Por Angelica
Bene
Querido diario:
Agosto comenzó a mil quienientos
en el laburo ya que se hacían unos cursos para ingenieros donde otra vez una
fauna de personajes se hacia presente. Aunque esto ya me lo esperaba porque el
mes anterior, cuando comenzaban las inscripciones, me toco anotar a varios sujetos
que fueron un aviso de los dolores de cabeza que se venían.
Uno de esos casos, que lo recuerdo con ternura, fue un pibito de 18
años. Ya que para inscribirlos les hacíamos un breve cuestionario. Este
chiquito, era un aparato, respondía todo con un tono monocorde explicando con
detalle cada cosa y que generalmente terminaba en un –“porque fui a un colegio
técnico”-. La vida estaba destinada por que había ido al colegio técnico.
Lo recuerdo preguntándole -¿estas estudiando ingeniería? y me respondía
–si- y le preguntaba -¿y por qué estudias ingeniería? a lo que me decía porque
fui a un colegio técnico y luego le preguntaba -¿Por qué viniste a hacer el
curso? Y me decía porque estoy estudiando ingeniería porque fui a un colegio técnico
y así sucesivamente con prácticamente todo.
Pero el plato fuerte vino por otro lado, vino por el lado de un tal
Maxi o Masi como el se hacía llamar. Un gordo grandote, ingeniero o algo así
que estaba con la organización de los cursos y que desde el día cero se propuso
tomar de punto a mi nueva compañera Janet.
Cada mañana, ya se lo veía venir al asqueroso cuando se escuchaba
que tiraban abajo la puerta de entrada y luego el irritante grito de ¡Aloooja!
Mi compañera lo odiaba y yo
también. Aunque conmigo no se metía porque lo miraba de reojo y con desprecio,
entonces se alejaba. Pero siempre buscaba kilombo.
El Masi siempre venia y de prepotente se llevaba las cosas de la
oficina. Se llevaba biromes, lápices, las resmas, abrochadoras y en especial
las bandejas de medialunas para los cursos. A lo que Janet, que se encargaba de
ese itinerario, no sabia como ponerle freno ya que se terminaba llevando casi
todo y por ende la retaban.
Es mas, un día vino con un cachorro de Pitbull hermoso y luego,
espontáneamente, le dijo a Janet -este perro es una joya y por mas que tengas
el mejor culo, las tetas o bailes enel caño de cocodrilo yo por menos de 1 millón
de pesos no lo vendo.
Con Janet nos mirábamos y no entendíamos nada. Le gustaba molestar.
Hasta que un día, coincidió que Janet se había ido a hacer un
trámite y al entrar el Maxi se encontró con las medialunas y conmigo. Como era
de costumbre inmediatamente se abalanzo hacia las bandejas de medialunas pero
esta vez se tropezó con lo imprevisto. ¡Le pegue un grito al Maxi diciéndole: ¡¡deja
esas medialunas ahí que son para los cursos!!!
No se cómo habrá sido mi cara o mi grito, pero el Maxi quedo
tambaleando por unos segundos y atino a decirme algo cuando nuevamente le dije-
¡¡deja ahí las medialunas!!!- y esta vez se fue re enojado. Las medialunas no
se manchan me dije para adentro.
Tal fue su calentura que como un nene chiquito llamo a mi jefe, el
viejo obviamente no entendía un carajo lo que pasaba, de repente atendió y le
hablaban de las medialunas, solo con escuchar eso lo mando a la mierda y corto.
Pero vaya a saber que fibra abre tocado, que al gordo le gusto mi
reacción y a los dos días estoy escribiendo en la computadora y frente a mi
escritorio, que hay un a puerta con un vidrio, levanto la mirada y veo a Maxi
con la cara apoyada al vidrio haciendo sopapa con la boca inflando los cachetes
con el aire. Un asqueroso, que estará haciendo pensé, hasta que me di cuenta
que era su rito de cortejo o algo así.
Luego de eso, vino finalmente la declaración, ya que paso y me dijo
toma reina para vos dejándome unos chocolates. Ay no!!! Le guste al aparato
este.
Pero lo peor de todo, se ve que había entrado en algún pozo de baja
autoestima, que a los dos días lo empecé a mirar con cariño y terminé yendo a
comer con el Maxi a un lugar que yo elegí. Mis defensas por el piso.
Que habrá pasado por mi cabeza, no lo sé , solo recuerdo decirme a mí
misma bueno estoy alrededor de los 30, laburo tiene, obra social también, quizás
si baja un poco la panza y se comporta puede funcionar. ¡Ay Dios una boluda
total!
Ese sábado quedamos en vernos y yo elegí, sin decirle obviamente, un
lugar de comida vegana. Todavía recuerdo lo bizarro de la situación.
Llegamos al restaurant, nos sentamos y yo pedí una tabla veggie para
picar. Cuando llego la comida y el mozo apoyo la tabla en la mesa. La cara del
Maxi se desfiguro mientras se le desorbitaban los ojos. Y luego, vino lo mejor
se paró, casi tirando todo de la mesa, y se puso a gritar:
¿¡Que es esta mierda de pajarito!!?!¡¿Sabes porque yo tengo esta
panza?!!!- mientras se levantaba la remera, se daba palmadas en la panza y se
agarraba con fuerza los rollos.
¡¡¡Porque yo
como lo que quiero, lo que me gusta, lo que me hace feliz!!!! No como vos, que
comes esta bosta de pajarito.
Lo que me dejo
estupefacta y le dije- para baja un poco la voz que nos están mirando todos-
Y el Maxi se
puso peor - dándose palmadas mas fuertes
en la panza y gritando con mas entonación dijo- ¡¡¡No paro nada, esto es una mieeerda
,chau!!!! y se fue.
Lo mas curioso
es que al irse la gente del bar se puso a aplaudir.
Luego de esa
situación estuve un rato muda hasta que entre en razón y agradecí que se fuera
y que esa cena tan patética haya terminado. ¿En que estuve pensando para venir
acá con este aparato me dije a mi misma?
Pero en fin, por
suerte había durado poco así qué pagué, caminé unas cuadras y me fui a tomarme
un café con un alfajor para terminar con algo de dulzura esa noche amarga pero
quizás también de fortuna.
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