé que era mi amiga, pero anda diciendo por hi que soy un gordito puto” .

Aunque todo termino, cuando en un momento quede sola y se acercó Jorge, el de seguridad, y de la nada saco del bolsillo un alfajor triple de dulce de leche y lo puso en mi escritorio y me dijo: no se qué viste el otro día pero te pido si podés guardar el secreto, uno trabaja muchas horas y bueno nunca sabe…

A lo que le dije, con una sonrisa tierna, no te preocupes Jorge, yo no vi nada, igual gracias alfajor.

 

jueves, 11 de diciembre de 2025

El diario de Martina 3ra parte: Pizza y desencantos

 


Imagen: UnoTV



Por Angelica Bene

Querido diario

Era de vuelta otoño y estaba sentada frente a la ventana, en mi nueva mesa-escritorio, viendo como las hojas se pegaban al vidrio en una tarde fría de lluvia. No se por qué pero la belleza de esos tonos cobrizos recubiertos de agua me hicieron sentir que estaba sola. Aunque no era cierto porque tenía a mis papis, a mis amigas y amigos pero aún, así lo sentí.

Esa sensación me generó las ganas de conocer a alguien. Alguien para salir, divertirme, alguien quizás pasajero ¡o no!  esas cosas una nunca se sabe cómo terminan, quizás noviando.

Pero, esta vez, quería probar algo distinto alguien que no tuviera nada que ver con el trabajo, la facultad y mis amigas. Por eso, se lo conté a Romi  y ella se ofreció a ayudarme en tal ardua tarea a la cual también se sintió tocada. Y las dos, abrazadas casi en llanto de la emoción, comenzamos la búsqueda.

Nuestro camino comenzó, con lo tradicional, recorriendo bares y boliches, pero no tuve buen resultado ya que solo encontré un desfile de pelotudos o pendejos que se hacían los cancheros y algún que otro que podía llegar a ser pero no hubo conexión.

Cansadas de esa búsqueda Romina me dijo ¿porque no te bajas Tinder? para ver si conoces a alguien en ultima te divertís y, si bien no me gustan las APP de citas, me la baje.

En la APP, entre a mirar y fui pasando las fotos como una especie de book todos re tuneados hasta que vi a un chico, uno años mas grande que yo, que si bien no era del todo fachero parecía interesante, porque su foto era frente a cuadro en un museo de arte. Le di me gusta y casualmente hicimos Match enseguida, lo que para mí fue toda una señal.

En su perfil y en los chats que tuvimos parecía un tipo culto que sabía de arte, de libros y películas así que bueno quizás era hora de conocerse. Quedamos en ir a una de las pizzerías de la calle Corrientes el sábado.

El sábado nos encontramos en Corrientes y Talcahuano a las  8:30 así íbamos a comer algo y bueno que pasara lo que tenga que pasar.

Llegue a horario y lo encontré esperándome, cuando lo vi lo saludo y note su parecido a Benny Hill, un personaje de una serie cómica que veía con mi abuela, pero con anteojos de científico, alto y de pelo largo con rulitos.

Al verlo me dio cosita,  pero me acorde que lo que me atrajo no fue lo físico si no esa cosa culta, interesante  a la charla que me llamo la atención, así que le di para adelante.

Nos saludamos con un beso en la mejilla, el muy correcto, y fuimos a la pizzería que esta a media cuadra.

Nos sentamos en una mesa, que esta como en un entre piso, y nos pedimos una pizza grande de muzzarella y una cerveza de litro para compartir. Hasta ese momento íbamos bien, y tenía que venir lo interesante o lo invisible a los ojos. Cosa que no ocurrió como lo esperaba o lo creía.

Y allí fue, cuando comenzamos a comer, instantáneamente la cara de Raúl se transformó de forma tal que eso que fue cortesía, caballerosidad y buen gusto se convirtió en una catarata de palabras con una alta tonada de demandas enfocadas hacia mi persona que acababa de conocer.

Al principio, trate decir algo para intentar conversar o por lo menos disminuir su monologo, pero me di cuenta que solamente incrementaba su discurso así que me quede en silencio mirándolo con cara de aburrida tratando de disociar ese momento caótico.

Pero, su estridente y constante voz lo hacía muy difícil, es más su tonada atosigaba de tal manera que la mesa del costado estaba vacía, en una pizzería que estaba llena a plena hora pico. Una pareja se sentó, feliz de encontrar un lugar libre, pero al escuchar la voz de Raúl se fue rápidamente a otra mesa.

Luego de estar unos minutos vacía la mesa del costado, unas chicas brasileras se sentaron felices de encontrar lugar, pero no se dieron cuenta de lo que les esperaba hasta que ya era tarde que se pudo ver en sus caras de fastidio frente a Raúl.

En cuanto a mi la cantaleta seguía sin parar, mientras yo solamente lo miraba, esperando que se caye, en algún momento. De sus planteos solo puedo recordar algunos como “a mi me gusta la mujer independiente no como esas boludas que de repente van por ahí y de te dicen me gusto esa cartera compramela”

Todo el salón se fastidiaba y, en silencio o no tanto, se apenaba de mi con frases a lo bajo: “yo si soy la chica digo que voy al baño y me rajo” o simplemente “pobre piba”.

Finalmente, por algún motivo se cansó y decidió que era momento de irnos. Por dentro gritaba de felicidad. Pero antes de irme un papelón me esperaba, si bien pidió la pizza para llevar de la cual solo comimos dos porciones. Al retirarnos el grito de Raúl diciendo ¡¡ ahh miren me estoy llevando la pizza!!! y la respuesta de un comensal de ¡Llevatela!!… sobreentendiéndose el ándate.

                Al salir llegamos a la esquina y llego la frutilla del postre ya que me trato de besar a lo que atine un¡¡no,no!!! Y, mediante un carterazo, salí corriendo y lo dejé a Raúl a lo lejos con cara de no comprender la situación.

Fue una noche horrible. Afortunadamente algo bueno paso. Llorando por el desastre que fue esa cita me di cuenta que me faltaba el celular. Desesperada, comencé a buscar el teléfono y fue ahí cuando un chico, bastante lindo me vio buscando en la cartera preocupada y me pregunto que me pasaba y le dije que había perdido el celular.

El, cordialmente, me presto el suyo para que lo llamara. Llame y resultó que me lo había olvidado en la pizzería, por suerte me atendió el pizzero y me dijo que lo podía pasar a buscar y que podía venir tranquila porque el show de Benny Hill había terminado y, si no, podía venir al día siguiente. Ignacio, todo un caballero, se dignó a acompañarme y pude ir a buscar el celular a la pizzería.

Finalmente, ya más tranquila, con mi celular me quede charlando con Ignacio, me pedí un Taxi y el me espero hasta que lo tomara, un dulce.

Ya en casa, en calma, después de esa noche payasesca, me di cuenta que Ignacio me pareció muy simpático. Lástima, que no le había pedido el contacto. Aunque, lo tenía en el celular, pero no quería ser pesada ya que me ayudo y no lo iba a estar molestando.

Sin embargo, al rato de llegar mientras me lavaba los dientes, sonó mi celu: era un mensaje de Ignacio, que me preguntaba si había llegado bien. Le agradecí por todo y terminamos con un que duermas bien y así quedamos en contacto.

Una me salió bien de esa cita que comenzó horrible.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

El Diario de Martina II: Tasas de Té Chino

 


Por Angélica Bene

 

Querido diario:

Ya pasaron unas semanas desde que me mude y de a poco me voy terminando de acomodar en el Departamento comprando los cosas del día a día, sobre todo de la cocina.

La verdad, me doy cuenta que hay cosas, casi esenciales, que necesito, pero se hace difícil soportar la tentación de comprar otras cosas, que quizás no son tan importantes, pero son tan cute, que las compro igual, va qué se yo.

Todo comenzó el martes cuando con Romina pasamos por una confitería, y vimos una torta de ricota con dulce de leche espectacular y, de gordas, la compramos. Una tonelada de calorías innecesaria pero irresistible.

 Al llegar a casa, abrimos el paquete, sacamos la torta, nos hicimos unos mates y comenzamos a comer. La torta estaba riquísima y al rato pensamos, casi al mismo tiempo, que rica estaría la torta con un té, un té hebras en unas hermosas tasas con una linda tetera, más que con un mate.

Al rato, por esas extrañas conexiones de las redes, nos aparecieron, en el celu a ambas, publicidades de juegos de tasas de té que estaban ¡divinas!.Una mejor que otra. Y bueno, aún endeudaba como estaba no me pude resistir, las tarejetie.

Lo mas gracioso, es que a partir de ese día nos comenzaron a llegar todo tipo de propagandas vinculadas al te: mas juegos de tasas, variedades de te, cursos de cata de té, influencers que tomaban te y un lugar que fue muy lindo que es la casa de Victoria Ocampo “Villa Ocampo” en el bajo de Shann Ishidro gordo.

Con Romina, que nos habíamos puesto en la onda del té, nos encantó y fuimos en colectivo el sábado.

El lugar era precioso, nos la pasamos recorriendo la mansión con esas habitaciones grandes llenas de cuadros, donde Victoria se quedaba a leer, hacer sus traducciones y escribir. Tal vez ahí, fue donde se le ocurrió crear la revista Sur y, con Romina, las dos como unas desquiciadas sacándonos selfies con todo lo que encontramos, filmando videítos y usando todos los filtros y cosas que permite la aplicación.

La jornada la terminamos en la casa de té, que hay en el lugar y, como dos señoras paquetes, nos pasamos chismoseando y tomando té de hebras de hibiscus con frutos rojos hasta que cerro el lugar.

Al día siguiente, por la mañana, entre a instagram y vi que un chico le había dado me gusta a todas mis fotos de mis histori. Me dio curiosidad saber quién era, y vi que era un pibe que, si bien no se veía mucho la cara, sus fotos paseando en una camioneta le daban como que tenia onda. Así que le di me gusta a sus historias y ete aquí que nos comenzamos a seguir y nos pusimos a chatear.

Pegamos tanta buena vibra que quedamos en vernos. Y como venía con toda esta onda de casa del se te me ocurrió en ir al ir al Petit Colon a tomar una buena merienda con cata de té e infusiones.  Es más, mejor todavía, que fuera una sorpresa, así que le dije de juntarnos en la plaza Lavalle para luego ir caminando hasta el lugar, el miércoles a la tarde.

No se por qué pero estuve ansiosa toda la semana, incluso quizás emocionada, hasta que llego el gran día.

El miércoles llegué en horario a la plaza Lavalle y al rato desde lo lejos vi alguien que se acercaba hacia mí. Un morocho alto, con cierta elegancia, de pelo corto y cara cuadrada que se parecía a quien estaba chateando, pero que no se parecía del todo.

Hasta que me di cuenta que era el y no lo podía creer. Pero bueno, como dicen uno no se tiene que guiar por las apariencias y dije Hola ¿Rubén?

Y Rubén dijo-Si soy yo- ¿vo so Martina?   - a lo cual le dije, con sorpresa, Si y ese “vo“ fue premonitorio a lo que vendría.

Ya que de su boca salió un ¡ah so re fea, no so como el Instagram!

Su expresión fue tan fuerte para mí que hice como que no dijo nada, y me puse a conversar. Más allá del exabrupto, la cosa se tornó cordial y decidí continuar con los planes de ir al Petit Colon por la merienda.

A lo que Rubén respondió con un: Bueno vamo-expresando un -si no queda otra.

Caminamos, la cosa se había calmado y tornando cordial hasta que llegamos a la puerta del lugar cuando Rubén miro la puerta del Petit Colón y dijo en voz alta ¿Y esto que es?

Tratando de disociar y haciéndome la desentendida le dije: es el Petit Colon.  Un lugar para tomar el té con masitas, es riquísimo

 A lo que Rubén respondió ¿ir a tomar el té? Eso es re de vieja. 

Ahora si ya entrando en furia, puse mi mejor cara de orto y le dije bueno dale pasamos. Y así entramos al lugar. Con el solo objetivo de que esto termine lo antes posible.

Nos sentamos en la primera mesa que encontramos y el resto de la cita fue un hacer como que estábamos juntos. Yo me pedí un té de hebras con dos masitas y él se pidió una gaseosa.

Intentamos cruzar unas palabras, pero un silencio sepulcral donde nos mirábamos las caras inundo la mesa así que nos pusimos a ver los celulares. Hasta que finalmente me termine el té y él la gaseosa.

Pedimos la cuenta, a lo que llamativamente él se ofreció a pagar y le dije que no así que hicimos mitad y mitad. No voy a permitir que me diga fea y vieja y ahora se haga el caballero, mi dignidad esta primero.

Salimos del lugar y con un simplemente bueno chau me tengo que ir la cita termino.

El camino a casa en el colectivo fue pensado: la puta madre, es la última vez que me guío por estas boludeses del Instagram, los tipos son todos unos pajeros, ir a tomar el té soy una boluda

Llegué a casa y pensé , ya se lo bloqueo, por turro, a lo que lamentablemente cuando entre a la aplicación el ya me había bloqueado. Me quedé con la vena.

Sin más, me fui a bañar para relajarme y sacarme la bronca. Pero me quede pensando:

La próxima al que sea así lo bloqueo yo primera. Finalmente, re enojada sin hambre, me fui a dormir. Otro día será mañana.