domingo, 16 de noviembre de 2025

El diario de Martina Parte 1 – La mudanza

 

Por Angélica Bene

 

Querido diario:

hoy acaban de pasar ya dos meses de mi cumpleañitos y si bien me dan un poco de amargura estos 29 años, porque soy un poco mas vieja, estoy fascinada con esta aventura que es la de poder irme a vivir sola, acá en mi departamento de Caballito.

Bueno es verdad que no es lo que soñaba, ya que es un monoambiente, pero es bastante acogedor y tiene un lindo ventanal que entra el sol por las mañanas.

La mudanza fue todo un lio, pero mis papis, como siempre, me re ayudaron.

Sentí que, a papá, le costó mucho ver que me voy a vivir sola, como una cadena que se rompía. ¡La nena, se iba de casa!  En cambio, a mamá, la sentí como que tuvo cierto alivio como contenta no sé, quizás de lo rápido que crecemos.

En fin, comenzar a vivir de forma independiente me da mucha emoción.

Al mudarme me di cuenta que no tenía muchas cosas salvo: mi ropa, un armario, la cama y la heladera que compré.

Ahh que lio fue subir todas esas cosas. La cama, primero que papa tuvo que subirla solo y casi rompe el ascensor. Aunque subir la heladera fue lo peor. Los fleteros me la dejaron en la planta baja y se fueron. Justo cuando papá había ido al quiosco. Estaba solita con la heladera no sabía que hacer.

Por suerte apareció mi salvador Fabricio, un vecino del piso de arriba, que me ayudo a subirla. Un poco charleta, pero un caballero. 

Finalmente, tenia todo subido y fue el momento de empezar a ordenar, no sin antes llamar a Sabrina para juntarnos con las chicas el sábado en el estreno de mi nuevo hogar.

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Jorge

El sábado con las chicas lo pasamos de 10, comimos pizzas, miramos algunas pelis y comimos helado, pero bueno ya domingo y hay que prepararse. El lunes hay que ir a trabajar a la oficina y después a la facu. Comienza la cursada de mis últimas materias esperemos terminar el año que viene.

La mañana del lunes fue un despiole no encontraba nada así que me bañe, me peine, me maquille rápido y salí corriendo para el trabajo.

La oficina no arranco de la mejor manera. Mi jefe, Aníbal, un viejo loco que no entiendo como no esta jubilado o preso, me dijo que esta incorporando nuevas secretarias y empleados y se le ocurrió hacer un cuestionario inicial para filtrar a los candidatos y que no entrara cualquiera.

El motivo era que la semana pasada había contratado de secretaria a una sociología con la cual tuvo un encontronazo, por cuestiones de género, y no duro dos días.

Debatieron porque ella decía que podía usar la E, pero creo que el problema principal era que le reclamaba que la jornada de trabajo era 8 horas y no 12.

Para evitar eso armo el cuestionario.

Leer el test y encontrarme que la primera pregunta decía: ¿qué es un troll? Y entre las opciones estaba- un desviado sexual-. Me dejo en shock.

Le respondí, que bien pero no sé si todos lo van a entender, a modo de tapar semejante barbaridad, a lo cual Aníbal puso cara de enojado y se fue dando un portazo.

Lo bueno es que no volvió a aparecer en todo el día. Así que más allá de eso el día fue tranquilo

Finalmente, termino mi jornada laboral y me fui a la Facu. Llegué muy justa de tiempo así que me senté en los asientos del fondo.  

Y ahí mi día cambio, estaba ordenando la cartera y escuche- ¿está ocupado?- en alusión al asiento de al lado donde había puesto mis cosas. Ahí lo vi a Jorge: Un flaquito de barbita medio Jipon con voz de galán de novela. Yo ni lerda ni perezosa, le dije si por supuesto y saque la cartera.

La primera clase, como siempre es medio aburrida ya que suelen decirnos cosas generales de la materia, pero mi aburrimiento se fue charlando con Jorge. Al final cuando salimos de la facu seguimos charlando. Habíamos pegado re onda. En ese ir y venir, no se si estuve bien, le dije donde trabajaba, intercambiamos los celu y quedamos en ir a tomar algo un día de estos.

Me sentía toda una diva, mudada conociendo a un chico. Es más a la noche y al día siguiente seguimos mensajeándonos.

Pero el miércoles me lleve una sorpresa. Estaba a un rato de salir del trabajo y me llego un mensaje de Jorge. Que decía: hola reina ¿como estas? Vamos a tomar algo hoy, yo te invito. No me gusto lo de reina, me pareció muy confianzudo pero lo de ir a tomar algo la verdad que me dieron muchas ganas.

Así que le dije que si –dale a qué hora nos vemos- y el me respondió a las 18 , te paso a buscar por el laburo. A lo que le dije que si. Pensaba genial, me pasa a buscar con el auto y me invita a tomar algo, es un dulce soy una mal pensada.

Paso, la hora que faltaba y salí del trabajo y no pude entender lo que veía. Lo veo a Jorge en la puerta esperándome en jogging, con una mochila y una bicicleta y que me dice ¿como estas reina? -vení vamos a dar una vuelta a tomar algo.

En plena confusión, dije bueno vamos.

Y luego de un vení subite, haciendo referencia al asiento trasero de la bici, me llevo a una plaza que quedaba a unas cuadras. Saco una especie de mantel y nos sentamos en el pasto.

Luego, de la mochila, saco el mate, una gaseosa de tónica y un taper con empanadas. El cual, luego de hacer un esfuerzo lo abrió y me dijo toma las cocino mi vieja. Me dio pena decirle que no, veía su cara de alegría así que agarre una empanada y me la comí, estaban riquísimas, pero algunas eran de acelga. Así que me vi sentada en la plaza con Jorge, en Jogging, y viendo como un verde se le pegaba en los dientes y me pareció un poco incómodo.

Luego de estar un rato largo, y ver que Jorge  acerco su cara hacia la mía, varias veces. Para yo desviarlo con prácticamente cualquier cosa. Finalmente le dije que me tenía que ir, a lo que Jorge se ofreció llevarme en bicicleta.

Le respondí que vivía lejos y que me tomaba el colectivo pero agradecí el gesto. Jorge se lo tomo bien y se despidió diciendo, con resignación, -dale, nos vemos en la Facu.

Después me tome el colectivo, llegue a casa y me di una ducha. Para darme cuenta de que tengo un nuevo amigo.

 

 

jueves, 30 de octubre de 2025

La historia del Chufaseca

 


Por Jabond

Los pueblos del interior de la provincia de Buenos Aires están plagados de leyendas y personajes de diversa índole. Mezclados entre historias burlonas, pasiones, amores  o sujetos misteriosos conocidos solamente a través de la envidia, rumores o el chisme.

Una de estas historias ocurrió hace mucho tiempo haya por Henderson  en una pequeña despensa donde atendía todos los días un hombre flaco, alto, de pelo corto con algunas canas, cara pálida, arrugada y delgada, que parecía como si estuviera chupando hacia dentro sus cachetes, que hacía que algunos lo apodaran como el “Chufaseca”.

En aquellos tiempos Henderson era un pueblo muy pequeño con muy poca población donde todos se conocían plenamente pero lo llamativo era que del Chufaseca nadie sabía su historia.

Los más viejos, de los pocos que había, contaban que lo único que sabían de él es que un día llego con el tren con una simple valija y pidió trabajar unos días en el almacén de Ramos Generales. Por ese entonces el dueño no tuvo problemas en darle el trabajo pero a los pocos meses dejo el almacén y se puso la pequeña despensa, que tuvo por más de 15 años.

El Chufaseca era de carácter parco, poco conversador y amable con la gente. Sin embargo, su poca predisposición a la charla y su soledad hicieron correr miles de rumores.

El primer gran rumor que circulaba era que había sido socio del dueño del almacén de Ramos Generales y por plata se habían peleado y desde ese entonces se puso la despensa.

Algunos mas curiosos, que en el aburrimiento solían seguir sus movimientos,  veían que una vez por mes esperaba una cierta cantidad de paquetes que traía el ferrocarril. Estos decían que el Chufaseca en realidad  se encargaba de levantar las apuestas clandestinas que se hacían por la zona y que la despensa era una fachada.

Otros mas conspirativos, decían que el Chufaseca tenía alguna historia oscura, habría sido algún forajido, un hombre de negocios turbios, que por un atraco, estafa o robo de dinero debió escapar de la ciudad e instalarse en un lugar tan lejano como lo era Henderson por aquellos años.

Finalmente, los amantes del chisme y del prejuicio, decían que al Chufaseca le gustaban los hombres y cuando salía a dar una vuelta a caballo o por las noches seguramente se encontraba con otros hombres para  hacer encuentros sexuales multitudinarios y morbosos.

Toda una serie de rumores que siempre fueron incomprobables y que al Chufaseca nunca le importaron. Sin embargo todo cambio una mañana de primavera, cuando una de las clientes habituales, que solían comprar el pan y el dulce de leche, entro a la despensa y lo encontró ahorcado colgado de una de las vigas del almacén. El grito de la pobre señora, antes de desmayarse, se escuchó en todo el poblado.

Los transeúntes que estaban cerca corrieron al lugar y llevaron a la señora afuera para que tomara aire y llamaron a la  policía.

El comisario, al llegar, comenzó por ordenar el alboroto que se había armado alrededor del almacén y puso a trabajar a sus hombres.  Cuando comenzaron su trabajo su primera hipótesis fue el suicidio, ya que en una primera revisión el lugar parecía intacto solamente con el fallecido.

Sin embargo, cuando la señora se recompuso y contó que la puerta estaba abierta, se empezó a hablar de un crimen y aquellos rumores se convirtieron en líneas de investigación.

Al primero que fueron corriendo a ver fue al dueño del almacén de Ramos Generales, quien al interrogarlo no agrego mucho al caso solamente que confirmo parte de aquella historia en la cual le había dado trabajo y que luego de un tiempo se puso el almacén. Aunque,  también fue el quien le dio la idea y le presto el dinero para el almacén ya que quería evitar el surgimiento de futuros competidores. Pero que luego su relación se esfumo.

Después, comenzaron a buscar a alguien que lo conociera y el actuar de la policía llevó a buen puerto. Unos crotos de la zona confesaron que lo conocían y que a veces solían juntarse a jugar a las cartas, por plata, en la noche en su almacén y que era un gran amigo y les dio mucha tristeza su fallecimiento.

Los gauchos contaron que uno de ellos estuvo esa noche, el cual en su interrogatorio dijo que estuvo esa noche pero que se fue temprano incluso el Chufaseca cerró la puerta con llave al retirarse. Su declaración hizo que se lo llevaran detenido.

Al rato, los policías que revisaban la casa encontraron algo impensado: un cuartito secreto con una mesa y en él, escondida, una caja fuerte abierta. Sobre la mesa había unos papeles con números, sobres, un abre carta y algunos paquetes que eran del ferrocarril.

La policía se dirigió al jefe de estación del tren y al del correo y preguntaron por los paquetes que le llegaban al Chufaseca. Ellos les dijeron que, generalmente ese tipo de encomiendas suelen venir productos de almacén pero también pueden venir otras cosas como objetos de contrabando ya que podían adulterarse las direcciones.

La escena que al principio parecía simple se había vuelto totalmente compleja y el suicidio se había convertido en crimen. Sin embargo, no se encontró nada mas en la escena del crimen, la autopsia no logro determinar si se colgó solo o alguien lo colgó e incluso bebió algo antes de su muerte whisky con otra sustancia que no pudieron identificar de que se trataba. En el ferrocarril, revisaron los paquetes y no encontraron nada. Pasado un mes, tampoco volvió a llegar alguna correspondencia para el Chufaseca.

Pasados tres meses, la fiscalía comenzó a establecer que no había pruebas contra ninguno de los sospechosos, así que liberaron al Croto y la investigación quedo frenada ya que no había nada nuevo que agregar.

Finalmente pasado un año, se decidió que ante la falta de pruebas la muerte habría sido un suicidio y la causa se cerró.

Aunque, pasadas varias décadas todavía se sigue escuchando, en algunos encuentros donde se cuentan historias, de esa mañana en Henderson y el misterio de la muerte del Chufaseca.

IA

 

 

jueves, 23 de octubre de 2025

La laguna de las almas perdidas

 







Foto:Ambito Financiero

Por Jabond

 

Bueno una última parada antes de llegar al puesto, arrojamos la carga en la laguna y ya terminamos con esta jornada. Esperemos que este viento fresco no levante mucho polvo y nos retrase - Dijo el Sargento mientras tiraba una colilla del cigarrillo por la ventana del camión.

Zapata, tomando con una mano la cruz que tenía colgada en el cuello dijo- Si es verdad, pero le voy a confesar algo, mi sargento, no me gusta venir a estos sitios.

Sargento: Pero no me diga que usted tiene miedo ¿a que le tiene miedo se puede saber? Hace ya varios años que venimos haciendo lo mismo a fin de mes. Y es más, hoy solo son un par de restos de las donaciones que nos hizo la Cementera al Batallón 601.

 Zapata: Es verdad tiene razón, hace mucho que venimos haciendo esto pero el tema es la noche y el lugar.

Sargento: La noche y el lugar. Sea más claro soldado que no lo entiendo.

Zapata: Si, el lugar, ese Pozo donde tiramos todo. Sabe: en donde yo vivo, haya por Guaymallén, se contaban historias.

Sargento: ¿Historias? Sigo sin entender.

Zapata: Si a esos lugares le llamaban el “agua de los muertos” o “agua del gritadero de las ánimas”: contaban las leyendas que, en una noche de eclicse de luna, unos indios mapuches, muy malditos, perseguían a otros indios para asesinarlos. Y al parecer, estos indios en el momento que se vieron acorralados pidieron ayuda a sus dioses y sus plegarias fueron escuchadas. Al pasar los mapuches un agujero rojizo con agua se abrió y se los trago. Como una puerta del infierno. A partir de ese día puede escucharse a veces ruidos de gritos y gemidos que no son otra cosa que las almas en pena condenadas al infierno y de ahí su nombre

Jorge-que había estado callado por un largo rato dijo- si a mi también me han contado historias pero para mí que eso lo hacen los padres para que nos portemos bien y que no salgamos a pavear a la hora de la siesta o para entretenernos un rato.

Zapata: Si, no sé, pero me da mal augurio, estamos yendo al lugar y es noche de eclicse.

¿¡Mal augurio?!- vocifero el Sargento- tanto kilombo por una lagunita de mierda para mi que usted es un maricón y está dudando de nuestra misión para salvar al país de esos subversivos de mierda.

Zapata-No, no, para nada. Estoy completamente seguro de mi misión para terminar con la subversión. Pero este lugar y esta noche no me gustan.

-Zapata: No me da miedo la tarea pero preferiría  estar en otro sitio

El camión continuaba su camino, mientras  la luna se iba tornando completamente roja. En la ruta no había nadie, solamente se escuchaba el ruido del motor hasta que Jorge, que iba manejando, dijo--Bueno vayamos preparándonos que estamos llegando. Para luego , desviarse de la ruta y tomar el camino de ripio hacia la Laguna.

Habían avanzado algunos metros y el viento fresco se tornó cálido.

Zapata: Lo notó Sargento, viento Zonda. Acá en Malargüe, a esta altura del año y en esta zona ,es raro.

Sargento: Zapata, me está empezando a calentar con sus supersticiones.

Bueno llegamos- expreso Jorge luego de acomodar el vehículo a unos cuantos metros de la laguna.

Mete el camión bien cerca del pozo y ponelo de culata- Le indico el Sargento a Jorge

De repente el viento cálido comenzó a levantarse y resoplaba cada vez mas fuerte. El eclipse entraba en su etapa principal.

Zapata se puso nervioso- mire capitán escucha, ese viento no es común.

Sargento: Usted es un cagón, hace años que hacemos esto y hoy, que solo tiramos un poco de cemento, le da miedo.  Jorge metele que el cagón de Zapata tiene miedo. Cuando vuelva le voy a dar una mes en el calabozo.

Sargento: Dale, levanta el montacargas

-El viento aumentaba y comenzaban a escucharse como voces. Zapata se puso pálido

Zapata : Las ánimas.

Sargento: que animas y que ocho cuarto, es el viento de la cordillera seguí Jorge no le hagas caso al cagón.

El camión comenzó a tirar la carga, pero de repente el montacargas se trabo quedando inclinado con parte del cemento atascado.

Sargento: Dale Jorge subí mas

Jorge: creo que se atascó mi Sargento.

Sargento: Dale Zapata deja de pelotudear subí y ayuda a tirar la carga.

Zapata, medio tembloroso, se subió al montacargas y con una pala empezó a tirar el cemento y de repente apareció un brazo de un cuerpo.

Zapata- se asustó-: no puedo seguir .

El Sargento tiro un insulto al aire -pero que tagarna inútil- hace cuanto que venimos haciendo esto, se les habrá pasado un muerto más un muerto menos, a los que venimos tirando. Ya vamos a ver esto en el cuartel- empujo a Zapata que casi se cae a la Laguna-  se subió al montacargas  y continuo tirando el cemento y empujando el cuerpo cada vez mas hacia el borde que le iba costando mas.

Intempestivamente, el viento comenzó a soplar con una fuerza huracanada  el aire cálido hacía sentir que estuvieran en una hoguera. Tal fue la fuerza que movió un poco el camión y levanto el montacargas.

El sargento,  sintió como si lo empujaban y se cayó hacia el fondo del camión, mientras caía el cemento y el cuerpo hacia la laguna.

En su desesperación, por no caer, se agarró de una de las barandas del camión. Pero quedo helado cuando sintió un frio en su pantorrilla. Era el muerto que se agarraba de el como intentando salvarse o tratando de llevárselo con sigo.

 El Sargento se agarro fuertemente y comenzó a gritar a Zapata ayudame boludo no ves que me caigo.

Zapata se abalanzo para ayudar al capitán pero se vio paralizado ante el espectáculo.

El viento se había vuelto ensordecedor esas voces se habían convertido en gritos como almas condenadas al infierno  y el sargento se precipito hacia el pozo junto con el cadáver.

Abajo, la laguna oleaba salvajemente como una olla hirviendo y Zapata juro ver en el fondo de la misma, en sus aguas cristalinas, un montón de cuerpos que se abalanzaban y agarraban al sargento el cual caía en sus aguas para desaparecer.

¡Sargento! grito Zapata y atino a correr en su ayuda pero Jorge lo detuvo:

¡Para, para  ya no se puede hacer nada!- grito Jorge.

Zapata-¿Como?

 Jorge: Ese pozo tiene corrientes y canales submarinos una vez en él no se puede salir por eso tiran los cuerpos ahí, para que desaparezcan. El capitán ya está muerto no se puede hacer nada.

Mientras  decían esto, el viento aminoraba y el eclipse comenzaba su etapa final.

 Jorge dijo- la tarea ya está cumplida vámonos a mí tampoco me gusta este lugar, no soy creyente pero las historias de este lugar me hacen temblar las piernas y sobre todo ese nombre pozo de las animas o de los muertos, en fin.

Subieron al camión y continuaron hacia el puesto fronterizo. El viento zonda había mermado como si nunca hubiera estado y a medida que se alejaban las voces también. Al llegar, Zapata y Jorge informaron sobre lo ocurrido y expresaron no querer volver al lugar.

Por su parte la compañía evaluó que era algo muy riesgoso seguir tirando deshechos en el lugar así que desistió de su tarea, en ese sitio.

Sin embargo, para Zapata y Jorge, lo vivido los dejo marcados: fantasía o locura nunca pudieron borrar la imagen del sargento cayendo en la laguna  o entrando en el infierno, eso no importaba.

Lo único que quedo, para ellos, fue pedirse la baja y llevarse en sus mas profundos recuerdos atormentados durante los descansos a través de pesadillas de aquella noche en la Laguna de Malargüe

 

 

domingo, 12 de octubre de 2025

No te desharás de mí tan fácilmente

 



Foto:Infobae
 

Por Jabond

Este suceso ocurrió por el barrio de Saavedra, una zona de casitas bajas que en el último tiempo con el avance de las construcciones fue dejando de lado a su clásico estilo porteño por los edificios de altura.

En una de las demoliciones, un antiguo chalet de dos pisos y un altillo donde trabajaban entre tres y cinco personas, un trabajador tenía la costumbre de llegar muy temprano, ser el primero en empezar, para terminar su horario laboral lo antes posible, aparentemente por una cuestión amorosa. 

Sistemáticamente todas las mañanas llegaba, se cambiaba la ropa, ponía unos mates y empezaba con la demolición.  A la hora, aproximadamente, solía llegar su compañero y luego el resto de la cuadrilla.

A los diez días, de comenzada la construcción, el chalet ya no tenía techo ni ventanas, estaba casi al aire libre y en la planta baja se había acumulado un montículo de tierra, escombros, fierros y maderas viejas.

Una mañana estaba trabajando en la planta baja y en un momento sintió unos ruidos como si tiraran piedritas. Freno por un momento, no escucho nada, y siguió trabajando. A los minutos, nuevamente el ruido que cesaba cuando dejaba sus tareas. Luego de un rato, detuvo lo que estaba haciendo y salió a dar una vuelta para ver quien estaba haciendo el bullicio y, al salir, no vio nadie alrededor. Así, que continuo con sus tareas pensando que había sido el viento.

Al día siguiente, otra vez el ruido de las piedritas, pero esta vez fue diferente ya que escucho unas risas de niños. ¡Pendejos de mierda! grito el albañil y salió corriendo hacia donde se escuchaban las risas y las piedras, pero, otra vez, no había nadie.

Al tercer día, nuevamente la misma historia, solo que ahora al salir los llego a ver: eran dos niños que estaban parados arriba del montículo, vestidos con pintorcitos uno azul y otro verde, tenían los ojos amarillos rojizos y una risa blanca que miraron al hombre para luego salir corriendo. El albañil, luego de quedar sorprendido unos segundos, los salió a correr, pero fue inútil ya que rápidamente los perdió de vista tras la montaña de basura. Así que decidió recorrer el lugar en búsqueda de las criaturas. Revisó todo, incluso la puerta, que estaba cerrada. Pero, no había nadie en la obra más que él.

Al cuarto día y encontrarse con la misma situación le comenzó a preocupar lo que estaba sucediendo, aunque esta vez al llegar su compañero le pregunto si no había visto unos pendejos rompiendo las bolas en la construcción. Su compañero, sorprendido, le dijo que no y que la puerta estaba perfectamente cerrada cuando llego, así que nadie pudo entrar o salir sin hacer ruido y que se enterase. 

Habían pasado 5 días y el albañil estaba empezando a creer que estaba loco. Había dos niños jugando sobre el montículo tirando piedras y solo él los podía ver.

Al día siguiente cuando escucho los ruidos, decidió actuar con cautela. Sigilosamente fue hacia donde se escuchaban los golpes de las piedritas y pudo ver a los chiquillos jugando. Y los llamo, pero fue inútil, salieron corriendo al verlo y desaparecieron.

Fue así que el albañil se paro frente a la montaña de basura y gritó:

-¡Niños! ¡Niños! disculpen no quiero molestarles, pero les tengo un trato para hacerles.

-Hagamos el siguiente trato, ya que al parecer solo yo puedo verlos, si ustedes se dejan ver a mis compañeros les regalo una bolsa de caramelos. Aunque sea una vez.

Cuando terminó de decir las palabras una leve ventisca, le hizo entender que había hecho un trato.

A la mañana siguiente, el albañil llego un poco más tarde de lo común con una bolsa llena de caramelos y al entrar gritaba:

-Niños acá estoy, cumplí con mi promesa, una bolsa llena de caramelos. En un rato llegara mi compañero y se tienen que dejar ver.

A los 15 minutos llego su compañero y el albañil sin mediar palabras atranco la puerta, lo tomo del brazo y le dijo -seguime.

Se paró frente al montículo. Su compañero no entendía nada.

-Chicos aquí está la bolsa de caramelos, ahora cumplan con su promesa.

De repente, sin entender como salieron desde atrás del montículo los dos nenes y se pararon en la parte más alta mirando fijamente a los dos operarios.

El albañil, con la bolsa de caramelos en la mano y sosteniéndola en alto, le decía a su compañero viste te decía por estos chicos, su compañero quedo helado viendo esas fantasmales figuras. Hasta que una estrepitosa ráfaga de viento levanto una polvareda e hizo desaparecer de la mano del albañil la bolsa de caramelos y después de limpiarse la tierra de los ojos, los niños ya no estaban más.

Los dos hombres quedaron estupefactos y con miedo. Pensando que habría sido eso. Serán espíritus dijo uno, pero yo creo que no hay niños que sean espíritus, quizás son otra cosa, dijo el otro. Era todo muy desconcertante, pero tenían que seguir trabajando.

Para su suerte, desde ese día los niños no volvieron a aparecer, lo que los hizo pensar que se habían marchado. Sin embargo, algo les hacía pensar que aquellos niños aún permanecían en el lugar.

Fue allí, al mes, cuando comenzaron las excavaciones con la pala mecánica, un vendaval se desato en medio de la obra e hizo que el maquinista hiciera un mal movimiento rompiendo un caño de agua con la máquina. Cuando pudieron cortar el chorro de agua y ordenar la excavación apareció el horror. Un esqueleto de un hombre completo con restos de ropa yacía bajo aquel chalet. A lo que inmediatamente se llamó a la policía y se inició una investigación que en sus estudios dieron como resultado un crimen ocurrido hace varias décadas.

Y fue así mientras eso ocurría que a los trabajadores no les quedo otra cosa que recordar a los niños y el viento. Los chicos, habrán sido fantasmas que querían dar a conocer al fallecido o si no ¿Qué? Quizás algo que entendía que era hora de dar a luz el crimen para ir a cobrarse alguna deuda de antaño.

Eso no lo sabrán, pero algo es seguro, terminar lo antes posible para alejarse de ese lugar y no volver nunca mas.

 

 

 

jueves, 25 de septiembre de 2025

Los alacranes

 

Imagen Fuente:Página/12


Por Jabond

Aquel verano,  en Magdalena, se produjo un gran revuelo cuando el pueblo se encontró infestado de alacranes. Todo fue un gran alboroto durante aquellos primeros días, pero se puso peor cuando la mañana del sábado encontraron un muerto en el viejo aserradero.

 Al llegar la policía,  encontró el cadáver y una asquerosa cantidad de alacranes por todo el lugar que llevó a que más de un oficial deba retirarse, ya sea, por que sufrió alguna descompostura o por el miedo al veneno de su picadura.

A la hora del descubrimiento, el  equipo de investigaciones científicas  llegó preparado para la intervención mientras se comunicaban con la familia del occiso, ante la presencia del propietario de la maderera.

El mismo, explico a la policía que se trataba del viejo Rolo el cual hace un tiempo había renunciado pero que había decidido volver y lo había recontratado.

El fue quién llamo a la policía, por la mañana, cuando al ingresar a la planta para comenzar su turno un trabajador, se encontró con el fallecido tirado en el piso con unas herramientas al costado. Primero, pensó que quizás estaba borracho ya que Rolo solía quedarse hasta tarde haciendo algún trabajo u hora extra  y luego tomarse algún agua ardiente, pero al no contestar el llamado e intentar moverlo se dio cuenta que estaba muerto, mientras salían aquellos artrópodos por entre sus ropas.

Los oficiales, luego de inspeccionar el sitio, se llevaron el cuerpo  a la morgue para realizarle la autopsia. En la misma, encontraron en el cuello del fallecido un pequeño orificio a lo que rápidamente la policía volvió a la carpintería y recolecto algunos ejemplares de aquellos artrópodos para poder obtener muestras y compararlos con los restos de Rolo.

La comparación, realizada en el laboratorio, dio como resultado que su sangre tenia componentes compatibles con dicho veneno y el orificio también. Para la fiscal y la policía el caso estaba cerrado, muerte por envenenamiento de  alacranes.

Sin embargo, se necesitaba algún tipo de observación del lugar y testimonios a modo de contextualizar el expediente y poder cerrar definitivamente el caso, acción que le tocaba al  agente Pinto.

Pinto, al comenzar con el informe solo tenía como descripción: ”Un hombre que regresa a su trabajo después de haber renunciado  con la mala suerte de ser picado en el cuello por  un alacrán que lo termina matando”. Algo bastante surrealista para su gusto, es más, hace muchos años que vivía en Magdalena y nunca había escuchado de este tipo de bichos venenosos.

Así que, después de que hubieran revisado la escena donde encontraron a Rolo, decidió  volver a la misma para observar el lugar y sus alrededores.

Comenzó el recorrido y no veía había nada fuera de lo común aunque le llamo la atención que desde las ventanas del aserradero se veían unas casas a lo lejos y , directamente, en una de ellas vio ingresar una hermosa mujer- alta, de cuerpo tallado y piernas esbeltas- con su esposo y sus hijos.  

Continuó con las observaciones y comenzó  a conversar con el resto de los empleados de los cuales no consiguió demasiada información, ya que era la primera vez veían a los alacranes y no conocían demasiado a Rolo, aunque dijeron que era un hombre buen mozo para su edad y bastante desagradable.

 Luego habló con el dueño, al cual encontró en la calle llevando unos frascos de barniz,  que dijo sentirse apenado de la muerte de Rolo ya que lo conocía hace años y si bien en algún momento de la vida habían tenido discusiones era como uno más de la familia y por eso lo había recontratado.

Después, se dirigió a conversar con la familia de Rolo. La misma, estaba con una absoluta tristeza y le llamaba la atención esto de morir por alacranes era algo impensado tantos años en la maderera, en la que solía pasar casi todo el día y nunca supo nada de los alacranes y sus peligrosos aguijones.

Allí, Pinto, le pregunto a su esposa si no conocía a alguien que haya trabajado en el aserradero hace muchos años para poder juntar un último testimonio y cerrar finalmente el expediente.

La esposa le dijo  que todos los que habían trabajado en ella se habían ido del pueblo, quizás con el dinero de la indemnización habían decidido irse a vivir a Buenos Aires. Aunque recordó que quizás  el kiosquero, que estaba a unas cuadras del lugar  tendría más información ya que estaba hace muchos años.

Así el agente se dirigió hacia el kiosco y comenzó una conversación con el kiosquero. Luego de una charla inconducente, finalmente el hombre del kiosco, se relajó, y le contó que  ese dueño del aserradero era un estafador. Los rumores decían que siempre fue un tramposo, ya que era de echar a los trabajadores de muchos años y no les daba ni un peso de indemnización. El había trabajado un tiempo pero enseguida se había dado cuenta  de cómo era así que lo mando al diablo y renunció para poner este negocio hace ya 30 años.

Pero también le dijo, que ese Rolo no se quedaba atrás, ya que era muy mujeriego y una vez había terminado en un choque de puños por temas de pollera.

Al comentarle que  Rolo murió picado por los alacranes el kiosquero pego una carcajada, y dijo por ¿alacranes?, esos bichos son inofensivos y están desde antes que mi madre  viniera al pueblo. Me acuerdo que jugábamos con ellos y que alguna vez hubo un caso de un niño pequeño picado en el cuello por un accidente doméstico pero que fue llevado a la salita y rápidamente se había recuperado.

Sin prestarle mucha atención en un principio a lo que dijo el kiosquero el agente decidió retirarse. Pero, algo le quedo repitiendo en su mente no había trabajadores viejos, las mujeres,  los alacranes y el fallecido.

Hay un muerto y se le hecha la culpa a los alacranes por el veneno. Después descubren, con gente del lugar que los alacranes siempre estuvieron y que su  veneno es casi inofensivo para los humanos quizás para un niño picado en el cuello.

Algo no encajaba, pero volvió a la comisaria para, con los datos obtenidos, cerrar el caso. Pero esa ocasión ocurrió algo particular ya que la autopsia fue hecha en Magdalena y no en La Plata, así que en la comisaria estaban los forenses charlando sobre el caso.

Forenses-La verdad es bastante llamativo el veneno de esos bichos parecería tener algún tipo de resina y pican fuerte como una guja. De todas formas, con el grado de alcohol que tenía con un cigarrillo se hubiera prendido fuego.

Al escuchar eso el agente, como si  se le prendiera una lamparita, le pregunto qué tipo de resina tenían y si era compatible con el barniz. Al cual le dijeron que podía llegar a ser.

Inmediatamente, el agente pidió una orden de allanamiento y detención  al dueño del aserradero, que, luego de un poco de resistencia, se emitió.

Al llegar a la casa y de revisarla, encontraron un altillo oculto. Dentro de él, había un escritorio con agujas subcutáneas, resina para barniz y frascos enteros de alacranes aplastados que precipitaban su veneno.

El caso daba un giro inesperado, en contra de lo expresado  en el comienzo de la investigación el dueño era quien había asesinado a Rolo, inyectándole el veneno mezclado con barniz con una aguja extremadamente fina. Por un pelo estuvo a punto de quedar libre pero no fue así. Ahora  quedaba saber el ¿por que?

Luego de un rato de negarlo todo finalmente el dueño confeso. La verdad era que el tenía la costumbre desde hace años de echar a sus trabajadores sin pagarles nada y ,como el pueblo era pequeño, y él tenía mucha influencia terminaba obligando a que los trabajadores se tuvieran que marchar del pueblo.

Esta situación, también ocurrió con  Rolo. Solo que  él estuvo preparado. Así que, luego de un tiempo de ser despedido volvió al aserradero y amenazo al dueño con que si no le pagaba y lo recontrataba  le iba a contar a su esposa  su secreto.

El secreto de su amante, ya que por la noches cuando se quedaba trabajando en la fábrica veía por las ventanas todas sus historias amorosas con aquella hermosa mujer de las casas lindantes.

Fue así que el dueño impactado por los dichos de Rolo lo cito una madrugada a la maderera y luego de compartir unos tragos le inyecto algo de ese veneno de alacrán con una resina.  Lo que le causó la muerte.

Esta situación de miles de alacranes, fue ideal esa semana ya que muy pocos sabían que esos bichos siempre estuvieron en el aserradero, pero ese año con la infestación, fue la coartada ideal que para encubrir el crimen.

                Con la confesión finalmente el caso estaba cerrado y después de un largo alboroto el pueblo volvió a su curso normal.


martes, 16 de septiembre de 2025

Como llegaron los duendes a la Argentina

 


Foto:surprise.turismo

Por Jabond


En nuestra vida cotidiana, aunque como siempre neguemos, solemos vivir experiencias que podríamos decir paranormales. Una de ellas, de las más comunes, es cuando perdemos algún objeto.

Lo teníamos en la mano, recién lo habíamos visto, lo dejamos en un lugar pero, de la nada, desapareció. Revisamos tres, cuatro, cinco y muchas veces y, no lo vimos, pero, ahí estaba nomas. Insólitamente en un lugar que habíamos revisado.

¿Cómo es posible este suceso?  Es ahí cuando entendemos el motivo: los duendes. Unos seres fantásticos burlones y simpáticos que nos esconden las cosas.

Sin ninguna maldad, ya que nunca son cosas de importantes, nos esconden una diversidad de objetos para que luego aparezcan a simple vista, como una tomada de pelo y lo hacen sentirse a uno como un tonto.

Es verdad,  no todos son simpáticos algunos, como el llamado Leprechaun, pueden llegar a ser malvados y vengativos si les roban su oro, es cierto, son un poco descuidados ya que dejar una olla de oro suelta, hace tentar a cualquier ladrón. Aunque, también, encontrar el final del arcoíris suele ser muy difícil.

La pregunta que vale hacerse es cuál es el origen de estas simpáticas criaturas. Algunas explicaciones dicen que provienen de antiguos rituales aborígenes y que suelen ser parte de la armonía de la naturaleza. Pero otras, que hacen en alusión a su vestimenta y sus hábitos, dicen que nos son de la Argentina, incluso nos son de América.

Su origen radica en Europa y su llegada se debe a las migraciones de Irlandeses, Galeses, Escoceses y Alemanes.  Los duendes, habrían viajado escondidos en los barcos, en las ropas y bultos de estos migrantes, de los que la mayoría se instalaron en la Patagonia.

Sin embargo, la estepa patagónica, incluso en contacto con el mar Argentino, no fue de su agrado y por eso fueron migrando hacia  la cordillera asentándose en lugares montañosos con sus bosques, valles y  lagunas que son de su agrado y que los han hecho sentir como en casa.

Es más, tal ha sido su complacencia, que suelen ayudar a los residentes cuando tienen problemas muchas veces económicos  por ello se dejan ver para que los retraten en estatuillas para la venta en las ferias de los pueblos.

 También hay que decir, que ante un lugar nuevo desarrollaron nuevas travesuras. Esta vez no solo escondiendo cosas sino también apareciendo “colados” en las fotos de los turistas, en especial cuando se pasean por los bosques y los refugios de los montañistas.

Así que ya sabes cada vez que no encuentres algo o veas algo burlón en una foto pueden ser los duendecitos haciendo sus travesuras.

IA


miércoles, 10 de septiembre de 2025

El autobús de la tristeza

 





Por Jabond

Los suburbios de Bariloche, en lo que se conoce como “circuito chico”, son un lugar fantástico de una belleza tal que parece salido de un cuento. Durante el verano es visitado por cientos de mochileros y si bien es conocido por sus lagos y sus montañas también es un sitio con enigmas, misterios y tragedias. 

Por decir algunos lugares, a unos kilómetros del Centro Cívico se encuentra el cementerio de los alpinistas, un sitio cargado de dolor y pena, por los escaladores fallecidos-muchos de ellos jóvenes- que con sus energías alejan a cualquier transeúnte. Es más, las creencias dicen que a quien ingresa se le puede pegar algún alma en pena , por  lo cual los visitantes al regresar a sus hogares se sacan los zapatos antes de entrar a la casa a modo de que no ingrese la tierra del campo santo y con ella estos seres del más allá.

También es una región de alegrías en donde las aguas del Arroyo López han creado el mito(o realidad) de quien bebe tres sorbos de sus aguas con las manos hacia atrás regresa a este hermoso lugar. Si a  los refugios y campings de gran belleza como el Frey o Laguna Negra conocida por poseer una laguna con un fondo de cenizas volcánicas que durante la luna llena generan un espectáculo único de la naturaleza.

Aquí en este lugar,  en la zona que se conoce como “Colonia Suiza”.  hay una particularidad y es que, durante el verano, a veces ocurre algo que lo llamaron “fiebre veraniega”.

Esto se debe a que, en períodos que suelen durar aproximadamente una semana, comienzan  intempestivamente  peleas muy tontas entre los acampantes. Ya que objetos que dejan fuera de las carpas desaparecen de su lugar y aparecen en carpas ajenas.  Esta situación, obviamente, es entendida como un robo y genera los conflictos, pero, sinceramente, nadie acepta haber hecho ese supuesto robo y suele atribuírselo al olvido o a los duendes, propios de estas regiones boscosas.

Es ahí cuando después de las peleas se dan lugar a los sucesos enigmáticos que generalmente ocurren por la noche.

 Cosas curiosas como el desprendimiento de una estaca, la tela de una carpa que se hunde y finalmente, lo que rompe todo los esquemas, sombras de niños que pasan corriendo tras las carpas  y , lo más tétrico, el sonido de sus risas sin saber de dónde provienen.

En los fogones, las historias cuentan, que esos sucesos vienen de un hecho trágico en el cual un micro con niños, que iban a una excursión, se desbarranco y cayó en el Lago con el final más trágico que uno puede conocer. Esas sombras y sucesos extraños con risas de niños, no son otra cosa que sus espíritus.

Ante la pena y el dolor de su trágico final, las almas de estos pequeñitos fueron guiadas al mas allá por Soychu “el gran espíritu bondadoso de la tierra”, un antiguo Dios Pampa. El cual, generalmente en los veranos, cerca de las fechas en que todo ocurrió, permite a las almas de los niños volver al mundo de los vivos y jugar con ellos. Quizás esperando tener un encuentro con sus padres aunque sea para tener un poco de amor ante aquella terrible pérdida.

Pero también, como en todos estos sucesos trágicos, las almas en pena son el lugar predilecto por parte de los demonios para, aprovechar la situación y, tomar la forma de los fallecidos con el objetivo de ser un puente hacia el alma de los vivos.  Con su astucia a través de sus risas, sus juegos  y sus sombras se encargan de llevar a sus víctimas al bosque o al centro del lago  para  encontrar una muerte segura.

Así que, si alguna vez estas por aquellos lados y escuchas voces de niños, recordá: si estas  cerca del lago, no te preocupes son los niños acompañados por Soychu que quieren jugar contigo pero, eso si, si te quieren llevar al medio del lago o se escuchan sus voces en el bosque mucho cuidado porque pueden ser demonios que están acechando por tu alma.

IA

 

 

miércoles, 20 de agosto de 2025

Dos ánimas de copas en Villa Gesell

 

 

Cuadro: Fernando Botero - La Celestina en arsty.net


Por JaBond

 

Las historias de fantasmas suelen estar atravesadas por hechos trágicos donde personas desdichadas o malignas no pueden irse al otro mundo. Ya sea el cielo o el infierno quedan vagando en el mundo de los vivos buscando alguna cuenta pendiente o peor por algún demonio que los aprisiona y los usa para obtener a sus víctimas.

Sin embargo, aunque menos frecuente, suelen encontrarse fantasmas que pululan entre el mundo de los vivos y los muertos sin malicia o alguna cuenta pendiente sino porque simplemente porque pueden hacerlo, para jugarle alguna broma algún transeúnte o simplemente porque no distinguen entre un mundo y otro.

Esta ultima, es una de esas historias que le ocurrió a unos 4 amigos en una noche de verano en Villa Gesell haya hace mucho tiempo, cuando no había celulares inteligentes ni GPS como hay hoy en día.

                Ellos habían conocido unas chicas en la playa y estas los habían invitado a una fiesta que hacían en su casa. Al anochecer, se prepararon, tomaron algún agua ardiente y encaminaron por la calle principal continuando el número de las calles hacia su destino. El mismo, parecía lejano pero la esperanza de la fiesta hacia que valiera la pena.

El desconocimiento del destino era tal, que poco a poco las casas altas iban quedando atrás y las calles se oscurecían entre alumbrados que iluminaban solo debajo de sus postes dejando alrededor una oscuridad que hacia lugar a la imaginación. La noche estaba tranquila, no había luna y se escuchaba una música de ranas y grillos en el ambiente. De repente, la ruta se hacia confusa, una serie de rotondas iban cambiando el nombre y se perdía la numeración, además la oscuridad no permitía ver con claridad las vueltas de las esquinas.

                Nos habremos perdido dijo uno, no creo dijo otro, pero fíjense la numeración íbamos bien y de repente cambio el número, 102 -bis nunca había escuchado ese nombre. Probemos en la esquina haber si, si sigue el número. Vieron que no continuaba fueron a la otra calle, fueron y vinieron hasta que de repente salidas de la nada dos mujeres mayores vestidas de blanco, posiblemente con unas copas de más se cruzaron con los jóvenes.

                Ellos aprovecharon, se acercaron y les preguntaron, a las señoras, si conocían la dirección hacia donde se dirigían. Las damas, con una paciencia y una tranquilidad absoluta, les dijeron si conocemos esa calle es por aquella cuadra, continúen unos metros y luego doblan allí encontrarán su camino.

                Los jóvenes contentos, le agradecieron a las señoras y encararon hacia donde les habían indicado, caminaron un rato y nuevamente unas rotondas de numeración confusa, estaban perdidos otra vez y su caminata continuaba, ahora, en una calle oscura. De repente, salido de la nada, y coincidiendo cuando uno le daba una palmada en broma en la espalda a otro de los amigos, un chevi modelo 60, encendía las luces y hacia rugir el motor generando un salto en los cuatro amigos, el auto fantasma dijo uno, y luego entre risas preguntándose donde estaban continuaron la travesía. Estaremos perdidos dijo uno.

                Siguieron caminando hasta que se encontraron con un policía al cual le preguntaron por la dirección y les indico que era por la calle siguiente. Lo gracioso fue que la calle era un bosque, lo que los sorprendió, pero como no tenían nada que hacer y la noche era larga, emprendieron a ese camino. Estuvieron unos 15 minutos andando y para curiosidad de ellos se encontraron nuevamente con estas señoras de blanco con un tono fantasmal las cuales se acordaron de los amigos y les llamaron y preguntaron; y chicos encontraron la calle...

                Los jóvenes miraron a las señoras, ya pensando -estas, están mas perdidas que nosotros- le dijeron, si estamos en camino. Ahí fue cuando una de las mujeres de tono fantasmal les dijo me parece que es por aquella calle. Medio ofuscados porque pensaban que además de estar un poco pasadas de copas pensaron que les estaban tomando el pelo, decidieron de todas formas ir en esa dirección. Caminaron unos 10 minutos, ya estaban por abandonar la cruzada cuando de repente vieron un castillo. Un castillo, inmediatamente pensaron que alguno le puso algo a las bebidas y se hizo el distraído. Pero aún así se miraron, se rieron, y luego escucharon que las risas continuaban. No eran las de ellos, además se escuchaba música, caminaron unos metros hacia donde provenían los sonidos y vieron un cartel; era la calle indicada y era la fiesta. Allí se sumaron, medios desencajados porque eran unos desconocidos hasta que luego de un buen rato decidieron volver a casa.

                Con una borrachera bárbara, que sumaron, la verdad nunca recordaron bien como volvieron. Solamente, que empezaron a caminar de forma recta, saltaron una tranquera de un bosque y , de la nada, salieron a la calle principal que los llevo a su casa. Al llegar hicieron un poco de ruido, por la travesía, hasta que finalmente se durmieron.

                Al despertar, ya pasado el mediodía, se cambiaron y fueron a buscar algo para comer y para ir a la playa. Cuando iban caminando, se cruzaron con un puesto de diarios, al cual solían detenerse para chusmear rápidamente las revistas. Fue allí cuando uno dijo- uh miren loco-. Y los cuatro casi se caen sentados al piso cuando en la parte de atrás de un diario, en los obituarios, había una foto de dos señoras de blanco iguales a las que habían visto la noche anterior y donde se decía:

“En recuerdo de las distinguidas señoras Allegre     

queridas en el pueblo y conocidas por hacer festividades

y caridad para la comunidad de Villa Gesell”.

                Cuando se levantaron, con una risa nerviosa pero cómplice, los cuatro casi a unísono dijeron -bueno se ve que en el más allá siguen de fiesta-. Y así, riéndose, continuaron hacia la playa, y bueno la fiesta mostro que no hubo onda con las chicas, pero en el camino dejo una divertida aventura con estos simpáticos fantasmas que siguen rondando en la Villa.

IA

 

jueves, 17 de julio de 2025

Mi esposo se ha convertido en un zombi

 


Foto: amo del castillo

 


Por Jabond

 

John Kingsday y Karl Hodson eran dos jóvenes empresarios que al mismo tiempo abrieron sus empresas de galletitas en la zona de Barracas. Si bien la crisis del 30 casi los deja en la ruina, el paulatino crecimiento de Buenos Aires les permitió recuperar ganancias y poco a poco amasar una pequeña fortuna.

Por su parte, quizás por su espíritu competitivo y salvaje en especial a sus trabajadores, John comenzó rápidamente a incrementar su riqueza y a través de dudosos acuerdos, alguna que otra estafa y vínculos con sectores de poder se hizo a los pocos años en un gran multimillonario que se incorporaba al Jockey Club y ostentaba su riqueza buscando hacerse miembro de la oligarquía local. Mientras que Karl siguió con su fábrica, con una riqueza sobria, observando día a día como John incrementaba su fortuna. En esta vorágine, algo que John disfrutaba era, una vez por mes, pasar con su limousine haciendo gala de sus fortunas, incluso llamando a la prensa local, y recorrer su empresa indicando sus comienzos como emprendedor mofándose ante la mirada de  su viejo competidor.   

Sin embargo, un día allá casi fines de los años 40 mientras se encontraba en un cóctel de millonarios en el Pale de Glace quedó con la boca abierta al ver que su antiguo competidor se encontraba entre los invitados. No podía entender como ese alfeñique había amancilladlo una fortuna cercana a la suya y sin, él, darse cuenta.

A partir de esa noche, comenzó un eterno desvelo pensando en ¿cómo se hizo rico? ¿De dónde sacó el dinero ese mugroso? No podía dejar de pensar en ello. Incluso tenia discusiones, que por lo general terminaban violentamente, con su mujer. Cuando ella le reprochaba en el porqué del enojo si era mucho más rico que su ex -competidor incluso vendiendo la empresa de alimentos, que no estaba pasando por un buen momento, eso no impactaría prácticamente en su fortuna.  

No había otro motivo más que malicia, el no soportar a su competidor triunfar o en todo caso ver que su voluntad no se hacía era lo que motivaba sus pesadillas.

La obsesión en torno a la fortuna de Karl llevó a John a distintos pensamientos intrusivos, quizás había entrado en alguna de esas sociedades secretas en sus viajes a Londres o Nueva York y por eso ahora era un multimillonario ¿cual era el motivo? O más bien cómo sacárselo de encima. Fue así que tal vez su gusto por la antropología, el esoterismo y las ciencias ocultas lo fue llevando a un lugar enloquecedor.

Una mañana, que fue a visitar su fábrica en Barracas, quizás atraído por alguna fuerza extraña vio que entre sus empleados había varios con rasgos africanos, entre ellos, una mujer con un amuleto particular que juró que lo había visto en otro lugar.

Por la tarde cuando llego a su casa se internó en la biblioteca buscando aquel objeto hasta que finalmente lo encontró. El colgante se trataba de un amuleto que pertenecía a un boko, un hechicero zulú: una tribu sudafricana que decían que tenían conocimientos sobre la magia negra dentro de los que se encontraban los llamados muñecos vudú y otros hechizos mas poderosos que incluso podían revivir a los muertos.

Al día siguiente, se dirigió bien temprano a la fábrica y mando a llamar a la empleada, la cual asustada por miedo a perder el trabajo acudió rápidamente.

Allí, John, a modo de interrogatorio le pregunto sobre ese amuleto y su pasado. La mujer, temerosa y desconfiada, le dijo que ese amuleto en realidad era un regalo de su abuela quien vivía en un conventillo a unas pocas cuadras de su casa y que se la conocía más que nada por hacer hechizos para la fortuna, amor o curar el mal de ojo pero que para ella eran más que supersticiones que corrían en el barrio y alguna forma de obtener algún dinero.

Sin dudarlo, el patrón se dirigió a la casa de la anciana. La misma, se encontraba en una barriada obrera con empedrados, las fábricas de fondo y a lo lejos el puerto. En las calles se veían a los habitantes de diversa índole desde polacos, españoles, italianos, correntinos y sobre todo muchos negros tomando mate o jugando al truco o al chinchón para pasar el tiempo.

Luego de recorrer unos cuantos metros, la calle quedo vacía y, cerca de la esquina, se veía un conventillo deteriorado que parecía vacío, aunque el correr de unos niños que salían del lugar mostraban que existía vida en él. Allí era donde vivía la anciana.

La limousine se detuvo en la puerta y, con una custodia de cuatro hombres, John se bajó en la puerta para ingresar en el lúgubre conventillo. Al ingresar, lo recibió el dueño, quien les dijo que esa señora hace años que vivía en el lugar y si bien no le agradaban mucho las visitas, la verdad es que era una inquilina que nunca se atrasaba en la renta, que no molestaba pero que, si bien no creía en esos rumores de magia negra, le daba cierto temor la posibilidad de que incurriera en algún hechizo. Así que no veía motivo para molestarla.

John camino por el pasillo y tras atravesar un patio subió una escalera para dirigirse a la última habitación que era donde vivía la anciana. Se detuvo frente a la puerta e hizo sonar una campanita que estaba al costado de la puerta. A los minutos se escucho una voz diciendo ahí voy… Hasta que, con un chirrido de la puerta, salió una anciana de tez oscura con el pelo blanquecino y con un ojo medio tuerto.

Lo vio a John y le dijo ahh ya veo es usted. Pase.

La habitación era pequeña pero acogedora en las paredes había máscaras y amuletos, a lo lejos una pequeña biblioteca, una cama y una mesita con unas velas.

La mujer dijo:¿ Para que ha venido aquí?¿Tiene problemas con su esposa?¿Algún amante?¿Mal de ojo?¿Empacho? No creo que sea fortuna lo que usted necesite.

El hombre que se había informado bien con sus libros le dijo sabe creo que han hecho un hechizo sobre mi, un hechizo vudú de amor y quisiera quitármelo creo que es un Ayida-Wedo.

La anciana, escucho la palabra y ,con una mueca en su boca, le dijo ah así que ese era el asunto bueno en todo caso veremos que podemos hacer con eso.

Se levantó de su asiento y con la ayuda de un bastón se dirigió a la biblioteca donde saco un libro. Luego se volvió a sentar y lo puso en la mesa. El libro tenía una tapa oscura, con unas letras en francés.

La anciana dijo: así que Ayida-Wedo hechizo de amor, bueno vamos a tratar eso. Saco unos inciensos, los prendió y , leyó unas palabras incomprensibles. Luego le dio a Jhon un amuleto que era igual al de su empleada.

Mientras hacía esto, John, miraba detenidamente el libro y lo que hacia la anciana. Luego tomo el amuleto y le pregunto cuanto debía pagar por el trabajo. Ella respondió que era gratis.

Jhon- agradeció, pero antes pregunto: Sabe usted, he leído sobre esta magia y otras, según  el colgante que usted lleva puesto usted es una bokor

La anciana dijo-no necesariamente.

John-Sabe he leído que hay un tipo de hechizos. Magia negra mas específicamente, una que controla a las personas.

Anciana: Si se refiere a los muñecos vudú yo no hago ese tipo de hechizos

John: no, no me refería a eso me referia a uno que lo llaman polvo de muerto, dicen que convierte a las personas en "isithunzela"

Anciana: Con un tono de fastidio- Mire, yo no se qué vino a buscar aquí pero le daré un consejo: no trate de jugar con esas cosas ya que puede abrir cosas terribles y puede salir lastimado. Así que le pido que se retire 

John enojado por la respuesta de la anciana, pero viendo el libro que tenía la señora, se retiró.

 Sin embargo, a los pocos días, unos hombres entraron al conventillo y robaron a la anciana, particularmente su libro, dos amuletos y una máscara.

Esta situación preocupó al dueño del lugar y enojado le dijo a la señora que empiece a buscar un nuevo lugar porque ya no era bienvenida en él.

Paso un mes de aquel encuentro, y el dueño del conventillo se apiado de la señora y le permitió quedarse un tiempo más. Fue allí una mañana cuando nuevamente una limusine con una custodia se detuvo en el conventillo y pregunto por la señora. Pero está vez se trataba de una mujer.

La dama ingreso al conventillo y preguntó por la anciana. El dueño, asustado, pidió disculpas por no haberla echado y que lo haría inmediatamente. La mujer solo quería ver a la anciana así que el dueño le indicó donde vivía. 

La mujer subió las escaleras y sonó la campanilla. La anciana, asombrada, salió a recibir a la dama. ¿Quién sería?  

Era la esposa del Sr. John Kingsday, quién al ver a la longeva mujer esta se presentó.

Esposa de Jhon: Hola vengo a agradecerle y devolverle algo que es suyo.

Anciana: ¿Agradecerme? ¿por qué?¿devolverme?

Esposa de Jhon: Tome esto es suyo – le dijo y le dio el libro robado que era de la anciana.

Anciana: pero como, de donde sacó usted esto y como sabe que es mío.

Esposa de Jhon: Sabe hace mucho que tiempo que mi esposo venia obsesionado con quitarle la fortuna a su ex – competidor, la verdad nunca se por qué. La cuestión es que hace unas semanas, empecé a notar un comportamiento raro en John con muchas horas en la biblioteca.  Sin embargo, una mañana desperté y mi esposo no estaba durmiendo junto a mí, lo empecé a buscar por la casa hasta que la servidumbre me dijo que el Sr. Estaba en la biblioteca donde había pasado la noche.

Cuando entre encontré a mi esposo sentado, con el rostro pálido, sin gestos y frente a él una máscara, velas, dos amuletos y este libro. Me asuste al ver así a mi esposo y llamé al médico. El cual me dijo que estaba bien de salud, posiblemente tenía stress. Lo que no me convenció, lo notaba diferente, no era él hasta que me di cuenta que si bien no era el hombre con el que me había casado empezó a responder a mis órdenes de todo lo que le pedía. Como un sirviente de las más absolutas lealtades, lo que la verdad si bien al principio me generó cierto escozor, luego me empezó a agradar cada vez más.  Y así, desde ese día la relación con mi marido se ha vuelto óptima.

Esta situación me llevó a los pocos días a retomar aquellas cosas que estaba en la biblioteca. Fue allí que mirando el libro, el cual estaba en francés, encontré un papel con esta dirección. Y aquí estoy para agradecerle y devolverle su libro.

Pero también ya que estamos aquí me da curiosidad saber que le paso a mi marido.

La anciana, miró detenidamente a la mujer y apretando los labios le dijo:

Bueno, ya que esta todo hecho le diré. Yo le advertí a su marido que con la magia negra no se juega. El busco un hechizo de "isithunzela", que no es otra cosa más que convertir en zombis a las personas para controlarlas.

Su esposo, seguramente confiado de sus estudios pensó que con el libro podía hacer ese hechizo. Pero lo que parece que no se dio cuenta es que el libro esta en francés, pero la lengua original de la magia es Zulú. Es decir solo sabiendo el idioma y el conocimiento de los boko se puede hacer un efectivo control de la magia, ya que de no ser así puede generar un efecto contrario o que se liberen demonios de todo tipo.  Evidentemente lo que ha ocurrido es que queriendo hechizar a su rival Jhon se convirtió en un zombi.

Realmente, no se cómo se puede deshacer ese hechizo pero creo que debe haber una manera.

La mujer se quedo pensativa por un momento y luego dijo:

Esposa de Jhon: Ah así que un hechizo, bueno muchas gracias lo tendré en cuenta, por si acaso. Pero por el momento creo que con John estamos de maravilla. Así que bueno una cosa mas antes de irme.

La mujer, hizo unos aplausos y un hombre salió del coche que estaba en la puerta, era Jhon que con unas llaves en las manos se paró al lado de la mujer. La anciana, no entendía que pasaba.

Esposa de Jhon: Son las llaves de su nueva casa, creo que no la quieren por aquí, tómela en agradecimiento por los servicios prestados. Y bueno John también vino para agradecerle, desde que ha estado con su libro nuestro matrimonio esta viviendo sus mejores épocas.

Y así la anciana tomo las llaves, confundida pero también con cierta tranquilidad por su nuevo hogar, mientras, retirándose, se subía a la limousine el zombie de John Kingsday.